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16/08/2025

Benjamín García, el canillita y vendedor de pochoclos que dejó huella en Roca

La ciudad lo recuerda por su presencia constante en las calles y la calidez con la que se ganó el cariño de generaciones
Benjamín García, recordado por generaciones en Roca como canillita y vendedor de pochoclos. Foto (gentileza)
Benjamín García, recordado por generaciones en Roca como canillita y vendedor de pochoclos. Foto (gentileza)

Benjamín Horacio García fue durante décadas una de esas presencias cotidianas que terminan volviéndose parte del paisaje de la ciudad. Canillita en la esquina de San Juan y Gadano, y también vendedor de pochoclos en la feria de la calle Maipú, marcó generaciones con su trato amable y su capacidad para encontrar siempre una palabra cordial. Este 16 de agosto se cumple un año de su fallecimiento, y su familia y amigos lo recordaron con un sentido homenaje.

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Su sobrina Carla y su amiga Natalí le dedicaron una carta en la que repasaron su vida y sus gestos más simples: los chistes, las charlas de mate en la esquina, y la capacidad de Benjamín para nunca bajar los brazos. “Solo muere quien es olvidado”, escribieron al evocar su paso por la vida y la huella que dejó en quienes lo conocieron.

Benjamín García, el canillita de la esquina de San Juan y Gadano, una figura entrañable en la vida cotidiana de Roca. Foto (gentileza)
Benjamín García, el canillita de la esquina de San Juan y Gadano, una figura entrañable en la vida cotidiana de Roca. Foto (gentileza)

 

En Roca, muchos lo recuerdan en esa esquina junto al Canal Grande, con los diarios bajo el brazo, sus ocurrencias, y la costumbre de saludar a todos por su nombre. Esa rutina diaria lo volvió parte del pulso del barrio, un punto de encuentro al que se acercaban vecinos no sólo a comprar un ejemplar, sino también a intercambiar una palabra o escuchar uno de sus inconfundibles comentarios.

Pero Benjamín no solo fue parte de la vida urbana. En la feria de la calle Maipú, su figura detrás de los pochoclos también fue habitual, y muchos niños crecieron asociando su sonrisa con el aroma dulce de las bolsas de pochoclos. En cada jornada de feria, se lo podía ver rodeado de chicos y familias, compartiendo esa calidez que lo caracterizaba.

Su impronta también trascendía la ciudad. Durante los veranos, solía instalarse en Las Grutas, donde volvía a encontrarse con roquenses que veraneaban en el balneario. Allí, entre turistas y conocidos, repetía lo mismo de siempre: su simpatía, sus charlas, y la manera de hacerse querer en cualquier contexto.

El 16 de agosto de 2024, Benjamín murió en un accidente laboral paralelo a su oficio de canillita. A un año, su recuerdo sigue presente en la memoria de familiares, vecinos y clientes que lo cruzaron en el día a día.

“Te extrañamos, pero te recordamos con cariño y admiración. Siempre estarás en nuestros corazones”, concluye la carta que su sobrina y su amiga compartieron, en un homenaje que resume el sentimiento de toda una ciudad.

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