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14/04/2026

Ansiedad en niños y adolescentes: señales de alerta y qué pueden hacer los padres

El aumento de casos en infancias y adolescencias pone en alerta a las familias. Cuáles son las señales a tener en cuenta y por qué la escucha y el acompañamiento son claves para abordar la ansiedad a tiempo.
“La principal herramienta de los padres es la escucha sin juzgar, validar lo que sienten los chicos puede marcar la diferencia para detectar la ansiedad a tiempo.” Foto Tania Domenicucci-ANR
“La principal herramienta de los padres es la escucha sin juzgar, validar lo que sienten los chicos puede marcar la diferencia para detectar la ansiedad a tiempo.” Foto Tania Domenicucci-ANR

En los últimos años, la ansiedad en niños y adolescentes dejó de ser un tema aislado para convertirse en una preocupación cada vez más frecuente en las familias. Sin embargo, aún persisten dificultades para detectarla a tiempo y, sobre todo, para saber cómo acompañar a quienes la atraviesan.

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La psicóloga Julieta Cárdenas, especializada en el trabajo con infancias y adolescencias, dialogó con ANR y explicó que el primer desafío es reconocer que muchas veces la ansiedad no aparece de manera evidente. “No siempre hablamos de un ataque de pánico. En la mayoría de los casos aparece como irritabilidad, enojo, aislamiento o pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban”, señaló.

Según detalló, los cambios en la conducta cotidiana suelen ser la primera señal de alerta. Entre ellos mencionó alteraciones en el sueño, irritabilidad constante, bajo rendimiento escolar, retraimiento del entorno familiar y abandono de actividades habituales. A eso se suman manifestaciones físicas como opresión en el pecho o la garganta, temblores, hormigueo o una sensación permanente de intranquilidad.

Cárdenas remarcó que no existe un único origen. La ansiedad responde a múltiples factores que se combinan entre sí: la historia familiar, los vínculos, el entorno y el contexto actual. En ese marco, señaló el impacto de las redes sociales como un elemento que muchas veces potencia los cuadros. “La comparación constante y los niveles de exigencia que ven en redes generan mucha presión. Pero no es lo único: cada caso es particular y tiene que ver también con la historia de cada chico”, indicó.

Uno de los puntos que más se repite en la consulta es la dificultad de los chicos para poner en palabras lo que les pasa. El clásico “no me pasa nada” aparece como respuesta frecuente, aunque detrás haya malestar.

En ese contexto, el rol de los adultos aparece como clave. Más que respuestas inmediatas, lo que se vuelve central es la escucha y la validación emocional. “Muchas veces se minimiza lo que les pasa con frases como ‘problemas eran los de antes’. Eso hace que los chicos se cierren más”, advirtió.

Cárdenas remarcó que acompañar no implica tener soluciones cerradas, sino habilitar espacios de diálogo y presencia cotidiana. “No se trata de tener todas las respuestas, muchas veces los hijos no buscan respuestas en nosotros, sino sentirse escuchados”, sostuvo.

Cuando los síntomas se sostienen en el tiempo o comienzan a intensificarse, la recomendación es consultar con un profesional. La especialista indicó que hay señales de alerta que requieren atención más directa, como problemas persistentes de sueño o alimentación o conductas de riesgo. También mencionó casos de ansiedad social, donde los adolescentes dejan de vincularse, salir o incluso asistir a la escuela.

En esos casos, la intervención temprana resulta clave para evitar que la situación se agrave. Aun así, Cárdenas subrayó que el acompañamiento cotidiano sigue siendo un pilar central. Generar espacios de diálogo, compartir tiempo de calidad y prestar atención a los cambios son, según explicó, herramientas básicas para la detección y el acompañamiento temprano de la ansiedad en niños y adolescentes.

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