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11/09/2025

Mes de la prevención del suicidio: Encerrados, sin ganas y en silencio, adolescentes y adultos mayores son los grupos más vulnerables

En la continuidad de la serie de notas de ANR, el licenciado Mariano Marillán explicó por qué la adolescencia y la tercera edad concentran mayor riesgo y cómo el aislamiento y la falta de proyectos profundizan la problemática.

*** Por Candela Rossi Bustafán

¿Qué tienen en común un adolescente que atraviesa sus primeras frustraciones y un adulto mayor que siente que ya no tiene nada por delante? Para el especialista en vínculos familiares Mariano Marillán, en esas dos etapas de la vida el riesgo de caer en ideas suicidas es mayor: en la juventud por la impulsividad y en la vejez por el aislamiento y la pérdida de proyectos.

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Periodista (P): ¿Existen grupos más vulnerables?
Entrevistado (E): “Sí. Yo lo que sí te podría asegurar es que tienen mayor predisposición para entrar en una ideación suicida las personas de la tercera edad como los jóvenes adolescentes. Porque los jóvenes adolescentes viven etapas que son pura pulsión, que no miden consecuencias. Y muchas veces ante una determinada situación toman una decisión, aunque se puedan arrepentir. Pero cuando quieren revertirlo, ya es tarde. Deciden hoy colgarse y cuando se quisieron arrepentir, listo, ya está, se largaron con la piola”.

P: ¿Y por qué ocurre con los adultos mayores?
E: “La otra franja etaria que tiene mayor predisposición también a entrar en una ideación suicida es la tercera edad. Porque la tercera edad son esas personas que generalmente quedan aisladas y de alguna forma empiezan a sentirse que son el desecho de una sociedad. Que ya no sirven, que están solos, que a nadie les importan. Y empiezan a pensar en esto de para qué seguir viviendo: ya está, lo que tenía que dar, lo di, y hoy como que no tiene mucho significado seguir”.

P: ¿Qué pasa con quienes están en la edad intermedia?
E: “Los que estamos en medio, digamos entre juventud y tercera edad, tenemos una madurez en nuestra racionalidad, una forma más estable de razonar la vida. Los adolescentes son pura emoción, pura pulsión: se motivan y también se frustran muy rápido. Y a eso agreguemos los atravesamientos sociales que tienen que ver con el mundo de los consumos problemáticos, que muchas veces no te dejan proyectar un plan de vida. En cambio, en la edad media hay responsabilidades: los hijos, el trabajo, los padres ya grandes. Eso muchas veces hace que la ideación suicida no sea tan preponderante como en adolescentes o tercera edad”.

El impacto de la pandemia

P: ¿Se notaron cambios después de la pandemia?
E: “El incremento en los últimos tiempos, después de la pandemia, se dio mucho en la gente de tercera edad y en personas de edad media, por el aislamiento que sufrimos todos. Eso nos llevó a cuadros depresivos muy fuertes. Pero ahora lo que se está notando es mucho en jóvenes, jóvenes de 16 a 26 años, 28 años. Y yo creo que tiene que ver mucho con el atravesamiento de los consumos, el tema de la droga que está haciendo estragos, y después también con un fenómeno social que es la intolerancia a la frustración”.

La mirada sobre la crianza

P: ¿Qué significa esa intolerancia a la frustración?
E: “Uno tiene pensado un proyecto de vida y no le salió bien y ya se quiere matar, como dice el dicho. Mal dicho, pero es lo que se escucha. Y yo creo que ahí está el tema: hoy muchos no toleran que algo salga mal. Por eso diría que habría que hacer un estudio sociológico, por qué hay intolerancia a la frustración”.

P: ¿Tiene que ver con la crianza que estamos dando a los hijos?
E: “Sí, tiene que ver con la crianza. Hay una generación, entre los 35 y 60 años, que fuimos condenados al éxito. Nuestros padres nos enseñaban que teníamos que ir a la escuela, portarnos bien, tener una profesión, un título, una familia. No podíamos ser solteros ni solteronas. Y además, para ser alguien en la vida había que estudiar. Eso queda como un remanente y en alguna instancia lo estamos transmitiendo también a los pibes”.

“Entonces, un pibe hoy que no puede ir a la escuela, que perdió su familia, que no encuentra trabajo, una piba a la que le dejó el amor de su vida con quien pensaba casarse… se frustra muy rápido. Y me parece que todavía no hemos podido crear caminos o lo que yo llamo ‘líneas de fuga’, alternativas frente a la frustración” refirió Marillán”.

En esa misma reflexión, el especialista profundizó sobre la necesidad de construir alternativas para enfrentar las crisis: “Con el tema del suicidio hay una sola línea, que es la muerte. Lo que falta son líneas de fuga a la frustración de la vida. Si te dejó una pareja, hay otras relaciones posibles; si perdiste un empleo, hay otros caminos. El desafío es generar proyectos y sentidos nuevos que permitan ver que el dolor no es el único horizonte”.

Además, Marillán advirtió que existen señales que deben prender alertas: “Cuando alguien habla recurrentemente de la muerte, se aísla, cambia sus hábitos de sueño o de alimentación, empieza a desprenderse de objetos personales o recurre a autolesiones, hay que prestar atención. Muchas veces esos son indicios claros de ideación suicida”. Subrayó que la escuela es un ámbito clave para detectarlos tempranamente y llamó a derribar mitos que aún circulan: “No es cierto que quien dice que va a suicidarse nunca lo hace, tampoco que es un acto de valentía o de cobardía. Y mucho menos que siempre obedece a una enfermedad mental. Son frases que hacen daño y que invisibilizan el verdadero dolor que atraviesa a la persona”.

Línea provincial gratuita: 135 (disponible las 24 horas)

Línea Nacional de Prevención del Suicidio: 0800-999-0091 (gratuita, 24/7).
Red Argentina de Suicidología (filial Río Negro): 2920 15-24-4099 / [email protected]

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