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28/06/2026

La médica que encontró en Roca "su lugar en el mundo" y construyó un espacio para acompañar a quienes atraviesan el final de la vida

Desde reuniones en pasillos y atención voluntaria hasta la creación de un espacio que hoy acompaña a pacientes oncológicos y con enfermedades terminales, la médica Patricia Sartori relató el recorrido que convirtió una necesidad invisibilizada, en una red de contención dentro de la salud pública.
Patricia Sartori lleva más de 35 años en la salud pública y desde hace más de una década impulsa el espacio de cuidados paliativos del Hospital Francisco López Lima. Foto Tania Domenicucci-ANR
Patricia Sartori lleva más de 35 años en la salud pública y desde hace más de una década impulsa el espacio de cuidados paliativos del Hospital Francisco López Lima. Foto Tania Domenicucci-ANR

Por Agustín Aroca

Cada año en el aniversario de la ciudad se busca reconocer a los vecinos destacados de General Roca. Desde ANR recorrimos las calles para consultarle a los vecinos a quien les gustaría que se destaque este año y muchos de ellos en las respuestas nombraron a Patricia Sartori, una médica de la ciudad que ejerció toda su vida en Roca y que actualmente dirige el espacio de cuidados paliativos del hospital local.

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El camino hacia los cuidados paliativos no empezó en un consultorio oncológico ni en una decisión profesional puntual. En diálogo con ANR, Sartori explicó que su historia comenzó décadas atrás, cuando dejó Bahía Blanca para irse a estudiar Medicina a La Plata. Mientras estudiaba la carrera que la convertiria en Médica, Sartori atravesó un linfoma y debió someterse a un tratamiento de quimioterapia. Vivía sola en un pensionado de monjas y experimentó de cerca situaciones que hoy reconoce en muchos de sus pacientes: los efectos de la medicación, los vómitos, la caída del cabello y la incertidumbre que genera un diagnóstico de cáncer. Esa experiencia, asegura, le permitió comprender desde otro lugar las emociones y los temores que atraviesan las personas durante la enfermedad y establecer un vínculo diferente con quienes hoy acompaña.

Pasó más de un año en tratamiento con quimioterapia y continuó con sus estudios, terminó la carrera. Conoció a quien después sería su marido —también médico y oriundo de Roca — y, como tantos profesionales jóvenes de aquella época, comenzó la búsqueda de trabajo.

Patricia afirmó que suele decir que no nació en Río Negro pero que se volvió rionegrina por elección. Conoció General Roca siendo estudiante, cuando vino por primera vez a visitar a la familia de quien después sería su esposo, y sintió que era el lugar donde quería quedarse. Finalmente se instaló en la ciudad hace 35 años, formó una familia y desarrolló toda su carrera profesional dentro del sistema público de salud.

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La médica asegura que el mayor aprendizaje que le dejaron sus pacientes es que “el tiempo es hoy”. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

Su recorrido comenzó en medicina general, trabajando en puestos periféricos y centros de atención donde el contacto con la comunidad era cotidiano. Atendió en Cervantes y en zonas rurales cercanas, espacios en el trabajo iba mucho más allá del consultorio: controles de niño sano, seguimiento nutricional, colocación de dispositivos anticonceptivos, actividades preventivas, promoción de hábitos saludables y una presencia constante en el territorio. Sartorio afirmó que recuerda esos años como una etapa profundamente formativa porque allí terminó de confirmar algo que todavía hoy sostiene: que la medicina no puede limitarse al momento en que aparece una enfermedad.

Más adelante ingresó al Hospital Francisco López Lima y comenzó una etapa vinculada a la clínica médica, donde pasó por el área de tuberculosis, una experiencia que recuerda con especial intensidad porque implicaba acompañar tratamientos largos y sostener vínculos cotidianos con pacientes que muchas veces atravesaban situaciones sociales complejas. En aquel momento los tratamientos requerían supervisión directa y por eso, en aquellos tiempos el equipo organizaba desayunos con facturas donadas por una panadería, para que los pacientes pudieran tomar la medicación acompañados y asegurarse la continuidad del tratamiento.

Consultada sobre por qué dedicar toda su vida a los pacientes oncológicos Sartori afirmó que muchas veces el paciente de ese tipo pasa de recibir tratamientos muy complejos y costosos a escuchar que ya no hay nada más para hacer y en ese momento queda invisibilizado, en su casa, yendo de guardia en guardia "solo para que alguien lo escuche”. Con esa definición, Patricia Sartori resumió la razón de ser de los cuidados paliativos, un espacio que desde hace años impulsa en General Roca y que busca acompañar a pacientes y familias en una de las etapas más difíciles de la enfermedad.

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 “Esto no se puede hacer solo”, expresó Patricia Sartori al referirse al grupo de profesionales que acompaña a pacientes y familias desde el espacio de cuidados paliativos del Hospital López Lima. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

La médica sostuvo que los cuidados paliativos van mucho más allá del control del dolor y los síntomas. El abordaje, explica, también contempla aspectos emocionales, psicológicos, sociales y espirituales, tanto del paciente como de su entorno. Incluso, el trabajo continúa después del fallecimiento, a través del seguimiento de los duelos y el acompañamiento de las familias. “Nosotros no tratamos de alargar la vida, tratamos de ensancharla”, aseguró y , después de más de tres décadas en la salud pública, afirma que el mayor desafío no ha sido la atención de los pacientes, sino sostener y hacer crecer un espacio que busca que las personas atraviesen la enfermedad de la manera más confortable posible, con respuestas concretas y un acompañamiento integral.

El inicio dentro de los cuidados paliativos

Desde clínica médica comenzó a encontrarse cada vez más seguido con pacientes que atravesaban enfermedades avanzadas, especialmente oncológicas. Personas que ya habían recorrido tratamientos, consultas y derivaciones, pero que seguían necesitando atención y acompañamiento y en ese contexto apareció una propuesta inesperada: un oncólogo que supervisaba tratamientos en el hospital le sugirió formarse en cuidados paliativos.

La idea inicialmente, afirmó, no le generó entusiasmo ya que su interés estaba más puesto en la oncología clínica que en el acompañamiento del final de la vida. Sin embargo, decidió investigar y así empezó con cursos de capacitación, después realizó un diplomado en Buenos Aires y más tarde una maestría, mientras simultáneamente en Río Negro comenzaban a gestarse los primeros programas vinculados al abordaje integral del cáncer y los cuidados paliativos.

Cuando regresó con formación específica se encontró con una realidad concreta: en la ciudad no existía estructura para desarrollar ese trabajo, no había consultorios asignados ni espacios físicos, tampoco existía un equipo consolidado ni recursos específicos. Las reuniones de aquel primer equipo ocurrían en pasillos, dentro de autos o aprovechando momentos libres entre otras tareas hospitalarias. Cada integrante cargaba historias clínicas, materiales e insumos donde podía y durante años el acompañamiento se sostuvo exclusivamente por decisión personal de quienes lo integraban.

Patricia atendía clínica médica, realizaba guardias y organizaba su jornada para visitar pacientes en domicilios o sostener consultorios por fuera de su horario habitual. El trabajo no tenía reconocimiento económico adicional y funcionaba como una tarea paralela a las obligaciones formales del hospital. Con el tiempo lograron acceder a una pequeña construcción dentro de una zona donde a los médicos de aquel entonces se le asignaban casas. Sin embargo, aquella que recibió Sartori y los demás integrantes para aquellos pacientes no tenía pisos, calefacción ni condiciones para funcionar.

Pero para el equipo significó una oportunidad única de contar con un espacio propio. Según explicó la médica, lo que vino después fue una construcción colectiva que Sartori todavía recuerda como "una suma de voluntades". Organizaron cenas, bingos, actividades solidarias y campañas, recibieron donaciones de vecinos, familias y personas que habían atravesado procesos de acompañamiento con el equipo. Así consiguieron equipamiento, materiales y mejoras hasta transformar ese lugar en un espacio de atención.

El desafío de visibilizar los cuidados paliativos

Con el tiempo, el equipo comenzó a trabajar en un nuevo proyecto: la creación de un hospice, un espacio destinado a pacientes que ya no requieren una internación en un hospital de agudos, pero que tampoco pueden regresar a sus hogares por problemas habitacionales o por la falta de una red de cuidados. Según explicó, el objetivo de crear el espacio es ofrecer un lugar de acompañamiento y atención en una etapa de alta vulnerabilidad.

Actualmente, el servicio de cuidados paliativos realiza controles ambulatorios, visitas domiciliarias y seguimiento de pacientes con enfermedades avanzadas. Sartori remarcó que el abordaje no se limita al control del dolor, sino que incluye la atención de aspectos psicológicos, sociales y espirituales, por lo que considera indispensable el trabajo interdisciplinario entre médicos, enfermeros, psicólogos y otros profesionales.

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Pacientes y familias encuentran en el servicio un espacio de acompañamiento y contención. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

La médica también destacó que el acompañamiento continúa después del fallecimiento del paciente, a través del seguimiento de las familias y los procesos de duelo. Tras más de tres décadas de trabajo, aseguró que la experiencia le dejó una enseñanza central: valorar el tiempo presente y entender que la atención de la salud también implica acompañar a las personas y sus familias en los momentos más difíciles.

Hablar de la muerte y acompañar las decisiones

Después de años de acompañar pacientes con enfermedades avanzadas, Sartori asegura que muchas personas terminan aceptando la cercanía de la muerte, aunque cada proceso es diferente. “Cuando el otro se enfrenta a la finitud, uno también se enfrenta a la propia”, reflexionó sobre también el aprendizaje personal. En ese camino, contó que el equipo mantiene conversaciones que van desde los deseos sobre cómo atravesar los últimos días hasta decisiones vinculadas con trámites, bienes o cuestiones familiares que los pacientes buscan dejar resueltas.

La médica explicó que una de las tareas de cuidados paliativos también consiste en trabajar con las familias y ayudarlas a escuchar. “Muchas veces el paciente quiere hablar de la muerte y el entorno responde que eso no va a pasar, pero hay preocupaciones que necesitan ser dichas”, señaló. En algunos casos, las inquietudes pasan por un hijo, un nieto o cuestiones administrativas; en otros, por decisiones tan personales como elegir la ropa con la que quieren ser despedidos o expresar cómo desean transitar esa etapa.

Sartori también buscó despejar algunos conceptos vinculados al trabajo que realizan, remarcando que el objetivo de los cuidados paliativos no es acortar ni prolongar la vida, sino controlar los síntomas y garantizar el mayor confort posible. En ese sentido, explicó que la sedación paliativa se utiliza únicamente cuando existen síntomas refractarios, como la falta de aire o el delirio, que no pueden aliviarse de otra manera, y que su finalidad es disminuir el sufrimiento del paciente y no adelantar su muerte.

A sus 35 años de trayectoria en la salud pública, Sartori asegura que encontró en los cuidados paliativos el lugar donde pudo unir la medicina y el compromiso social. Aunque todavía no decidió si este será su último año de trabajo, sostiene que volvería a elegir el mismo camino y la misma ciudad. General Roca, aquella que conoció siendo estudiante y donde decidió quedarse, es también el escenario desde el que construyó un espacio que hoy acompaña a cientos de pacientes y familias en uno de los momentos más difíciles de la vida.

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