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13/04/2026

77 años después de la Segunda Guerra Mundial, un ADN confirmó su identidad: la Justicia reconoció a su padre

Una mujer logró que la Justicia Civil de Roca reconozca quién fue su padre, luego de un proceso en el que se incorporaron testimonios y una prueba genética concluyente.
Durante décadas, el vínculo no fue reconocido y recién pudo acreditarse en la Justicia. Foto: ilustrativa
Durante décadas, el vínculo no fue reconocido y recién pudo acreditarse en la Justicia. Foto: ilustrativa

El fuero Civil de Roca hizo lugar a una demanda y reconoció la paternidad de un hombre ya fallecido, en favor de una mujer que durante toda su vida no había sido inscripta con ese vínculo. La sentencia declaró la filiación extramatrimonial post mortem y ordenó su registración.

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El reclamo se inició cuando la mujer tenía 77 años, después de la muerte de quien señalaba como su padre biológico. En el proceso judicial, los herederos del hombre —hermanos de la demandante— negaron el vínculo y dijeron no tener conocimiento de su existencia, aunque aceptaron someterse a estudios genéticos.

Durante el expediente se incorporaron testimonios y se realizó una prueba de ADN con muestras de la mujer y de los hijos reconocidos del causante. El informe pericial concluyó con un grado de certeza superior al 99,99% sobre la existencia de vínculo biológico de paternidad. Ese resultado no fue impugnado por las partes.

Al analizar el caso, la jueza sostuvo que el derecho a la identidad y a la verdad biológica son derechos humanos fundamentales, y remarcó que en este tipo de procesos la prueba genética tiene un valor determinante. Con ese respaldo, tuvo por acreditado el vínculo y dispuso su reconocimiento jurídico.

La sentencia también ordenó la modificación del nombre de la mujer para incorporar el apellido paterno, de acuerdo a su voluntad, y su inscripción en el Registro Civil. Además, dejó abierta la posibilidad de ampliar la declaratoria de herederos en el expediente sucesorio correspondiente.

La historia que dio origen al caso se remonta a 1946. Su madre, una trabajadora rural, mantenía tareas en viñedos de Allen cuando inició una relación con el hijo de un empresario de la zona. De ese vínculo nació la mujer, que nunca fue reconocida formalmente.

Con el paso de los años, la situación de su madre se volvió crítica por una enfermedad que le impidió seguir trabajando. Sin recursos, la niña fue entregada a otra familia del Alto Valle y más tarde pasó por un patronato de infantes, donde perdió todo contacto con su origen.

Durante toda su vida, su padre permaneció ausente y solo habría realizado un aporte económico en una oportunidad, cuando ella tenía 15 años. Recién décadas después, y a partir de la vía judicial, logró reconstruir ese vínculo y obtener un reconocimiento que había quedado pendiente durante toda su vida.

 
 
 
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