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CONTROVERSIA

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06/02/2026

Qué cosas seguirá midiendo el INDEC de Caputo para dibujar la inflación

Desde junio de 2025 la inflación en Argentina viene de manera ininterrumpida en alza.

En la actual coyuntura económica argentina, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) se encuentra en el ojo de una tormenta mediática y política. Desde que el presidente Javier Milei resultó electo, su administración ha centrado sus esfuerzos en modificar la percepción pública de la economía. 

Desde junio de 2025, la inflación ha transgredido preocupantemente los valores esperados. Mes a mes, ha subido de manera sostenida: de un 1,6% en junio a un desconcertante 2,8% en diciembre. Este incremento se opone abiertamente a la narrativa oficialista, que insiste en promover una visión de desinflación en el país.

La elección de sostener mediciones de inflación basadas en una canasta de consumos desfasada, dada la persistente utilización de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHO) de 2004, es una maniobra crítica en este escenario. Esta encuesta, que debería haber sido actualizada con datos de la ENGHO de 2017, sigue obviando la dinámica evolutiva del comportamiento del consumidor, que ha sufrido profundos cambios en más de dos décadas.

Una de las características más sorprendentes de esta realidad anacrónica es el mantenimiento de la medición de productos y servicios que han caído en desuso en el contexto moderno. Ejemplos notables de ello incluyen vehículos de tracción animal, como los sulkys, y el equipo asociado de tracción a sangre, un método ya obsoleto e incluso prohibido en muchos municipios.

Otras prácticas arcaicas que el INDEC continúa contabilizando incluyen las llamadas telefónicas desde locutorios y la conexión a internet desde teléfonos fijos, un anacronismo en un mundo dominado por la conectividad móvil. Más desconcertante aún es la presencia de dispositivos de reproducción de medios que han sido barridos por el advenimiento de la tecnología digital, como los VHS, casetes de audio, y faxes.

Mientras el debate económico se intensifica, hay una creciente conciencia colectiva sobre la necesidad urgente de una actualización realista y representativa en los métodos de evaluación económica. Sin embargo, la agenda actual del gobierno parece centrada en mantener una ilusión optimista a pesar de una inflación que se siente en cada faceta de la vida argentina. Esta dependencia de datos obsoletos plantea cuestiones cruciales sobre la integridad y el futuro de las estadísticas oficiales en el país.