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30/10/2025

Maradona, entre la leyenda y la memoria: cuando Roca lo vio jugar en el Maiolino

Este 30 de octubre, Diego cumpliría 65 años. A casi cinco de su muerte, la ciudad recuerda las tardes en que el joven de Argentinos Juniors jugó en el Maiolino y el Depo se dio el gusto de ganarle.
Maradona en una de sus visitas a Roca, acompañado por un niño de la ciudad. Foto: archivo histórico.
Maradona en una de sus visitas a Roca, acompañado por un niño de la ciudad. Foto: archivo histórico.

Este 30 de octubre, Diego cumpliría 65 años. Y en Roca, el recuerdo vuelve a encenderse entre el afecto, la distancia y la memoria de aquellas tardes en que el joven de Argentinos Juniors jugó en el Maiolino y se fue sin victorias.

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El 25 de noviembre de 2020, cuando su muerte detuvo al país, muchos recordaron goles, camisetas y finales. En Roca, la memoria fue otra: el estadio Luis Maiolino, el color naranja en las tribunas y aquel pibe de 17 años al que ya le decían “El Diez” entrando a la cancha de la mano de los chicos locales.

Era 1978 y Argentinos Juniors visitaba al Deportivo Roca por el Torneo Nacional. El Depo debutaba en la máxima categoría y, contra todos los pronósticos, ganó 1 a 0. No importaba si el rival traía a una promesa o a un futuro genio: esa tarde el fútbol fue del equipo local.

Dos años después, en 1980, Maradona volvió para un amistoso nocturno. Fue su última vez en la zona antes del pase a Boca Juniors. El Depo volvió a ganarle, esta vez 2 a 1, con goles de Luis César Graneros. Quienes estuvieron ahí todavía cuentan la escena: las luces, el aire tibio de septiembre, la sensación de estar viendo algo grande sin saber del todo por qué.

Desde entonces, cada roquense tiene su propia versión de esa historia. Algunos lo recuerdan como el ídolo inalcanzable; otros, como el hombre contradictorio que desbordó sus propios límites. Maradona fue amado y cuestionado, adorado y resistido, pero en Roca dejó algo distinto: una anécdota verdadera, contada sin mito ni exageración.

Hoy, cuando habría cumplido 65 años, su figura vuelve a cruzar el país entero. En esta ciudad, la memoria se queda con una postal: el Depo ganando, el Maiolino encendido y un chico de rulos, todavía sin saber que el mundo ya empezaba a pronunciar su nombre.

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