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14/10/2025

La nube blanca del aire: el fenómeno del álamo que cubre la región cada primavera y protege los frutales del viento

Cada primavera, la pelusa blanca del álamo plateado cubre el aire del Alto Valle. Es un fenómeno natural asociado a una especie adaptada por el INTA para proteger la producción frutícola, pero que genera confusión y molestias en la población.
La pelusa del álamo cubre el suelo y el pasto a orillas del Canal Grande, un fenómeno típico de la primavera en el Alto Valle. Foto: Tania Domenicucci-ANR
La pelusa del álamo cubre el suelo y el pasto a orillas del Canal Grande, un fenómeno típico de la primavera en el Alto Valle. Foto: Tania Domenicucci-ANR

Durante los últimos días, los barrios y chacras del Alto Valle se cubrieron una vez más y como todos los años de una fina capa blanca que recuerda a la nieve. No se trata de un fenómeno inusual ni de contaminación, sino de la dispersión de semillas del álamo plateado o híbrido (Populus alba), un árbol que define el paisaje productivo de la región.

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El álamo plateado es una de las especies más utilizadas como cortina rompeviento para proteger los cultivos frutales del viento patagónico y del golpe de sol. Su presencia no es reciente: desde hace décadas, el INTA investiga y adapta ejemplares para mejorar su rendimiento y resistencia.
Entre esas variedades se encuentra el álamo Ragonese 22 INTA, un clon híbrido desarrollado específicamente para las condiciones climáticas del valle, que crece rápido, fija suelos y ofrece una respuesta eficiente frente al viento.

La pelusa blanca que hoy domina el aire es, en realidad, el mecanismo natural de reproducción del álamo plateado. Solo los árboles hembras producen esta semilla recubierta por una vellosidad algodonosa que actúa como paracaídas, permitiendo que el viento la transporte largas distancias. En primaveras secas y ventosas, la dispersión puede durar semanas y cubrir amplias zonas urbanas y rurales.

Aunque esas fibras no contienen polen y no son alérgenas por sí mismas, pueden irritar las vías respiratorias o agravar síntomas en personas con asma o sensibilidad al polvo. Además, su presencia coincide con la floración de otras especies que sí liberan polen, lo que suele generar confusión sobre su origen y efectos.

La pelusa del álamo se acumula entre los álamos que bordean el Canal Grande, donde el aire parece nevado en plena primavera. Foto: Tania Domenicucci-ANR
La pelusa del álamo se acumula entre los álamos que bordean el Canal Grande, donde el aire parece nevado en plena primavera.
Foto: Tania Domenicucci-ANR

 

Más allá de las molestias que provoca, el álamo es indispensable para la producción y el equilibrio ambiental del valle. Actúa como barrera natural contra el viento, reduce la erosión del suelo y delimita chacras, caminos y canales. También contribuye a mitigar la temperatura y retener humedad, lo que mejora las condiciones para el cultivo de peras, manzanas y viñedos.

La temporada de dispersión de pelusa suele extenderse hasta fines de octubre o comienzos de noviembre, cuando las cápsulas femeninas terminan de liberar las semillas. El fenómeno disminuye luego de las primeras lluvias o cuando el viento dispersa la mayor parte del material liviano.

Las veredas del Canal Grande amanecieron cubiertas de pelusa blanca, producto de la dispersión de semillas del álamo plateado. Foto: Tania Domenicucci-ANR
Las veredas del Canal Grande amanecieron cubiertas de pelusa blanca, producto de la dispersión de semillas del álamo plateado. Foto: Tania Domenicucci-ANR

 

Para reducir las molestias, se recomienda mantener los ambientes ventilados solo en horarios de menor viento, limpiar con paños húmedos para evitar levantar partículas y, en el caso de personas asmáticas o sensibles, usar barbijo o gafas al aire libre durante los días de mayor concentración.

En el Alto Valle, la nube blanca del aire es tan incómoda como necesaria: recordatorio visible de un árbol que, con sus cortinas verdes, protege año tras año a la producción frutícola y al paisaje patagónico.

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