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04/09/2025

General Roca, punto de encuentro de migraciones y eje de la fruticultura en el Alto Valle

La ciudad se transformó gracias al aporte de colonos europeos, vecinos chilenos y trabajadores de países limítrofes que, junto a migrantes internos, hicieron del valle un centro agrícola y frutícola clave en la Patagonia.
Casa Carabajal, comercio histórico de la ciudad. Imagen tomada en 1921. Foto (Archivo General de la Nación)
Casa Carabajal, comercio histórico de la ciudad. Imagen tomada en 1921. Foto (Archivo General de la Nación)

Lo que hoy conocemos como General Roca comenzó como un fuerte militar en 1879, levantado en el paraje de Fiske Menuco, en la margen norte del río Negro. La información consta en el Archivo Histórico de la Provincia de Río Negro, donde se señala al coronel Lorenzo Vintter como el responsable de establecer el Fuerte General Roca en plena “Conquista del Desierto”.

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Con el paso de los años, ese enclave militar se convirtió en un núcleo agrícola y luego en un pueblo en formación. Según el Archivo General de la Nación, en 1881 se dio el cambio formal de denominación de “fuerte” a “pueblo”, marcando el inicio de una etapa distinta, atravesada por la llegada de inmigrantes.

Colonias europeas: italianos, españoles, alemanes y rusos

Los primeros contingentes de inmigrantes llegaron alentados por la Ley Nº 817 de Inmigración y Colonización (1876), que promovía la radicación de familias extranjeras. Italianos, españoles, alemanes y rusos comenzaron a ocupar tierras del Alto Valle, aportando técnicas agrícolas y organización comunitaria.

Un capítulo aparte merece la Colonia Rusa, que se formó en 1906 con familias judías provenientes de Rusia zarista. Documentos de la Legislatura de Río Negro detallan que, mediante un decreto firmado por el presidente José Figueroa Alcorta, se entregaron 100 hectáreas a cada familia en la zona de Padre Stefenelli, al este de Roca. Aquellas familias, como los Locev, Liberman, Zaidenberg o Kaspin, dieron forma a chacras que marcaron el inicio de la vitivinicultura y, más tarde, de la fruticultura intensiva.

Chilenos, bolivianos y peruanos: la mano de obra estacional

Al mismo tiempo, desde el otro lado de la cordillera llegaron miles de trabajadores chilenos, primero para tareas de ganadería extensiva y luego para la cosecha de manzanas y peras. Entre las décadas de 1950 y 1980 fue común que cruzaran la frontera de manera estacional, pero con los años muchos se asentaron definitivamente en barrios rurales y periféricos de Roca y Allen.

A ellos se sumaron los trabajadores bolivianos y peruanos, que aportaron mano de obra calificada en chacras, galpones de empaque y labores agrícolas. El Departamento Provincial de Aguas conserva documentación que muestra cómo, a medida que avanzaban los canales de riego (desde 1884 con el Canal de los Milicos), crecía también la demanda de brazos para sostener la producción.

El agua y las chacras: de la aridez al oasis productivo

La gran transformación del territorio fue posible gracias al riego. De acuerdo con informes del Departamento General de Irrigación, los primeros canales marcaron un antes y un después: permitieron pasar de cultivos de subsistencia a sistemas agrícolas más diversificados. En ese proceso, inmigrantes europeos y migrantes vecinos trabajaron codo a codo para convertir la estepa árida en un verdadero oasis productivo.

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A partir de las primeras décadas del siglo XX, la fruticultura se consolidó como motor de la economía regional. Compañías británicas ligadas al Ferrocarril del Sud organizaron el transporte y la exportación de peras y manzanas. El Archivo Histórico Municipal de Roca consigna que hacia 1912 ya existían envíos regulares de fruta hacia Buenos Aires, y que poco después comenzaron a salir las primeras cargas hacia el exterior.

En ese entramado, el mercado laboral se sostuvo durante décadas con la migración estacional. Chilenos, bolivianos, peruanos y migrantes del noroeste argentino se convirtieron en la base de la cosecha, la poda y el empaque. Con el paso del tiempo, muchos se radicaron de manera definitiva y sus hijos se integraron al sistema educativo y laboral local.

La diversidad como identidad

Hoy la ciudad lleva la marca de esa diversidad. En los apellidos, en las colectividades, en las fiestas populares y en los barrios que nacieron al calor de cada corriente migratoria. Desde la colonia rusa en Stefenelli, libaneses, los vascos y su centro Gure Etxea, hasta los barrios formados por familias chilenas y bolivianas, General Roca muestra que su identidad está hecha de múltiples raíces.

Así era el centro de la ciudad hace más de 100 años. Foto (archivo histórico)
Así era el centro de la ciudad hace más de 100 años. Foto (archivo histórico)

 

La historia de Roca es, en definitiva, la historia de cómo el agua, los canales y la inmigración transformaron un paraje militar en un polo agrícola y frutícola, donde las distintas corrientes migratorias no solo poblaron la tierra, sino que dejaron huellas culturales y sociales que siguen vivas en la actualidad.

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