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PASIONES

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04/07/2025

A qué se dedica Matías, el hijo de Mario Pergolini que se la jugó por su proyecto personal

Hermano de Tomás y Valentina, Matías es el hijo del medio de Mario Pergolini y Dolores Galán, tiene 26 años y es licenciado.

En el ecléctico universo de la familia Pergolini, donde cada miembro traza su propio itinerario lejos de los destellos del padre, surge la figura de Matías. Se trata del hijo mediano del renombrado comunicador Mario Pergolini y su esposa, Dolores Galán, quien hoy sella su identidad en un circuito propio, alejándose de la mediatización excesiva que suele abrazar a los hijos de celebridades.

Matías Pergolini, con tan solo 26 años, ha decidido esquivar las sombras mediáticas de su influyente progenitor para consagrarse lento pero seguro en un terreno encantador y menos explorado: la movida nocturna porteña. A pesar de haberse formado académicamente en Psicología, disciplina compartida con su madre, su interés rebasa los límites de los libros para adentrarse en un ámbito donde la música y la producción de eventos son protagonistas.



Alejado del ruido del espectáculo mediático al que pertenecen sus hermanos, Tomás y Valentina, Matías encuentra su lugar como productor y disc-jockey en las noches de Buenos Aires. Este nuevo capítulo en su vida profesional lo distingue mediante un temperamento apartado de la exposición social que domina hoy en día. Con más de 10,000 seguidores en Instagram, Matías da pistas sobre su mundo musical paralelo, donde Clímax Buenos Aires ocupa un rol central: un espacio icónico para los amantes del reggaetón gracias a una organización cuidada en sonido, iluminación y atmósfera.

Por supuesto, nacer en un hogar de tal relevancia mediática no implica el rompimiento total de los vínculos familiares. Distanciado de lo masivo pero nunca separado de sus raíces, Matías mantiene su conexión con el legado de su padre a través del programa “Cohete al Sol” en Vorterix, una manifestación tangible de que las pasiones pueden converger y divergir al mismo tiempo.



Así, entre teclados, consolas y ritmos urbanos, Matías Pergolini va tejiendo silencioso su propia travesía. En un contexto dominado por figuras que prefieren el espectáculo al arte del desapercibimiento, este joven emprendedor marca la diferencia, urdiendo un sendero con más música que flashes, y más contenido que espectáculo. Dances y psicólogos de la vida, el rojo pavimento se convierte en su escenario, donde el único protagonista es la sinfonía que narra ora fugaces ora eternos relatos de la multitud que lo sigue.