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14/09/2022

La confesión de un femicida: ¿estrategia o lágrimas de cocodrilo?

La confesión de un femicida: ¿estrategia o lágrimas de cocodrilo?
La confesión de un femicida: ¿estrategia o lágrimas de cocodrilo?

Juan Carlos Monsalve buscó un golpe de efecto sobre el jurado y quienes participaban del juicio por el femicidio de Agostina Gisfman. Sentado en su silla de ruedas, con las dos piernas amputadas, haciendo ostentación de su actual fragilidad, el hombre acusado de ser el planificador y autor material asesinato confesó: “Yo la maté y estoy totalmente arrepentido de lo que pasó”, dijo en la primera audiencia.

Y hasta se permitió algunas lágrimas cuando recordó a la muchacha: “ella era alegre, quería salir de ese lugar (de adicciones). Me gustaba hablar con ella (…) Pasamos momentos muy buenos”.

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Monsalve sostuvo una nueva teoría del caso, diferente a la de la acusación: dijo que Agostina le había robado una importante suma de dinero (1,3 millones de pesos), y droga (marihuana y cocaína). Y que al exigirle la devolución comenzó una discusión que “se me fue de las manos”.  La gran pregunta que se hicieron los participantes en esa jornada fue: ¿Qué tiene para perder este hombre que decide enfrentar su responsabilidad en un hecho tan aberrante?

El imputado es prácticamente un enfermo terminal: padece las consecuencias de una diabetes muy avanzada, que nunca se había tratado. Y eso provocaron dos momentos cruciales durante su estadía en prisión: la amputación de sus dos piernas. Además, sufre de una rara enfermedad genética: al igual que su sobrino Claudio (también acusado en este juicio), tiene una variante de hepatitis que requiere de un medicamente muy específico. Esta causa se demoró en varias oportunidades producto de sus internaciones de urgencia en el Hospital Heller. En algún momento se llegó a dudar sobre la posibilidad de hacer un juicio unificado, ante la precaria salud del hombre.

Un abogado presente en la sala recordó que en esta etapa, Monsalve tiene el derecho de hablar en su defensa pero no tiene la obligación de decir la verdad. El esclarecimiento de esa situación corresponde a la fiscalía y a la querella. Y la pregunta que quedó flotando: ¿se corresponde esta afirmación con la vida que llevaba Agostina Gisfman?

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Los dos abogados querellantes, Iván Chelía y Diego Vásquez, apuntaron que el testimonio de Monsalve no se sostiene con ninguna de las pruebas que existen en el proceso: ni su condición de distribuidor de droga, ni su entendimiento con grandes “dealers” de la región ni la situación de vida de la propia víctima. La propia situación de dependencia que tenía la muchacha con su “cliente” y el tipo de relación que tenían, hace poco sostenible la apreciación del femicida.

¿Qué está probado hasta el momento? Que Gustavo Chianese, el amigo de Monsalve, era quien le suministraba los contactos para mantener relaciones sexuales a cambio de dinero. En esos últimos meses se había acercado Agostina. La chica le sacó una foto en un hotel alojamiento y la subió a las redes sociales. Según la acusación, ese fue el detonante de la tragedia: la esposa, Ana María Perales, la vio y le exigió que para mantener la relación de pareja debía realizar un hecho drástico.

¿Por qué esta vuelta de tuerca desde la estrategia de la defensa? La posibilidad de desvincular al resto de los imputados: su pareja, Perales; su sobrino Claudio; su empleado, Julio Zapata, y su amigo Chianese.

El tema es que esos dichos también deben ser demostrados. El juicio demandará todavía otras nueve intensas jornadas. Luego, los 12 integrantes del jurado deberán definir a quién le van a creer.

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