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25/10/2026

De Estados Unidos a la escuela del Gato Dumas y elegir Roca para emprender: la historia de la chef Gabriela Martínez

Desde sus primeros pasos en la cocina familiar hasta la creación de Semilla y sus actuales proyectos gastronómicos, Gabriela Martínez construyó una trayectoria de más de dos décadas en Roca, donde encontró su lugar y desarrolló su pasión por emprender.
"Para mí es 100% amor cocinar, es mi manera de mostrar el afecto" expresó Gabriela. Foto Tania Domenicucci-ANR
"Para mí es 100% amor cocinar, es mi manera de mostrar el afecto" expresó Gabriela. Foto Tania Domenicucci-ANR

Por Agustín Aroca

A los 54 años, Gabriela Martinez lleva décadas vinculada a la cocina y a los emprendimientos gastronómicos en Roca. De sus raíces familiares italianas y los primeros negocios junto a su familia, pasó por Estados Unidos, se formó en la escuela del Gato Dumas y creó proyectos que dejaron su marca en la ciudad. Hoy, al frente de su propio espacio en calle Mitre 864, sigue apostando por la cocina, los productos locales y las nuevas ideas.

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La relación de Gabriela Martínez con la cocina comenzó mucho antes de convertirse en chef y referente gastronómica de General Roca. Fue en su infancia, alrededor de la mesa familiar y junto a su abuela, donde descubrió algo que con los años se transformaría en una forma de vida.

Nacida en Mendoza, con una etapa de su vida en Córdoba, en Estados Unidos y luego instalada en General Roca, la chef Gabriela Martínez se define como una persona “media nómade”. Sin embargo, fue en esta ciudad donde encontró finalmente su lugar. “Cuando encontré Roca supe que este era mi lugar en el mundo”, contó en dialogo con ANR. El río, la cercanía con la cordillera y el mar, pero también los vínculos que construyó durante su adolescencia, terminaron de convencerla de que quería quedarse.

Su primer contacto concreto con un emprendimiento gastronómico llegó en 1997, cuando su padre y su hermano pusieron en marcha La Terraza, un restaurante ubicado en aquellos tiempos frente a la Plaza San Martín. Fue una experiencia familiar que marcaría el camino que tomaría después. Pero unos años más tarde, la muerte de su padre cambió el rumbo de la familia.

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Gabriela junto a su madre, quien la ayudó en los primeros meses a realizar viandas en el local actual. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

Cuando tenía 18 años, su mamá viajó a Estados Unidos y posteriormente los mandó a buscar. Allí, Gabriela volvió a encontrarse con la gastronomía desde otro lugar. Su madre ya tenía un emprendimiento de comida mexicana que comercializaba en construcciones mediante un food truck, y ella se sumó al proyecto.

Durante esos años conoció de cerca la cocina mexicana, incorporó nuevos sabores y se familiarizó también con las comidas típicas estadounidenses. Sin embargo, la distancia de su lugar y de sus afectos terminó pesando. “Soy muy de mis amigas y de mi lugar”, reconoció sobre la decisión de volver a Roca.

La vuelta al Alto Valle encontró a Gabriela con ganas de seguir vinculada a la gastronomía y en el año 2000, junto a una amiga que había regresado de Brasil, creó El Limbo, un proyecto ubicado sobre calle Pampa, entre Tucumán y Mitre. Fue entonces cuando apareció otra necesidad: profesionalizar todo aquello que hasta ese momento había aprendido principalmente a través de la experiencia.

La formación con el Gato Dumas y el salto profesional

Luego de volver a la ciudad, Gabriela decidió estudiar gastronomía y comenzó la carrera en la escuela del Gato Dumas, en Neuquén. Para Gabriela aquella formación fue fundamental. No solamente incorporó técnicas y conocimientos gastronómicos, sino que encontró una estructura para ordenar todo lo que había aprendido de manera intuitiva durante sus primeros años.

“La escuela te da herramientas, vocabulario y estructura para manejarte en grandes brigadas y hoteles”, explica, aunque también reconoce que existen grandes cocineros que no necesariamente pasaron por una formación académica.

Uno de los proyectos más importantes que realizó la reconocida chef es ser la creadora de "Semilla", una feria que se convirtió en uno de los espacios de encuentro y promoción de productores de la región. Durante un festchival en Buenos Aires descubrió que había productores de la zona que ella misma no conocía. Volvió a Roca con la idea dando vueltas en la cabeza y se la presentó a distintos empresarios para que colaboren con la idea. 

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“Viajo a Buenos Aires o a otros lugares y si veo algo que en Roca no está, pienso: ‘¿Por qué no lo hacemos en la ciudad?’”, relata sobre las ganas de seguir emprendiendo en Roca. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

“Me dijeron que era una locura, pero me apoyaron”, recordó, afirmando que aquella “locura” terminó creciendo con los años. Actualmente, Semilla transita su edición número 39, después de más de una década de trabajo y con una premisa que Gabriela remarca en todos sus proyectos: apostar al producto local y acercar a los consumidores a quienes producen en la región.

Entre todos los proyectos y años dedicados a la gastronomía, hay una faceta que para "Gaby" tiene un valor diferente: cocinar junto a su hijo Filippo. “Cocinar con él es un regalo”, expresó sobre los momentos que vivó dentro de la cocina junto a su único hijo.

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"Gaby" Martínez disfruta compartir la cocina con su hijo Filippo y su marido Fernando, transmitiéndoles las recetas familiares y el amor por los sabores de su historia. Foto cortesía

 

Consultada sobre la importancia de cocinar en familia, afirmó que en esos momentos siente que puede transmitirle algo que va mucho más allá de una receta: los sabores de su familia, las preparaciones de su mamá y el valor de aquellas reuniones alrededor de una mesa que marcaron su propia infancia.

“Son momentos que atesoro muchísimo, porque más allá de la cocina, estamos compartiendo tiempo, aprendiendo juntos y creando recuerdos que nos van a acompañar siempre” afirmó.

El desafío de una gastronomía que cambia

Desde su lugar como cocinera y emprendedora, Gabriela también observa los cambios que atravesó el consumo gastronómico en la ciudad. Consideró que el crecimiento de nuevos restaurantes demuestra que existe público para las propuestas, aunque entiende que todavía hay margen para desarrollar más la oferta local.

También reconoció que los hábitos cambiaron, la situación económica y la comodidad hicieron que muchas personas reduzcan las salidas a comer y opten por quedarse en sus casas. En ese contexto, el delivery y las propuestas elaboradas para llevar ganaron protagonismo.

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“Desde el día uno con Semilla, pasando por la cervecería, El Limbo, La Terraza y ahora acá, el público de Roca ha confiado en mí y me ha apoyado siempre”, destacó sobre los roquenses. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

Después de décadas de trabajo, distintos restaurantes, proyectos, viajes, formación y una feria que ya lleva 39 ediciones, Gabriela mantiene intacta la energía para seguir creando. Su consejo para quienes están pensando en emprender parte justamente de su propia experiencia: confiar en lo que uno hace y entender que equivocarse también forma parte del camino.

“Probar y que algo no salga bien no es un fracaso, sino un aprendizaje para corregir el rumbo”, sostuvo para quienes estan por dar el paso a abrir un local. Para ella, emprender significa trabajar prácticamente las 24 horas, pero también la posibilidad de construir algo propio.

Cuatro meses con su propio espacio en calle Mitre

Hace aproximadamente cuatro meses, Gabriela Martínez abrió su propio espacio gastronómico en Mitre 864, donde lleva adelante una propuesta que combina viandas, platos elaborados y cocina de autor. El proyecto lo armó junto a su marido, Fernando, artista plástico y escultor, con quien trabajó en la ambientación del lugar para recuperar parte de la calidez que caracteriza las ambientaciones de los proyectos de ella.

Según contó, la respuesta del público fue muy buena, algo que relaciona con la trayectoria construida durante años en la ciudad y el acompañamiento que recibió en cada uno de sus emprendimientos. “Desde el día uno con Semilla, pasando por la cervecería, El Limbo, La Terraza y ahora acá, el público de Roca ha confiado en mí y me ha apoyado siempre”, destacó.

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Gabriela junto a su equipo de trabajo en el espacio gastronómico de calle Mitre, donde cada día elaboran viandas y platos que combinan sabores, dedicación y una propuesta propia. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

El local funciona de lunes a viernes, de 11 a 15, y ofrece distintas alternativas según el momento del día. Por la mañana, elaboran viandas saludables con opciones sin gluten, keto, tradicionales y de bodegón, mientras que al mediodía preparan platos más elaborados y abundantes, con combinaciones de sabores que buscan diferenciarse de las propuestas habituales.

Además, dos veces al mes Martínez desarrolla Quincha, un formato de menú nocturno por pasos que le permite explorar una cocina más compleja y de autor. A la actividad diaria del espacio se suman la organización de Semilla y los asesoramientos integrales que realiza para la apertura de nuevos restaurantes y emprendimientos gastronómicos de la región, con una apuesta sostenida por los productos locales, las verduras de su propia huerta y los huevos de sus gallinas.

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