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06/10/2026

Violencia de género en Roca: qué hay detrás de los casos que llegan a Quillagua

El espacio elaboró un relevamiento sobre las mujeres que comenzaron a asistir durante el primer semestre del año. La mayoría llegó derivada por el Poder Judicial y el registro permitió identificar características comunes, necesidades y algunos obstáculos que aparecen durante el proceso de pedir ayuda.
Quillagua está integrado entre 12 y 13 personas que reciben los casos de violencia familiar abordandolos de forma interdisciplinaria. Foto: Tania Domenicucci
Quillagua está integrado entre 12 y 13 personas que reciben los casos de violencia familiar abordandolos de forma interdisciplinaria. Foto: Tania Domenicucci

En los últimos meses, la violencia de género en todo el país ha ido escalando. Un informe del Observatorio Nacional Mumalá (Mujeres de la Matria Latinoamericana) dejaron en evidencia una alarmante cifra: entre el 1 de enero al 30 de septiembre se registraron 200 femicidios y determinaron que una mujer es asesinada cada 33 horas. Según lo expuesto por el observatorio, el 0,5% de los hechos ocurrieron en Río Negro. Estos datos vuelven a reforzar el reclamo de distintos sectores que día a día trabajan para erradicar la violencia machista.

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Pero detrás de cada uno de esos números existe un recorrido previo: denuncias, pedidos de ayuda, medidas de protección, intervenciones judiciales y, en muchos casos, mujeres que intentan salir de situaciones de violencia mientras sostienen sus responsabilidades familiares y económicas.

En Roca, Quillagua trabaja hace 25 años de manera interdisciplinaria acompañando a personas en situación de violencia. En las últimas semanas, el espacio elaboró un relevamiento estadístico para conocer mejor las características de los casos que recibe, identificar necesidades y contar con información que permita revisar y fortalecer sus formas de intervención.

El informe fue realizado por estudiantes avanzadas de la Licenciatura en Criminología y Ciencias Forenses de la Universidad Nacional de Río Negro. Para reunir la información se utilizaron las fichas de admisión y los registros de las entrevistas que realiza el propio equipo.

Según los datos brindados, entre enero y junio de 2026, 26 mujeres comenzaron a asistir a Quillagua. Algunas continúan actualmente con el acompañamiento y otras interrumpieron el proceso por diferentes motivos, entre ellos cuestiones personales, laborales o mudanzas hacia otras ciudades.

 

Agustina fue una de las encargadas de elaborar el informe. Foto: Tania Domenicucci
Agustina fue una de las encargadas de elaborar el informe. Foto: Tania Domenicucci

 

“Los datos también sirven para ir mejorando cada vez más nuestra forma de abordar los casos”, explicó Agustina, estudiante avanzada de Criminología y Ciencias Forenses de la UNRN e integrante de Quillagua. 

El registro permitió observar, además, algunas variaciones en la cantidad de asistencias a lo largo del primer semestre. En marzo se produjo un incremento de las consultas, algo que el equipo relacionó con la exposición y las actividades vinculadas al 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres. Si bien el período analizado todavía no permite establecer una tendencia anual, contar con un registro mensual les permite comenzar a identificar cambios en la demanda.

Uno de los datos que surgió del relevamiento está relacionado con la procedencia de las situaciones que llegan al espacio. Alrededor del 90% de las mujeres ingresan por derivación del Poder Judicial, mientras que también reciben casos por demanda espontánea y derivaciones provenientes del hospital y del área de Salud Mental.

Al mismo tiempo acompañan situaciones provenientes de Cervantes y casos de mujeres que anteriormente residieron en otras localidades de la provincia y luego se trasladaron a Roca.

La mayoría de las situaciones que reciben están relacionadas con violencia de género hacia mujeres, aunque el espacio aborda distintos tipos de violencia y trabaja con casos derivados desde diferentes ámbitos.

El relevamiento no se limitó a contabilizar cuántas mujeres llegaron al espacio. También comenzó a observar sus contextos familiares y, particularmente, la presencia de hijos e hijas durante las distintas etapas de la infancia.

Como resultado, se identificó una presencia importante de niños y niñas en la primera infancia- entre los cero y los seis años -  y en la segunda infancia, de seis a doce años. 

Ese aspecto se vincula directamente con otra de las propuestas que funcionan en Quillahua: Quillaguita, un espacio destinado a los hijos e hijas de las mujeres que participan de los grupos de acompañamiento.

El trabajo de Quillagua está organizado en tres instancias: guardia, admisión y grupos de acompañamiento. Cada una cumple una función diferente dentro del proceso y permite que la situación sea abordada desde distintas disciplinas.

“La guardia está disponible las 24 horas del día en un teléfono que siempre es atendido”, explicó Sol Craievich, estudiante avanzada de Abogacía e integrante de Quillagua. Según detalló, allí reciben derivaciones de mujeres que atraviesan situaciones de violencia y realizan “una primera intervención, una primera entrevista”, en la que buscan conocer el panorama general y revisar tanto la situación emocional como la judicial.

Después de ese primer contacto comienza la instancia de admisión. “Pasa a una dupla de admisión, que generalmente es atendida por una psicóloga y una abogada, o por una estudiante de Criminología y una abogada o estudiante de Abogacía”, señaló Sol. La intención, explicó, es que desde el comienzo exista un abordaje interdisciplinario.

En esa instancia se realiza una entrevista presencial y privada con la mujer, donde se profundiza sobre su situación y se completa la información necesaria para definir cómo continuar. “Terminamos de llenar sus datos, su situación psicológica, su situación legal y ponernos de acuerdo para seguir acompañando todo ese proceso”, detalló.

El último paso es la incorporación a los grupos de acompañamiento, donde las mujeres comparten el espacio con otras personas que atraviesan situaciones similares. Allí el abordaje deja de centrarse únicamente en la situación individual y aparece también una dimensión colectiva, vinculada con la posibilidad de sentirse acompañadas y reconocer experiencias comunes.

Actualmente, el equipo está integrado por entre 12 y 13 personas, entre profesionales y estudiantes de distintas disciplinas, como Psicología, Abogacía, Criminología, Trabajo Social, Psicología Social y Nivel Inicial. Esa composición permite que las situaciones puedan ser observadas desde diferentes perspectivas y que el acompañamiento no quede limitado únicamente a la dimensión judicial.

Hay estudiantes y profesionales de distintas aréas. Foto: Tania Domenicucci
Hay estudiantes y profesionales de distintas aréas. Foto: Tania Domenicucci

 

“Lo que hacemos acá es un abordaje integral, un ejercicio interdisciplinario y una contención que también tenés en el grupo”, explicó una de las integrantes del equipo.

Cuando pedir ayuda también implica atravesar un proceso complejo

En el acompañamiento cotidiano, el equipo identifica algunas situaciones que pueden hacer más difícil el recorrido de una mujer que decide pedir ayuda. No necesariamente se trata de problemas vinculados con un único organismo, sino de un entramado en el que intervienen diferentes espacios y profesionales, muchas veces con una demanda que supera sus posibilidades de respuesta inmediata.

Entre los aspectos que observan aparecen los tiempos de espera, la necesidad de compatibilizar las denuncias y trámites con el cuidado de los hijos, la falta de información sobre las distintas vías disponibles y la carga emocional que implica relatar una situación de violencia.

Dentro del equipo existe un área jurídica que dan cuenta de los diversos contextos que atraviesan las mujeres cuando deciden denunciar. Foto: Tania Domenicucci
Dentro del equipo existe un área jurídica que dan cuenta de los diversos contextos que atraviesan las mujeres cuando deciden denunciar. Foto: Tania Domenicucci

Para el equipo, contar con espacios adecuados de escucha y contención puede ayudar a reducir esa carga y evitar que la mujer tenga que atravesar sola un momento que ya resulta complejo.

También señalan que los tiempos son un factor importante. Una mujer que llega a denunciar puede estar atravesando una situación de angustia, temor o incertidumbre y, al mismo tiempo, tener que resolver qué ocurre con sus hijos, su trabajo o su vivienda.

 El planteo apunta a pensar cómo fortalecer el circuito de atención para que las respuestas puedan adecuarse a las características y al nivel de riesgo de cada situación.

No todos los casos requieren la misma respuesta

Ese es otro de los aspectos que Quillagua considera necesario seguir trabajando. Desde su experiencia, las situaciones de violencia presentan diferentes niveles de riesgo y no siempre requieren los mismos tiempos ni las mismas medidas.

Por eso, consideran importante avanzar hacia una mayor diferenciación de los casos para poder identificar cuáles requieren una intervención más inmediata y cuáles pueden seguir otros tiempos de atención.

En ese sentido, el relevamiento realizado por Quillagua busca ser también una herramienta para comprender mejor esa realidad y tomar decisiones a partir de información concreta.

El contexto también condiciona las posibilidades de pedir ayuda

Otro de los aspectos que surgieron durante la entrevista fue la relación entre las situaciones de violencia y el contexto socioeconómico.

Desde Quillagua observaron que los momentos de crisis pueden dificultar la posibilidad de sostener una denuncia o una decisión de alejarse del agresor. La falta de ingresos, vivienda, redes de apoyo o recursos para sostener a los hijos puede convertirse en un condicionante para una mujer que intenta modificar su situación.

“Al no haber políticas públicas que me puedan ayudar a sostener la decisión que tomé, que no es fácil para una víctima, eso cae”, señalaron.

Liliana Henriquez es la presidenta y fundadora de Quillagua. Foto: Tania Domenicucci
Liliana Enriquez es la presidenta y fundadora de Quillagua. Foto: Tania Domenicucci

 

Por eso, para el equipo, acompañar una situación de violencia no implica únicamente intervenir sobre el hecho denunciado. También supone mirar las condiciones en las que se encuentra esa persona y cuáles son las herramientas que tiene disponibles para sostener el proceso.

En las fichas que utilizan para el relevamiento, por ejemplo, también registran información relacionada con los ingresos de las mujeres, el cumplimiento de las cuotas alimentarias, sus necesidades básicas, la situación habitacional y otras condiciones que pueden influir en su realidad cotidiana.

El objetivo es comprender que una situación de violencia puede involucrar múltiples dimensiones y que, en muchos casos, la mujer necesita orientación para encauzar diferentes demandas que aparecen al mismo tiempo.

El equipo que sostiene el trabajo cotidiano de Quillagua está integrado por Zoe Gómez, estudiante avanzada de la Licenciatura en Criminología y Ciencias Forenses; Carolina Hurtado, operadora judicial, integrante del equipo técnico y voluntaria del área jurídica; Agustina, estudiante avanzada de Criminología y Ciencias Forenses de la UNRN; Sol Krayevich, estudiante avanzada de Derecho; Camila Barbosa, psicóloga y coordinadora del espacio de Infancias y Adolescencias; Camila, estudiante avanzada de Nivel Inicial; Ivana Silvestain, maestra de grado jubilada y psicóloga social, quien además se desempeña como secretaria; Carolina Delgado, psicóloga y voluntaria del equipo técnico; Agustina Andrés, estudiante avanzada de Psicología; y Liliana Enríquez, trabajadora social y fundadora de Quillagua.

 

Si sufrís violencia de género o conocés a alguien que atraviesa una situación de violencia, podés comunicarte de manera gratuita con la Línea 144, disponible las 24 horas para brindar atención, contención y asesoramiento. Ante una emergencia, llamá al 911.  Guardia Quillagua: 2984666605

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