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18/08/2026

Sufrió violencia de género y la Justicia le atribuyó la vivienda tras quedar a cargo de sus hijas

El caso ocurrió en Roca y la víctima podrá permanecer en la casa.
La Justicia falló a favor de la mujer. Foto archivo ANR
La Justicia falló a favor de la mujer. Foto archivo ANR

Una mujer que sufrió violencia de género podrá permanecer en la vivienda familiar tras quedar a cargo del cuidado de sus dos hijas. Según informaron desde la oficina judicial la víctima se separó del padre de las niñas, en medio de denuncias de violencia, una exclusión del hogar y una prohibición de acercamiento.

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Después de la separación, una mujer de Roca quedó a cargo del cuidado cotidiano de sus dos hijas y sostuvo sus gastos sin aportes del padre. Ante la posibilidad de perder la casa donde viven, reclamó la atribución de la vivienda familiar y obtuvo un fallo favorable del fuero de Familia. Podrán permanecer allí hasta que la hija menor cumpla 18 años.

El conflicto familiar se profundizó  a partir de una denuncia por violencia que ordenó que el hombre dejara la vivienda. Además  se estableció una prohibición de acercamiento hacia su entonces pareja. También se dispusieron rondines policiales en el domicilio. Pocos días después, la mujer denunció nuevos episodios y se reforzaron las medidas de protección. Se prohibió expresamente al hombre ingresar a la casa y se le otorgó un botón antipánico.

La pareja se divorció meses después. Con la ruptura quedaron pendientes distintas cuestiones relacionadas con sus dos hijas y con el patrimonio que habían construido durante el matrimonio. Entre ellas apareció un punto central: qué ocurriría con la casa donde la mujer continuó viviendo con las niñas.

La madre trabaja como docente y, según se acreditó en el expediente, asumió el cuidado cotidiano de sus hijas. Organizó sus horarios laborales para llevarlas y retirarlas de la escuela y acompañarlas en sus actividades, además de afrontar los gastos de alimentación, educación, vestimenta, salud y servicios.

La situación económica se volvió uno de los ejes del conflicto. Si bien existía un acuerdo sobre alimentos, la prueba incorporada indicó que el padre no realizaba aportes para cubrir las necesidades de las niñas. El vínculo entre el hombre y sus hijas también perdió frecuencia. El hombre se instaló en otro país y desde entonces mantiene contactos ocasionales de forma virtual.

 

El reclamo por la vivienda

En ese escenario, la discusión por la vivienda adquirió mayor relevancia. La casa había sido construida por la pareja y había funcionado como hogar familiar. Tras la separación, la mujer permaneció allí con sus hijas, mientras el hombre planteaba la venta del inmueble.

La madre sostuvo que vender la propiedad las colocaría frente a un serio problema habitacional. Explicó que sus ingresos como docente apenas alcanzaban para afrontar los gastos mensuales, que no tenía otra propiedad y que tampoco podía pagar un alquiler o acceder a la compra de otra casa.

Por ese motivo presentó una demanda para obtener la atribución de la vivienda familiar. Su objetivo era conservar el uso del inmueble junto con sus hijas y evitar que una eventual venta alterara el lugar donde las niñas desarrollaban su vida cotidiana.

El padre no contestó la demanda dentro del plazo previsto. Más tarde se presentó y propuso que su expareja permaneciera en la casa hasta que ambas hijas alcanzaran la mayoría de edad, aunque puso condiciones. Entre ellas, pidió que ninguna persona ajena al grupo familiar residiera allí y vinculó el acuerdo con documentación correspondiente a una camioneta involucrada en las diferencias patrimoniales de la expareja. La mujer rechazó la propuesta.

 

La resolución de la Justicia

Los testimonios incorporados al expediente respaldaron la situación descripta por la madre. Se acreditó que las niñas viven con ella, que es quien se ocupa de sus necesidades habituales y que atraviesa dificultades económicas. En algunas oportunidades, incluso, recibe ayuda de su entorno familiar  para cubrir gastos. También se comprobó que no cuenta con otra propiedad ni con recursos suficientes para acceder a una vivienda de características similares. La casa en discusión constituye, además, el centro de vida de las niñas.

El fuero de Familia analizó el reclamo más allá de la disputa patrimonial entre los adultos. El contexto de violencia que precedió a la separación, las medidas de protección, la situación económica de la mujer y la distribución real de las tareas de cuidado tuvieron peso en la decisión.

La resolución consideró que la madre quedó en una posición de mayor vulnerabilidad económica después de la ruptura y que asumió en forma exclusiva las responsabilidades cotidianas vinculadas con sus hijas. También aplicó una perspectiva de género para evaluar las consecuencias que tendría privarla del uso de la vivienda en esas condiciones.

El interés de las niñas constituyó otro elemento central. La casa no fue considerada únicamente un bien perteneciente a la expareja, sino el espacio donde ellas tienen organizada su rutina, su escolaridad y su vida familiar. Una venta podía obligarlas a abandonar ese entorno sin que su madre tuviera una alternativa habitacional en condiciones similares.

La normativa permite atribuir el uso de la vivienda familiar a uno de los excónyuges después del divorcio. Para decidirlo se deben considerar, entre otros factores, quién tiene a su cargo el cuidado de los hijos y cuál de las partes enfrenta mayores dificultades económicas para conseguir otra vivienda.

En este caso, esos factores favorecieron la pretensión de la madre. Sin embargo, la atribución no tendrá carácter permanente. Se estableció como límite el momento en que la hija menor alcance los 18 años. Hasta entonces, la mujer y sus dos hijas podrán continuar en la casa familiar.

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