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28/05/2026

El Gobierno impulsa el Súper RIGI: qué cambia frente al régimen actual y por qué puede impactar en energía, minería e industria

El proyecto busca atraer inversiones superiores a los USD 1.000 millones en actividades nuevas o todavía poco desarrolladas en el país.

El Gobierno nacional envió al Congreso el proyecto conocido como Súper RIGI, una nueva herramienta de incentivo a las grandes inversiones que busca profundizar el esquema iniciado con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones aprobado en la Ley Bases. La diferencia central es que esta nueva versión no apunta a cualquier proyecto de gran escala, sino a nuevas industrias, actividades que hoy no existen en la Argentina, que están en etapa experimental o que todavía no alcanzaron un desarrollo productivo relevante.

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El nombre formal del proyecto es Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias. Su objetivo es atraer capitales para sectores capaces de transformar la matriz productiva nacional, agregar valor a los recursos naturales y generar nuevas cadenas industriales vinculadas a energía, minería, tecnología, infraestructura digital y economía del conocimiento.

Según el anuncio oficial, entre las actividades que podrían quedar alcanzadas aparecen la cadena de valor del litio, la manufactura de baterías, el hidrógeno verde o de bajas emisiones, el GNL onshore, los reactores nucleares pequeños y medianos, la producción de paneles solares y turbinas eólicas, los vehículos 100% eléctricos, nuevos productos petroquímicos, productos para la industria aeroespacial, cadena de valor del uranio, productos industriales derivados de la pesca y fertilizantes de potasio o fósforo.

La primera aclaración importante es que el Súper RIGI no reemplaza al RIGI original, lo complementa. El RIGI vigente fue pensado para grandes inversiones en sectores estratégicos como minería, petróleo, gas, energía, infraestructura, siderurgia, tecnología, turismo e industria forestal. El nuevo esquema, en cambio, busca proyectos de una escala mayor y con un enfoque más específico: industrias que permitan pasar de la producción primaria o del desarrollo inicial de recursos a una etapa de industrialización, innovación y agregado de valor.

En términos simples, el RIGI actual puede servir para desarrollar una mina, un oleoducto, una infraestructura energética o un proyecto productivo de gran escala. El Súper RIGI, si es aprobado, estaría orientado a proyectos que den un paso más en la estructura productiva: manufactura de baterías, cadena de valor del litio y del uranio, refinamiento o laminado de minerales críticos, producción de paneles solares y turbinas eólicas, hidrógeno de bajas emisiones, GNL onshore, pequeños reactores modulares, nuevos productos petroquímicos, fertilizantes de potasio o fósforo, infraestructura digital estratégica y otras actividades que hoy no tengan desarrollo en el país o se encuentren en fase experimental o piloto.

Ese punto es clave: no cualquier proyecto nuevo entraría automáticamente en el Súper RIGI. La iniciativa está pensada para actividades económicas sin antecedentes relevantes en la Argentina o con un desarrollo todavía incipiente. Además, el texto no funciona como una lista cerrada de sectores, por lo que la autoridad de aplicación tendrá un rol decisivo al momento de evaluar qué proyectos califican y cuáles no.

Para Río Negro y la Patagonia, la discusión no es menor. La provincia viene posicionándose en el mapa energético nacional por el desarrollo hidrocarburífero, el avance del gas, la infraestructura exportadora, la minería y los proyectos vinculados al Golfo San Matías. En ese contexto, un régimen orientado a nuevas industrias podría tener impacto en iniciativas asociadas al GNL, la energía, la minería, la infraestructura portuaria, la logística, los proveedores especializados y la industrialización de recursos naturales.

La principal diferencia: el foco está en nuevas industrias

El punto que más separa al Súper RIGI del régimen vigente es el destino de las inversiones. Mientras el RIGI original abrió la puerta a grandes proyectos en sectores tradicionales y estratégicos, el nuevo régimen se concentra en actividades nuevas, emergentes o de frontera tecnológica. Esto significa que no alcanzaría solamente con ampliar una actividad existente. El espíritu del proyecto es incentivar inversiones capaces de crear una nueva rama productiva o desarrollar una cadena de valor que hoy no está instalada en la Argentina.

Por eso, la discusión no pasa únicamente por el volumen de dinero que pueda ingresar al país. También pasa por el tipo de inversión que se busca promover. No es lo mismo exportar un recurso sin transformación que instalar capacidades industriales, tecnológicas, logísticas y laborales alrededor de ese recurso.

En el caso energético, la diferencia puede ser muy concreta. Un proyecto de infraestructura tradicional puede calificar bajo el RIGI vigente. En cambio, una planta de GNL en tierra, un desarrollo vinculado al hidrógeno de bajas emisiones, una cadena petroquímica nueva o una infraestructura tecnológica de gran escala podrían analizarse bajo el Súper RIGI, siempre que cumplan con los requisitos que finalmente apruebe la ley y defina la reglamentación.

Un piso de inversión más alto

Otra diferencia clave es el monto mínimo exigido. El RIGI vigente contempla pisos de inversión que varían según el sector. El Súper RIGI, en cambio, propone un piso único mucho más alto: USD 1.000 millones por proyecto. Además, las empresas deberán ejecutar al menos el 20% de ese monto durante los primeros dos años desde la adhesión al régimen.

Esto marca una vara muy distinta. El nuevo régimen quedaría reservado para inversiones de enorme escala, con capacidad financiera internacional, largos plazos de recuperación y fuerte impacto territorial. También busca evitar que el esquema se convierta solo en una plataforma de anuncios. La obligación de invertir una parte relevante en los primeros dos años apunta a demostrar que el proyecto tiene decisión real de ejecución y no únicamente una intención futura.

Beneficios fiscales más agresivos

El Gobierno presenta al Súper RIGI como un régimen superador porque amplía los beneficios del esquema original. Uno de los cambios más importantes está en el Impuesto a las Ganancias: mientras el RIGI fija una alícuota del 25%, el nuevo proyecto la reduce al 15%.

También incorpora una amortización acelerada más favorable: 60% durante el primer año, 20% durante el segundo y 20% durante el tercero. Esto permite que las empresas recuperen fiscalmente más rápido parte de la inversión realizada, mejorando la ecuación económica de proyectos que requieren desembolsos iniciales muy altos.

A eso se suman otros beneficios, como la posibilidad de deducir quebrantos sin límite temporal, una menor carga sobre dividendos y utilidades, beneficios sobre el IVA, reducción de contribuciones patronales para nuevos empleos y ventajas en impuestos vinculados a operaciones bancarias, según los detalles difundidos sobre el proyecto.

En la práctica, el mensaje del Gobierno es claro: la Argentina busca competir con otros países por inversiones globales en sectores donde el capital compara estabilidad jurídica, carga tributaria, acceso a divisas, costos logísticos, disponibilidad de recursos y reglas de largo plazo.

Exportar sin retenciones desde el inicio

En materia aduanera, la diferencia también es fuerte. El RIGI actual prevé la eliminación de derechos de exportación a partir del tercer año. El Súper RIGI, en cambio, plantea exención de derechos de exportación desde el inicio. Contempla arancel cero para las importaciones necesarias para la puesta en marcha del proyecto, mientras que el RIGI original tiene un alcance más acotado para bienes de capital y bienes de informática y telecomunicaciones.

Este punto es central para proyectos industriales de gran escala, porque reduce costos de entrada, facilita la importación de tecnología y mejora la competitividad exportadora. Para sectores como GNL, hidrógeno, manufactura de baterías, fertilizantes, energía renovable, infraestructura digital o procesamiento de minerales críticos, el costo de importar equipos, módulos, componentes o tecnología puede definir la viabilidad económica de una inversión.

Divisas y estabilidad por 30 años

Al igual que el RIGI original, el Súper RIGI mantendría la estabilidad normativa por 30 años, una de las condiciones más valoradas por los inversores. Esa estabilidad alcanza aspectos tributarios, aduaneros, cambiarios y regulatorios. Asimismo, se mantiene el esquema de libre disponibilidad progresiva de divisas provenientes de exportaciones: 20% después del primer año, 40% luego del segundo y 100% a partir del tercero.

En la práctica esto significa que una empresa que realice una inversión bajo el régimen tendría previsibilidad de largo plazo sobre impuestos, reglas cambiarias y condiciones de exportación. Para proyectos que requieren miles de millones de dólares y plazos de recuperación extensos, esa previsibilidad es uno de los factores que más pesa en la decisión final de inversión.

Provincias y municipios: una diferencia sensible

Uno de los puntos más importantes para las provincias es que el Súper RIGI exige adhesión local. Para implementarlo, las provincias y los municipios deberán aceptar condiciones específicas: una alícuota de Ingresos Brutos de hasta 0,5% y un esquema de tasas municipales que no esté vinculado directamente a las ventas.

Esto abre un debate político y fiscal. Por un lado, el régimen busca dar previsibilidad y evitar que la presión tributaria provincial o municipal afecte la competitividad de los proyectos. Por otro lado, las jurisdicciones deberán evaluar cuánto están dispuestas a resignar en recaudación directa para atraer inversiones de gran escala.

Para provincias productoras como Río Negro, el tema es estratégico. La discusión no pasa solamente por adherir o no adherir, sino por definir bajo qué condiciones una inversión nacional o internacional se traduce en empleo, proveedores, infraestructura, actividad económica local y desarrollo territorial.

Proveedores locales: el punto que puede abrir debate

Otro cambio sensible aparece en la relación con los proveedores locales. El RIGI original contempla exigencias de contratación local, siempre que exista oferta competitiva. El Súper RIGI flexibiliza ese punto y establece que no se podrán imponer compras locales si las condiciones resultan menos favorables que las de mercado.

Desde la mirada empresaria, esto puede mejorar la competitividad y evitar sobrecostos. Desde la mirada de las provincias y de las pymes proveedoras, obliga a pensar cómo lograr que las cadenas locales puedan integrarse a proyectos de gran escala sin quedar afuera por precio, escala, financiamiento o capacidad técnica.

La pregunta de fondo es clave: cómo atraer inversiones internacionales sin que el derrame productivo quede limitado a la construcción inicial o a servicios de baja complejidad. Para que el Súper RIGI tenga impacto real en las economías regionales, el desafío será fortalecer proveedores, formación técnica, infraestructura, logística y empleo calificado.

Qué puede significar para Río Negro

Río Negro llega a esta discusión en un momento particular. La provincia está ubicada en el centro de varios procesos estratégicos: el desarrollo hidrocarburífero vinculado a Vaca Muerta, los proyectos de exportación por la costa atlántica, el avance del GNL, la minería metalífera, la infraestructura energética y el debate sobre nuevas cadenas industriales.

En ese mapa, el Súper RIGI podría convertirse en una herramienta relevante si logra atraer proyectos que no se limiten a extraer recursos, sino que permitan industrializarlos en origen o cerca de los puntos de exportación. La posibilidad de desarrollar GNL onshore, componentes para energías renovables, derivados petroquímicos, infraestructura tecnológica o procesos vinculados a minerales críticos abre una discusión que va más allá de la inversión: obliga a pensar qué tipo de matriz productiva quiere construir la provincia.

Río Negro tiene una ventaja territorial evidente: ubicación estratégica, salida al mar, cercanía con Vaca Muerta, potencial minero, infraestructura en desarrollo y una agenda energética que ya dejó de ser una promesa para convertirse en parte del debate nacional. Pero esa ventaja no alcanza por sí sola. Para que los grandes proyectos generen desarrollo real, la provincia deberá trabajar en reglas claras, planificación territorial, formación laboral, proveedores competitivos y capacidad institucional para acompañar inversiones de largo plazo.

La clave estará en no mirar el régimen solamente como un paquete de beneficios para grandes empresas, sino como una oportunidad para ordenar una estrategia territorial. Si Río Negro aspira a consolidarse como provincia energética, minera, portuaria y exportadora, necesita que cada gran inversión deje capacidades instaladas: empleo, servicios, tecnología, conocimiento, infraestructura y empresas locales con mayor capacidad de competir.

Un régimen potente, pero con debate abierto

El Súper RIGI aparece como una señal del Gobierno nacional para competir por inversiones globales en sectores donde otros países también ofrecen beneficios fiscales, estabilidad jurídica y acceso a mercados. La Argentina necesita capital para desarrollar infraestructura, industrializar recursos y aumentar exportaciones. El debate será cómo equilibrar esos incentivos con el desarrollo local, la recaudación de las provincias, el rol de los proveedores nacionales y los controles ambientales y laborales.

Por ahora, el proyecto debe ser tratado por el Congreso. Hasta que eso ocurra, el Súper RIGI no está vigente. Lo que sí queda claro es que la discusión ya empezó y que tendrá impacto directo en las provincias con recursos naturales, infraestructura exportadora y potencial para captar inversiones de gran escala.

Para Río Negro, el debate no es abstracto. La provincia está en el mapa donde la energía, el gas, la minería, los puertos y la infraestructura pueden redefinir su futuro productivo. El desafío será que cualquier régimen de incentivo, sea el RIGI actual o el Súper RIGI, no solo atraiga capitales, sino que ayude a construir desarrollo real en el territorio.

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