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14/05/2026

65 años del hospital Francisco López Lima: el sueño de un médico que fue creciendo junto a la ciudad

El hospital de Roca nació cuando todavía había calles de tierra, pocos profesionales y un puñado de pacientes que debían viajar a Allen para recibir atención. Sesenta y cinco años después, sigue siendo uno de los pilares sanitarios más importantes de la provincia.
El López Lima nació entre chacras y caminos de tierra; hoy recibe miles de consultas mensuales. Foto: archivo
El López Lima nació entre chacras y caminos de tierra; hoy recibe miles de consultas mensuales. Foto: archivo

En el hospital de complejidad 6 Francisco López Lima de Roca siempre hay alguien despierto. Mientras una guardia termina, otra empieza. En algún sector todavía quedan luces encendidas desde la madrugada. Una ambulancia entra por el acceso principal por Guardia. En Neonatología, una incubadora mantiene estable a un bebé prematuro extremo. En Salud Mental alguien prepara medicación para llevar a domicilio. En los quirófanos, la jornada ya viene cargada.

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Así funciona desde hace 65 años una de las instituciones más importantes que construyó la salud pública rionegrina. El hospital Francisco López Lima de Roca cumple este 14 de mayo un nuevo aniversario atravesado por la misma lógica que lo acompañó desde sus orígenes: una demanda enorme, crecimiento constante y la obligación de responder incluso cuando parece no alcanzar.

El crecimiento del hospital acompañó la expansión sanitaria y poblacional de Roca y Río Negro. Foto: archivo
El crecimiento del hospital acompañó la expansión sanitaria y poblacional de Roca y Río Negro. Foto: archivo

 

El hospital fue inaugurado el 14 de mayo de 1961, en un predio de cuatro manzanas ubicado sobre calle Gelonch, entre Avenida Roca y Belgrano, cuando Roca todavía tenía otra dimensión, otro ritmo y otra geografía.

Antes de eso, la atención sanitaria local se repartía entre pequeños dispensarios y derivaciones al hospital de Allen. El proyecto del nuevo hospital local había comenzado a gestarse en la década del ’40, pero estuvo paralizado durante años.

Cuando finalmente abrió sus puertas, el López Lima tenía capacidad para 120 camas y servicios de clínica médica, cirugía, maternidad y pediatría. Había equipamiento nuevo, pero faltaban médicos, enfermeros y personal especializado. En esos años, las grandes preocupaciones sanitarias de la región eran la tuberculosis, la hidatidosis y la enfermedad de Chagas.

En el centro de esa historia aparece el médico que terminó dándole nombre al hospital: Francisco López Lima.

Había llegado al Alto Valle en 1938, poco después de recibirse en la Universidad de Buenos Aires. Fue docente, piloto de avión, impulsor del Aeroclub de Roca y organizador sanitario en los primeros años de la provincia. Nacido en Buenos Aires en 1910, este hijo de un español y una argentina, soñó en grande y todo se volvió realidad.

Primero intervino el hospital de Allen en plena crisis. Después encabezó la Primera Zona Sanitaria de Río Negro y asumió la dirección del nuevo hospital roquense.

También impulsó el primer laboratorio bioquímico local y trajo uno de los primeros equipos de Rayos X de la zona, que inicialmente funcionó en su propio consultorio.

La historia del López Lima, en buena parte, también es la historia de una provincia que estaba aprendiendo a organizarse.

Docente, piloto y organizador sanitario: Francisco López Lima dirigió el hospital de Roca entre 1961 y 1964. Foto: archivo
Docente, piloto y organizador sanitario: Francisco López Lima dirigió el hospital de Roca entre 1961 y 1964. Foto: archivo

 

Mientras Río Negro se provincializaba, el hospital crecía junto al sistema público. Primero llegaron las salas básicas. Después la escuela de enfermería que formó personal para toda la región. Más tarde aparecieron las terapias intensivas, los centros periféricos, las residencias y las especialidades de alta complejidad.

Con el paso de las décadas, el hospital dejó de ser únicamente el hospital de Roca. Hoy es uno de los hospitales cabecera más importantes de Río Negro y centro de derivación regional para múltiples especialidades.

Recibe pacientes de todo el Alto Valle, de localidades de Línea Sur y de parajes alejados. En determinadas áreas, como Neonatología, embarazos de alto riesgo y terapia intensiva pediátrica, la cobertura se extiende mucho más allá de la ciudad.

En 2021, cuando cumplió 60 años en plena pandemia de COVID-19, el hospital contabilizaba 66 servicios, alrededor de 850 trabajadores y unos 450 integrantes del área de enfermería. Ese crecimiento también puede medirse en sus áreas más sensibles.

La vieja nursery de los primeros años se transformó con el tiempo en una de las áreas de Neonatología más importantes de la provincia. La Neo pasó de siete a 24 camas y el hospital consolidó la única Unidad de Terapia Intensiva Pediátrica de la región.

En 2007 recibió el reconocimiento internacional de “Hospital Amigo de la Madre y el Niño”, otorgado por el ministerio de Salud de Nación, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud.

Una de las ampliaciones más grandes de su historia fue la inaugurada en 2015. Ese año se incorporó un nuevo Centro Quirúrgico-Obstétrico con tres quirófanos de alta complejidad, un quirófano obstétrico, salas de parto, áreas de internación de maternidad y nuevos espacios de apoyo.

La obra sumó más de 2.200 metros cuadrados y reforzó especialmente las áreas de maternidad, Neonatología y cirugía.

Una década después, el hospital volvió a sumar tecnología clave para evitar derivaciones. En 2025 incorporó un equipo de hipotermia terapéutica neonatal, utilizado en emergencias neurológicas graves en recién nacidos. Hasta entonces, muchos de esos pacientes debían ser derivados al hospital Castro Rendón de Neuquén. Ese mismo año, además, el hospital obtuvo el tercer puesto en un concurso latinoamericano de investigación en cuidados intensivos pediátricos realizado en México.

Pero el López Lima no se mueve únicamente en quirófanos, guardias y terapias intensivas. En los últimos años también se consolidó un fuerte trabajo territorial.

El área de Salud Mental sostiene atención interdisciplinaria, talleres terapéuticos, dispositivos comunitarios, seguimiento domiciliario y una casa de convivencia asistida para pacientes sin red familiar. Actualmente el hospital articula además con 14 Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS), muchos de ellos en barrios alejados del centro. Esa descentralización modificó incluso el perfil de la guardia. Según datos difundidos este año por la dirección del hospital, actualmente se atienden entre 3.600 y 3.700 consultas mensuales por guardia y las cirugías crecieron a más de 300 por mes.

En la vida cotidiana del hospital también cumple un rol importante la cooperadora, que históricamente acompaña campañas, actividades solidarias y eventos para recaudar fondos, como las peñas comunitarias que todavía hoy siguen organizándose.

Por eso, mientras el hospital continúa funcionando todos los días, también avanzan tareas permanentes de refuncionalización, mantenimiento y obras parciales. Incluso existe un proyecto para desarrollar un nuevo hospital de aproximadamente 18.000 metros cuadrados en el mismo predio actual.

Pero hay algo que no cambió demasiado desde 1961. El López Lima sigue funcionando como una enorme maquinaria humana. Una institución donde conviven médicos, enfermeros, camilleros, residentes, choferes, mucamas, operadores de Salud Mental, técnicos, administrativos y personal de mantenimiento.

Un hospital atravesado por las dificultades de cualquier sistema público, y por discusiones permanentes sobre recursos, salarios y demanda. Pero también un hospital que, 65 años después de aquella inauguración entre chacras y caminos de tierra, sigue siendo uno de los lugares donde Río Negro intenta resolver lo más urgente. Sin duda ahí está parte de la historia del hospital, en la capacidad de haber crecido junto a Roca y seguir sosteniendo, todavía hoy, buena parte de la salud pública de la provincia.

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