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08/02/2026

Nuevas variedades de peras y manzanas: ¿sirven para adaptarse al cambio climático?

El esquema mixto permite sostener variedades ampliamente conocidas por el mercado, al tiempo que se prueban variedades con más capacidad de adaptación frente al cambio climático.
Las chacras atraviesan un proceso de recambio de variedades de peras y manzana. (Foto Tania Domenicucci)
Las chacras atraviesan un proceso de recambio de variedades de peras y manzana. (Foto Tania Domenicucci)

De manera lenta pero sostenida, las chacras del Alto Valle atraviesan un proceso de recambio de variedades de peras y manzanas. La decisión apunta a la necesidad de seguir produciendo en un contexto climático cambiante y agresivo, además de responder a las demandas del mercado. 

Diego Agustín González, ingeniero agrónomo egresado de la Facultad de Ciencias Agrarias y docente de la Universidad Nacional del Comahue, trabaja desde hace años en el estudio del cambio climático y su impacto en los sistemas productivos regionales.

Sobre este fenómeno, en principio explicó que la fruticultura “se ha ido concentrando en grandes empresas que tienen una visión comercial, producir variedades que sean principalmente exportables”. Esto se traduce en un modelo de mercado donde la fruta tiene que ser más resistente y más fácil de vender, además de cumplir con todos los requisitos de exportación. 

(Foto Tania Domenicucci)

En las chacras de Brevi en la ciudad de Allen, por ejemplo, conviven distintas variedades de peras y manzanas. En pera la cosecha empieza con Red Clapp y continúa con Williams, Abate, Red Bartlett o Sensation que es una coloración de la pera Williams de tono rojo, Anjou y, finalmente, Packham.

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En manzana la temporada la empiezan con Bluefields, sigue con Washington, Red Chief y Chañar, para luego seguir con Granny Smith, Braeburn y cierran con Pink Lady en mayo.

Este esquema mixto permite sostener variedades ampliamente conocidas por el mercado, como es el caso de la pera Williams o la manzana Red Chief, al tiempo que se prueban otras con más capacidad de adaptación frente a nuevas condiciones climáticas.

Según los últimos datos publicados, “el recambio de variedades todavía sigue siendo mínimo y en todo el Alto Valle continúan primando las variedades típicas, tanto de manzana como de pera”.

(Foto Tania Domenicucci)

Esto es así porque las decisiones en fruticultura son a largo plazo, con inversiones que duran al menos 30 años, por lo que “el recambio varietal se va haciendo en un lapso de tiempo no menor a ese, además de que es una inversión muy grande hasta que el frutal empieza a producir de manera óptima y sostenida”, sostuvo el ingeniero. 

El cambio está en marcha y desde las ciencias agrarias prestan atención y estudian cómo podrían impactar estas modificaciones. González resaltó que un punto a tener en cuenta es el requerimiento de frío invernal para la producción. 

“Los frutales de manzana y pera son de hoja caduca y necesitan acumular frío invernal. Lo que estamos viendo es que el aumento de temperaturas durante todo el año también se da en invierno”, explicó.

En ese contexto, el equipo de investigación se pregunta qué podría ocurrir con la disponibilidad de frío invernal en la región patagónica. “Hay variedades que tienen un requerimiento de frío menor a las que usamos acá y ese puede ser otro elemento a tener en cuenta para elegir el cambio varietal”, señaló, aunque aclaró que por ahora solo existen primeras estimaciones y que se trata de una investigación en curso.

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