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09/12/2025

Con la llegada del calor, la presencia de cotorras vuelve a sentirse en el Alto Valle y preocupa por los daños en frutales

En los últimos años, técnicos, productores y organismos provinciales vienen siguiendo de cerca el avance de la cotorra en la región, una especie que logró adaptarse con facilidad al clima y a las condiciones del valle.
La presencia de cotorras también se ha intensificado en las zonas urbanas de Roca. Foto: Tania Domenicucci - ANR
La presencia de cotorras también se ha intensificado en las zonas urbanas de Roca. Foto: Tania Domenicucci - ANR

Con el avance de la temporada cálida, la presencia de cotorras en el Alto Valle vuelve a hacerse notar tanto en zonas productivas como urbanas. La aparición de estas aves no es nueva, pero cada verano su aumento genera mayor inquietud entre productores, especialistas y vecinos, que advierten un crecimiento sostenido de la población y un impacto cada vez más marcado sobre los frutales. La cotorra, también conocida como "cata", encuentra en esta época del año las mejores condiciones para alimentarse, reproducirse y trasladarse entre distintos sectores del valle, lo que explica su fuerte presencia en chacras, arboledas urbanas y espacios verdes.

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A comienzos de este año, la provincia de Río Negro declaró oficialmente a la cotorra como especie perjudicial para la producción, una medida adoptada por el Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo, a través de la Subsecretaría de Fauna. La resolución surgió del trabajo de una mesa interinstitucional integrada por el propio Ministerio, el INTA, la provincia de Neuquén, cámaras frutícolas, productores y especialistas en fauna.

En ese momento, el organismo provincial explicó que “en las últimas temporadas viene aumentando el número de denuncias de productores por los daños provocados por las cotorras”, y que esas aves generan “perjuicios significativos en flores, brotes y frutos en desarrollo o listos para la cosecha”, afectando especies de pepita, carozo y frutos secos. También remarcaron que atacan en bandadas, dejando a su paso un impacto devastador que compromete la productividad económica de las explotaciones. El fenómeno se repite en todo el Alto Valle, Valle Medio y Valle Inferior del norte de la Patagonia, donde se observan frutas mordidas y destruidas, un escenario que afecta tanto la calidad como la cantidad de la producción.

Frutos que fueron dañados por cotorras
Frutos del Alto Valle que sufrieron daños. 

Desde el INTA explican que el daño que provocan las cotorras no solo se limita al momento de cosecha: además de picotear la pulpa de la fruta, se alimentan de la semilla o pepa, y en época de floración consumen las yemas hinchadas y se llevan brotes para armar sus nidos. Investigaciones realizadas en la región muestran que muchas colonias se instalan cerca de ríos o cursos de agua y desde allí se desplazan diariamente hacia las chacras en busca de alimento. Su capacidad de volar entre 3 y 5 kilómetros desde los nidos en primavera-verano, y hasta 24 kilómetros en épocas más frías, les permite abarcar amplias zonas y trasladarse con rapidez entre distintos puntos del valle.

En los últimos años, productores del Alto Valle han advertido pérdidas crecientes. Algunas estimaciones indican que los perjuicios alcanzan entre el 30% y 35% de la producción en sectores más afectados, especialmente en cultivos de pepita, carozo, frutos secos y vid. En chacras de almendros, por ejemplo, se han registrado caídas masivas de frutos con daños visibles, mientras que la presencia de nidos aumenta tanto en áreas rurales como periurbanas, confirmando la consolidación de la plaga en la región.

Si bien existen herramientas de ahuyentamiento, su efectividad depende del nivel de presión que exista en la zona y de la combinación de métodos. El INTA recomienda utilizar dispositivos auditivos y visuales de manera simultánea, aunque aclara que las cotorras suelen acostumbrarse en pocos días y es necesario rotar estrategias y sumar acciones coordinadas para mantener los efectos. En algunos casos se aplican técnicas de protección física de cultivos, como redes antí-pájaros, aunque su implementación requiere planificación y recursos.

Momento en que las aves quitan el fruto que da la flor del árbol. Foto: Tania Domenicucci - ANR
Momento en que las aves quitan el fruto que da la flor del árbol. Foto: Tania Domenicucci - ANR

En zonas urbanas, la presencia creciente también se hace visible. Vecinos de Roca han observado bandadas instalándose en árboles altos, generando molestias auditivas y provocando roturas de ramas por el peso de los nidos colectivos o porque suelen obtener los frutos de especies conocidas como "árbol del paraíso"  (Melia azedarach). Aunque la problemática afecta principalmente al sector productivo, su avance hacia el casco urbano refleja la capacidad de adaptación de la especie y las condiciones favorables que encuentra para reproducirse.

En el plano sanitario, las Unidades Regionales de Epidemiología y Salud Ambiental (URESA) indicaron que, si bien las cotorras pueden transmitir Psitacosis si están infectadas, no se han registrado casos recientes asociados a estas aves en la región. De todos modos, remarcaron que no deben capturarse ni tenerse como mascotas, una recomendación que se sostiene como medida preventiva básica desde Salud Pública.

Con el calor instalado y los frutales en pleno desarrollo, la presencia de cotorras vuelve a poner en evidencia una problemática que se repite y se profundiza cada temporada. Para los productores, el desafío ya no es solo espantar a las aves, sino sostener la producción frente a una especie que encontró en el norte patagónico un escenario ideal para expandirse. Para los vecinos, en tanto, su llegada marca el comienzo de una época en la que su presencia —con ruidos, nidos y bandadas— se vuelve inevitable.

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