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Día del Agrónomo

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06/08/2025

Cómo una máquina frutícola cambió el trabajo rural en el Alto Valle

El ingeniero Carlos Magdalena recordó su trayectoria y el rol clave del INTA en la historia productiva del país. Habló sobre tecnología, futuro, sostenibilidad y el riesgo que enfrenta hoy la institución donde se formó y trabajó durante más de 40 años.
Carlos Magdalena, ingeniero agrónomo con más de cuatro décadas de trayectoria en el INTA y referente en innovación para la fruticultura. Foto (Archivo)
Carlos Magdalena, ingeniero agrónomo con más de cuatro décadas de trayectoria en el INTA y referente en innovación para la fruticultura. Foto (Archivo)

Este 6 de agosto en el día del Ingeniero Agrónomo, Carlos Magdalena recordó su llegada al Alto Valle como becario en 1983, repasó su trayectoria en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y advirtió sobre el riesgo de desmantelar una de las pocas políticas de Estado que siguen vigentes. También el reconocido profesional habló del impacto de la mecanización en la fruticultura, la inclusión laboral, el abandono del campo y los desafíos que enfrenta la producción regional.

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Hoy, a sus 67 años y ya jubilado, Magdalena sigue vinculado al sector agropecuario. Su trayectoria es amplia: trabajó en innovación maquinaria para fruticultura, fue investigador, director de la Estación Experimental Alto Valle INTA y director regional del Instituto. Desde allí lideró proyectos de innovación tecnológica que ganaron premios nacionales y cambiaron la forma de cosechar y podar en el Valle, ofreciendo alternativas.

En sus primeros años, el ingeniero trabajaba en Buenos Aires y, como él mismo recuerda, se vino “con lo puesto, como nos venimos todos los becarios que somos de otro lugar”. Se formó en la Universidad Nacional de La Plata, donde además realizó una maestría, y luego completó su doctorado en Maquinaria Agrícola en España.

Los desarrollos de los que participó “cambiaron la historia de la cosecha y de la poda de la fruticultura” en la región. Junto a la empresa Pacima, radicada en la ciudad de Villa Regina, Magdalena diseñó una plataforma de trabajo, -para poda y cosecha-, que recibió el premio CITA de Oro.

El desarrollo no solo mejoró la productividad: también tuvo un impacto social. “Antes, por la cuestión del peso de las escaleras y la calidad del trabajo, no había mujeres en el sector primario. Sí en el empaque”, explicó.

También destaca que las nuevas tecnologías no quitan trabajo: “No reemplazan operarios, los cuidan. Disminuyen los accidentes, incluyen a personas mayores, mejoran la productividad y la calidad del trabajo”.

La ruralidad que retrocede y los jóvenes que no vuelven

Respecto del abandono de los espacios rurales por parte de los jóvenes, Magdalena señaló que para revertir esa tendencia se necesitan políticas públicas sostenidas: “Tendría que haber oportunidades para los jóvenes, capacitación, escuelas secundarias, medios de transporte, caminos que no los dejen aislados, comunicación, internet”

“Los chicos no vuelven a las chacras porque no hay condiciones. Si tuvieran herramientas, algunos elegirían otra vez esa vida. Pero hoy migran a las ciudades, como sucede en todo el mundo. Hasta en China, más del 50% de la población vive por primera vez en ciudades”, reflexiona.

Fruticultura y petróleo

Consultado por la coexistencia entre fruticultura y petróleo en los valles, Magdalena explica: “Las actividades extractivas no son neutras ni sostenibles. No podemos hipotecar el futuro. Cuando no haya más petróleo, nuestros nietos deberían heredar una región no contaminada y con una estructura productiva viva”.

Cree que el sector frutícola puede ser parte de una economía sostenible, pero advierte que la planificación urbana falló: “Cada metro de tierra productiva que se pierde por barrios o rutas mal ubicadas es una oportunidad que no vuelve. Faltó visión de largo plazo. El valle todavía tiene tierra y agua, pero hace falta rentabilidad y planificación”.

La historia del INTA

En el día del Ingeniero Agrónomo se conmemora la creación de la primera carrera agropecuaria, en 1883, en Santa Catalina. Y en este momento Magdalena recuerda con orgullo la Chacra Experimental de J.J. Gómez, precursora del INTA y testigo de 112 años de historia productiva en Río Negro.

“Esa estación experimental trajo las primeras colecciones de manzanas y peras. Fue parte del nacimiento del Alto Valle. El INTA, desde 1956, es una política de Estado que ayudó a crecer a este país. Hoy está en riesgo y eso es gravísimo”, advierte.

En el transcurso de la nota, el agronómo se refirió al Instituto y expresó: “El INTA está en peligro, y con él, una de las pocas políticas de Estado que quedan en pie”.

“Lo que está pasando no tiene nombre: se disolvió el Consejo Directivo, se echaron directores elegidos por concurso, y nadie lo había hecho antes, ni con más ni con menos presupuesto. Es momento de defender al INTA, porque defenderlo es defender el futuro productivo y científico de Argentina”.

Centro de Capacitación del INTA en Guerrico. Foto (Archivo)
Centro de Capacitación del INTA en Guerrico. Foto (Archivo)

 

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