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Historias

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27/03/2025

Un legado roquense de la fruticultura y tres generaciones que resisten

En la conocida chacra Ferracuti, José Alberto García, integrante de una familia chacarera del Alto Valle, busca sobrevivir ante un futuro incierto para la producción.
El ingreso a una de las pocas chacras productivas que quedan en pie.  (Tania Domenicucci- ANR)
El ingreso a una de las pocas chacras productivas que quedan en pie. (Tania Domenicucci- ANR)

Las manos de José Alberto García han recorrido cada rincón de la chacra Ferracuti de General Roca. Han sostenido con esfuerzo la tierra fértil como lo hicieron sus abuelos cuando llegaron desde España. Pero hoy, a sus 62 años, siente que el legado de tres generaciones está en peligro. Como tantos otros productores, enfrenta un panorama adverso que amenaza a la actividad frutícola de todo el Alto Valle. Mientras, en la chacra, nada detiene la cosecha de las últimas variedades de manzanas. 

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La historia familiar de José García comenzó a principios del siglo XX, cuando su abuelo paterno, con tan solo 18 años, arribó a la región en 1900 y participó en la construcción del canal grande en Contralmirante Cordero, a lo largo de 80 kilómetros con solo un pico y una pala. Luego, su familia comenzó con la cosecha de viñedos, hasta que finalmente se dedicó a la fruticultura.

Hoy, continúa con esa importante herencia en la chacra ubicada sobre la calle Lago Lacar, a metros de la Ruta Nacional 22. Sin embargo, sus hijos han tomado otros caminos y, con resignación, reconoce que no puede obligarlos a continuar con la actividad. "Lo digo con mucho dolor, por mis abuelos que llegaron desde España y comenzaron con las cosechas. El panorama está complicado, es difícil lo que se viene.  Uno seguirá hasta donde pueda", expresó en diálogo con ANR. 

José junto a la cosecha realizada de manzanas. Foto: (Tania Domenicucci- ANR)

A las dificultades de siempre, como el clima y las plagas, se suman nuevos desafíos que amenazan la producción. Uno de los más preocupantes es la venta de tierras fértiles para la construcción de barrios privados, un fenómeno que para él representa una pérdida invaluable. "El Valle se conoció por la producción de peras y manzanas, mi padre ha traído gente de España e Italia que se quedaba asombrada por las tierras que había", recordó con nostalgia.

Pero la crisis no solo pasa por la reducción de tierras productivas. También se trata de números que no cierran. José indicó que el costo de producción de peras y manzanas asciende a 32 centavos de dólar por kilo, mientras que ellos reciben apenas 27 centavos. "Debería haber políticas diferentes", sostuvo al mismo tiempo que aseguró no haber recibido respuestas a los tantos pedidos que han realizado a los gobernantes. 

A esto se suma la dificultad de mantener el sistema de riego en condiciones y el encarecimiento de insumos esenciales, como la malla antigranizo, cada vez más necesaria debido a la creciente intensidad de las tormentas. "Mantener el sistema de riego es muy difícil también. Veo la situación muy oscura en un futuro cercano", advirtió.

Junto a los trabajadores de su chacra. Foto: (Tania Domenicucci- ANR)

García estima que en la región quedan apenas 1.000 productores primarios, una cifra que disminuye año tras año. "Es una lástima que se pierda el Alto Valle, que era el jardín de Río Negro", exclamó con pesar, viendo cómo la actividad que forjó la identidad de la región se va desdibujando. Puso en valor el lugar que ocupa la cooperativa para poder subsitir ya que "sin esa integración todo sería aún más complicado"

A pesar de todo, sigue trabajando. Su compromiso con la tierra no se mide solo en frutos, sino en historia, en sacrificios, en la herencia de sus abuelos y de su padre. "Seguiré hasta donde pueda", mencionó, aunque la incertidumbre le pese. Su tono dió cuenta del valor simbólico y emocional, ya que cada árbol de su chacra hay más que producción: hay raíces profundas que cuentan la historia de su familia y de un Valle que, a pesar de todo, sigue resistiendo.

 

Fotos y video:  (Tania Domenicucci- ANR)

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