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05/03/2025

Cuántos minutos hay que caminar por día para tener una vida saludable

Un estudio comprobó que caminar más marca una clara diferencia en la longevidad y calidad de vida al lado del sedentarismo. 

El ser humano está hecho para moverse. Desde siempre, la actividad física fue necesaria para sobrevivir: cazar, recolectar y trasladarse grandes distancias eran tareas cotidianas. Sin embargo, la vida moderna redujo drásticamente el movimiento diario, imponiendo un estilo de vida cada vez más sedentario.

Un dato revelador pone en evidencia el impacto de la falta de actividad: los carteros viven más que los empleados administrativos. Así lo demostró el epidemiólogo británico Jeremy Morris en 1950, quien analizó la salud de dos grupos de trabajadores: los carteros, que caminaban largas distancias diarias, y los administrativos, que permanecían sentados la mayor parte de su jornada laboral.

Los resultados fueron claros. Los carteros presentaban menores tasas de enfermedades cardíacas y una esperanza de vida superior a la de los oficinistas. Morris concluyó que el factor clave era la actividad física diaria. Esto marcó un antes y un después en los estudios sobre el impacto del sedentarismo en la salud, con nuevos análisis al respecto.

La ciencia ha demostrado que caminar con regularidad puede ser una de las estrategias más efectivas para prevenir enfermedades crónicas. Se comprobó que las personas activas tienen menos riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, afecciones cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.

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Además, el ejercicio regular no solo prolonga la vida, sino que también mejora la calidad de los años vividos. Según un artículo de Infobae y con el aval del Dr. Daniel Lopez Rosetti, se considera que una persona es sedentaria si camina menos de 150 minutos por semana.

La falta de movimiento tiene serias consecuencias a largo plazo: afecta el metabolismo, dificulta la circulación sanguínea y debilita el sistema cardiovascular. Investigaciones recientes demostraron que la inactividad física puede ser tan perjudicial como el tabaquismo y que incrementa significativamente el riesgo de muerte prematura.

El impacto del movimiento no se limita a la longevidad. Quienes incorporan caminatas en su rutina diaria suelen tener más energía, duermen mejor y preservan su función cognitiva con el paso de los años. La actividad física regular está relacionada con una menor incidencia de trastornos neurodegenerativos, como el Alzheimer.

La solución al sedentarismo es simple: moverse más. Para conseguir beneficios, necesitamos sumar al menos 150 minutos de caminata semanal (entre 21-22 minutos por día según estos cálculos). No es necesario realizar ejercicios extremos ni correr maratones. Caminar a un ritmo constante, pero sin llegar a trotar, es suficiente.

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Un indicador útil para medir la intensidad adecuada es la capacidad de hablar o incluso cantar sin dificultad al caminar. Esta simple acción, que parece trivial, puede marcar la diferencia entre una vida saludable y una plagada de enfermedades prevenibles.