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05/09/2026

Murió Carlos “Loco” Iglesias: de las canchas de Roca a una vida entera dedicada al básquet

Tenía 70 años y su muerte comenzó a conocerse este sábado en el ambiente del básquet. Fue protagonista de los primeros años de Deportivo Roca y construyó luego una extensa carrera como jugador y entrenador en Chile.
Carlos “Loco” Iglesias con la camiseta de Temuco, durante sus años como jugador en el básquet chileno. Foto: archivo
Carlos “Loco” Iglesias con la camiseta de Temuco, durante sus años como jugador en el básquet chileno. Foto: archivo

La noticia comenzó a correr este sábado en el ambiente del básquet y rápidamente cruzó la cordillera. Carlos Osvaldo “Loco” Iglesias murió a los 70 años y su partida provocó numerosas muestras de pesar en Chile, el país donde construyó buena parte de una enorme trayectoria deportiva, pero también en Roca, una ciudad estrechamente ligada a sus primeros años dentro de una cancha.

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Iglesias fue jugador, entrenador, campeón y formador. Pero mucho antes de convertirse en una figura reconocida del básquet chileno, su nombre ya era parte de una generación que dejó huella en el deporte roquense.

Hay registros que permiten volver más de medio siglo atrás. En 1974, cuando Deportivo Roca daba sus primeros pasos, Iglesias ya aparecía entre sus figuras. Provenía de Tiro Federal y aquel año fue protagonista de uno de los primeros clásicos ante Del Progreso: anotó 27 puntos en el triunfo naranja por 67 a 57. Ese equipo terminaría consagrándose campeón invicto, con seis victorias en seis partidos.

No sería una escala menor dentro de su historia. Roca quedó ligada para siempre a una carrera que, pocos años después, tomaría otro rumbo.

El “Loco” que cruzó la cordillera

En 1977 Iglesias llegó a Chile y comenzó una etapa que terminaría ocupando buena parte de su vida. Su primera camiseta fue la de Unión Deportiva Española de Temuco, club al que arribó recomendado por Rufino Bernedo, una de las grandes figuras de la historia del básquet chileno.

Su llegada no pasó inadvertida. Años después, Gregorio Santos, histórico dirigente de la institución, lo resumiría de una manera contundente: Iglesias era capaz de ganar partidos prácticamente por sí solo y fue uno de los grandes extranjeros que pasaron por el básquet de ese país.

Jugó también para Salesianos de Valdivia y Universidad de Concepción y, en 1988, obtuvo la nacionalidad chilena.

Pero retirarse como jugador no significó alejarse de las canchas. Iglesias trasladó al banco de suplentes la misma intensidad con la que había vivido el juego desde adentro.

Dirigió, entre otros equipos, a Unión Deportiva Española, Universidad de Temuco, Ancud, Puente Alto, Puerto Varas, CEB Puerto Montt y Español de Talca. También integró cuerpos técnicos de las selecciones chilenas masculinas y femeninas.

Como entrenador consiguió dos títulos que quedaron entre los grandes hitos de su carrera: fue campeón de la Dimayor en 1994 con Universidad de Temuco y volvió a consagrarse en la temporada 2012-2013, esta vez al frente de Español de Talca.

Quienes pasaron por sus equipos suelen recordar algo más que los resultados. Iglesias gesticulaba, discutía, gritaba, alentaba y vivía cada partido con una intensidad que terminó haciendo inseparable su apellido del apodo que lo acompañó durante décadas: el “Loco”.

Una “bendita locura”

A comienzos de este año, cuando su salud ya atravesaba un momento difícil, su historia volvió a reunir a buena parte de la familia del básquet chileno.

En enero fue presentado en Temuco, Chile, “Iglesias, bendita locura”, un libro de 351 páginas escrito por Carlos Álvarez, entrenador, académico y amigo suyo. La obra reunió anécdotas, recuerdos y buena parte de una carrera demasiado extensa como para caber fácilmente en un libro.

Para entonces llevaba alrededor de dos años enfrentando un cáncer agresivo y la recaudación obtenida con la venta de los ejemplares fue destinada a colaborar con su tratamiento.

En aquella presentación habló poco de títulos y mucho del acompañamiento que estaba recibiendo. Dijo que el cariño de la gente le daba fuerzas y agradeció especialmente a su familia.

Este sábado 5 de septiembre, la noticia de su muerte comenzó a conocerse dentro del ambiente del básquet y luego fue confirmada y difundida en Chile. Desde Temuco, la ciudad en la que había elegido radicarse junto a su familia, llegaron también las despedidas.

La Municipalidad de esa ciudad lo recordó como una figura histórica del básquet local y un referente de pasión, entrega y resiliencia, y destacó que su huella quedará en la memoria deportiva de la comunidad. Para Roca, sin embargo, la historia permite retroceder todavía un poco más.

Hasta aquellas canchas de los años 70. Hasta Tiro Federal. Hasta aquel Deportivo Roca que recién nacía y un jugador que ya sobresalía. Antes de los campeonatos en Chile, de las selecciones, de los bancos de suplentes y de convertirse en una figura del básquet trasandino, Carlos Iglesias había empezado a escribir acá una historia que terminaría siendo mucho más grande.

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