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16/07/2026

Venció al cáncer dos veces, se mudó a Roca y encontró en la cerámica una nueva forma de ver el mundo

Monica abrió en diciembre del año pasado las puertas de su taller sobre calle Vintter, en Stefenelli. A día de hoy combina la producción de cerámica artesanal con clases para las infancias, apostando por el oficio, la identidad local y el encuentro comunitario.
Desde su taller sobre calle Vintter, en Stefenelli, Mónica Ceballos elabora piezas artesanales y transmite su pasión por la cerámica a vecinos de todas las edades. Foto Tania Domenicucci-ANR
Desde su taller sobre calle Vintter, en Stefenelli, Mónica Ceballos elabora piezas artesanales y transmite su pasión por la cerámica a vecinos de todas las edades. Foto Tania Domenicucci-ANR

Por Agustín Aroca

Mónica Ceballos tiene 52 años, es ceramista desde hace más de una década y hace menos de un año eligió comenzar una nueva etapa en Roca y en Stefenelli. Después de atravesar dos veces un cáncer de mama, abrió el Taller Newen, donde el barro se convirtió en una herramienta para sanar y hoy también acompaña a decenas de niños del barrio a descubrir el arte con sus propias manos.

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A simple vista, el torno gira y el barro comienza a tomar forma en manos de Mónica. Desde la vereda de Vintter al 500, en pleno corazón de Stefenelli, los vecinos suelen detenerse a mirar cómo una masa de arcilla se transforma lentamente en una taza, un plato o una escultura. Del otro lado del vidrio está Mónica Ceballos, de 52 años, concentrada en su trabajo. Pero detrás de cada pieza hay una historia mucho más profunda que la de una artesana: hay una mujer que venció dos veces al cáncer, dejó atrás una vida entera en Allen y eligió General Roca para empezar de nuevo.

"Hoy siento que ya di vuelta la página, estoy escribiendo una nueva historia", resumió en diálogo con ANR, mientras acomoda algunas de las obras que llenan el taller que abrió hace pocos meses y que bautizó Newen, una palabra mapuche que significa fuerza.

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"En un mundo de plástico, yo quiero ser de barro", resumió Mónica Ceballos mientras daba forma a una nueva pieza en su taller. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

Mucho antes de convertirse en referente de la cerámica en el Alto Valle, Mónica trabajó en el sector frutícola. Recorrió durante años el Alto Valle desempeñándose en una juguera, hasta que el cierre de la empresa desencadenó un fuerte cuadro de estrés. Buscando desconectarse viajó a Mendoza para visitar amigas y allí, una de ellas, alfarera, la invitó a sentarse frente a un torno.

Mientras su amiga daba clases dejó a Monica probar el torno y ahí, según comentó "sintió algo muy difícil de explicar". Monica explicó que el torno te centra, te ubica y te marca un eje. Cuando terminó de probar por primera vez la actividad, sintió que eso quería replicarlo para que todo el mundo pudiera vivir esa experiencia y ese momento cambió por completo su vida. De regreso en el Alto Valle comenzó a buscar dónde estudiar cerámica, recorrió escuelas y terminó impulsando la creación de una escuela municipal de cerámica en Allen.

Desde entonces nunca dejó de perfeccionarse. "Esto es un oficio, se aprende de maestro a maestro, hoy tengo la posibilidad de capacitarme dos veces por semana con profesores de la Escuela de Cerámica de Avellaneda gracias a la virtualidad. Siempre hay alguien que sabe un poco más y te sigue enseñando", explica.

Entre todas las obras que realizó, Mónica asegura que la más significativa nació durante el duelo por la muerte de su padre. Se trata de una serie de tres esculturas que comenzó a crear como una forma de atravesar ese proceso y que hoy conserva como una de las producciones más importantes de su carrera.

Actualmente trabaja en una nueva trilogía inspirada en su experiencia con el cáncer, donde busca representar el vínculo con sus hijos y la búsqueda permanente de su padre. "Uno de mis hijos tiene un colibrí, el otro una mariposa, porque siempre se dice que esos animales traen a los seres queridos de otro plano. Y yo me hice una escalera que va al corazón, me parecía una imagen muy linda, porque siempre hay que seguir subiendo, ir más profundo y buscar ahí adentro", expresó.

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Mónica Ceballos junto a una de las obras más significativas de su carrera, una serie de esculturas nacida durante el duelo por la muerte de su padre. Foto ANR

 

La enfermedad que cambió su manera de vivir

Mónica atravesó el cáncer de mama por primera en 2024 y logró superarlo. Exactamente diez años después, como le habian advertido los medicos, la enfermedad reapareció. "Me habían dicho que podía volver una década después, nunca imaginé que fuera tan exacto" afirmó, poniendo foco en la importancia de realizarse controles. Según contó Mónica, el cáncer llegó a su vida para "decirle que bajara un cambio", explicando que ella estaba viviendo para sobrevivir el día a día. "Ahora busco hacer una cerámica que me conecte con lo profundo, con lo mejor de mí, quiero dejar algo que tenga sentido", reflexiona.

A Roca llegó, en gran parte, por sus tratamientos que no podía recibir en su ciudad natal, Allen, destacando el acompañamiento recibido durante el tratamiento. "Estoy acá gracias a los controles a tiempo y gracias a la doctora Sosa, del Hospital de General Roca. Uno de los motivos por los que me mudé fue justamente la atención del hospital público, tengo todo cerca y me siento muy cuidada", afirma.

Después de finalizar la quimioterapia, tomó una decisión que venía madurando desde hacía tiempo: dejar Allen y empezar otra etapa. Llegó a Stefenelli en la primavera del año pasado sin conocer demasiado el barrio. Al recorrer la calle Vintter encontró el local donde hoy funciona el taller y sintió que era el lugar indicado.

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Una de las creaciones más originales de Mónica Ceballos fue elaborada íntegramente con cenizas de asado, un material poco habitual. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

"Entré por Vintter y me enamoré. Vi el movimiento, la cantidad de gente, conseguí este local y sentí que acá tenía que estar", recordó sobre cómo llegó al local actual ubicado sobre calle Vintter. Aunque instalar el horno, realizar las conexiones eléctricas y completar las habilitaciones comerciales le llevó varios meses, finalmente pudo abrir las puertas antes de terminar el año 2025. Desde entonces Mónica aseguró que el barrio no dejó de sorprenderla."Me recibieron con los brazos abiertos, los vecinos me cuidan, me miman, me invitan a los cumpleaños de sus hijos, me siento la abuela del barrio", dijo entre risas.

Cuando llegó a Roca ella imaginaba formar un grupo de investigación con adultos para experimentar nuevos esmaltes y colores, sin embargo, la realidad fue completamente distinta. "Yo pensaba trabajar con gente grande y de golpe me encontré con un montón de chicos, tuve que cambiar toda la cabeza", contó sobre el taller de niños, que actualmente cuenta con 28 niños y niñas. Hoy el Taller Newen recibe principalmente a niños del barrio, muchos de ellos alumnos de la escuela cercana, e incluso a chicos con discapacidad que encontraron allí una propuesta artística adaptada.

"Ellos llegan caminando porque les queda cerca, ninguno abandonó desde que empezó, se sienten cómodos y yo también", relató y ahora, explicó que su objetivo no es que los chicos hagan simples figuras de barro, si no que cada uno busque volver a su casa con una pieza útil, bien terminada y algo de lo que puedan sentirse orgulloso.

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Mónica junto a Celina, Joaquin y Delfina, 3 de los 28 alumnos que tiene actualmente. Foto ANR

 

"Quiero que lleguen con un plato o una tabla hecha por ellos y que después la familia la use todos los días, cuando los padres me mandan fotos usando esas piezas, siento que valió la pena", aseguró.

Además de enseñar, Mónica trabaja siempre con arcillas extraídas de la región, cenizas de asado y elementos inspirados en Paso Córdoba para crear piezas con identidad local. Consultada por su decisión, explicó que actualmente le cuesta encontrar una artesanía que diga Roca o Stefenelli. "Creo que tenemos todo para construir una identidad propia utilizando los materiales que tenemos literalmente abajo de nuestros pies" explicó sobre porqué usar materia prima del Valle.

"En un mundo de plástico, quiero ser de barro"

Para Mónica, la cerámica no solo es un oficio es, según afirmó, una forma de bajar el ritmo de una sociedad acelerada. "Hoy todos buscamos algo para bajar un cambio, algunos hacen yoga, otros van al gimnasio, yo creo que la cerámica te obliga a frenar, a encontrarte con vos mismo", sostuvo. Y dejó una reflexión que, según explico ella, muchos ceramistas de la región comparten. "En un mundo de plástico, yo quiero ser de barro, la cerámica vuelve a la tierra, completa un ciclo. Creo que nosotros también necesitamos volver un poco a eso", afirmó

A pocos meses de haber llegado a Stefenelli, siente que todavía tiene mucho por construir y explicó que ya no busca ser únicamente la artesana reconocida que fue durante años. "Hoy quiero ser la profe de cerámica, la vecina, alguien que pueda conectarse con los demás desde el corazón. Creo que estoy en el mejor momento de mi vida", concluyó.

Quienes deseen conocer el trabajo de Mónica Ceballos, adquirir alguna de sus piezas artesanales o consultar por las clases de cerámica pueden acercarse al Taller Newen, ubicado en Vintter 550, en Stefenelli, comunicarse al 2984-159038 o seguir sus novedades a través de Instagram, en la cuenta @newen.gres, donde comparte sus creaciones y las actividades que desarrolla junto a niños y adultos.

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