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13/07/2026

"Nos duele el alma": después de seis años, un comedor de Barrio Nuevo anunció que cierra sus puertas

Susana Gutiérrez, referente del comedor El Jireh confirmó a ANR que el comedor de Barrio Nuevo dejó de funcionar por la falta de donaciones y el aumento de los costos. Aseguró que la demanda creció en los últimos meses y que ya no podía sostener el espacio.
"Los abuelos me decían que no cerrara porque era el único lugar donde podían buscar un plato de comida", recordó Susana Gutiérrez, fundadora del comedor Jireh. Foto Tania Domenicucci-ANR
"Los abuelos me decían que no cerrara porque era el único lugar donde podían buscar un plato de comida", recordó Susana Gutiérrez, fundadora del comedor Jireh. Foto Tania Domenicucci-ANR

Después de seis años de trabajo solidario, el comedor El Jireh de Barrio Nuevo anunció que dejará de funcionar. La noticia fue comunicada por su fundadora a través de un emotivo mensaje en el que explicó que la falta de alimentos e insumos hizo imposible continuar con una tarea que durante años acompañó a cientos de familias de General Roca.

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La historia del comedor había nacido hace seis años en pandemia, cuando Susana Gutiérrez habia decidido vender su negocio para dedicar su tiempo a ayudar a personas en situación de vulnerabilidad. Desde entonces, junto a un grupo de voluntarias, preparó viandas y comidas para niños, adultos mayores, familias y personas en situación de calle que encontraban allí un plato caliente y un espacio de contención.

Aunque en un primer momento la intención era cerrar el comedor una vez finalizada la pandemia, el pedido de las familias para que continuara con la asistencia la llevó a cambiar de decisión y seguir adelante. Sin embargo, a fines del año pasado, Susana ya había advertido que atravesaban uno de los momentos más difíciles desde la creación del espacio.

En diálogo con ANR, su fundadora, Susana Gutiérrez, explicó que el cierre llegó cuando ya no pudo afrontar los gastos básicos para mantener en funcionamiento el comedor. "Todo lo que es gas durante estos años lo fui cubriendo yo, las boletas son muy altas y ya no puedo seguir sosteniendo esto sola", expresó.

La situación, contó, se agravó en los últimos meses, cuando mientras las necesidades crecían, las donaciones disminuían. "Hay muchísima más necesidad, pero no hay donaciones, yo soy pensionada, además trabajo vendiendo ropa, hago hamburguesas, empanadas, me rebusco de todas las maneras, pero ya no puedo sostener el comedor, es mucha la cantidad de gente", relató.

Con el paso de los años, el comedor El Jireh dejó de ser únicamente un lugar donde se entregaban viandas. "Acá vimos de todo, situaciones de todo tipo y esto se convirtió en algo más que un comedor, era un lugar donde la gente encontraba alguien que la escuchara", recordó.

"Los abuelos me pedían que no cerrara"

Consultada sobre el cierre, Susana afirmó que uno de los momentos más difíciles fue comunicar la decisión a las familias. "Con todo el dolor de mi corazón tuve que enfrentar a la gente, los abuelos me decían: 'Susi, por favor no cierres, porque el único lugar donde venimos a buscar algo es acá' y eso te parte el alma", contó entre lágrimas.

Aunque explicó que los vecinos comprendieron la situación, aseguró que el vínculo construido durante estos años hizo que la despedida fuera todavía más difícil. 

"Ellos me agradecían, pero también me decían que me iban a extrañar. Se habían encariñado conmigo. Yo también me llevo el cariño de toda esa gente", afirmó.

"Hoy hay más hambre que cuando empezó la pandemia"

Susana sostuvo que el escenario social cambió considerablemente desde que abrió el comedor. "Cuando empecé no se veía el hambre que se ve ahora. Hoy muchos abuelos, si pagan los remedios, ya no les queda plata para comer, hay familias que alquilan y no llegan a fin de mes. La situación está muy compleja y creo que va a seguir empeorando", aseguró.

Según explicó, actualmente el comedor tenía registradas unas 180 familias, aunque los recursos apenas alcanzaban para asistir a poco más de 80 y solo algunas veces al mes.

Durante la entrevista, Gutiérrez afirmó que la realidad que atraviesa Jireh también afecta a otros espacios solidarios de la ciudad. "Está pasando en todos lados lo mismo" explicó sobre los demás espacios solidarios en la ciudad, explicando que sostener estos lugares se volvió dificil debido a las pocas donaciones y ayudas recibidas, que bajaron principalmente, según explicó Susana, por la delicada situación económica

"Hoy mucha gente necesita vender lo que antes donaba, no creo que sea falta de solidaridad, sino que cada uno también está tratando de salir adelante", reflexionó.

A pesar del cierre, Susana aseguró que no se arrepiente de la decisión que tomó hace seis años. "Lo más lindo que me llevo es haber podido dar un poco de alivio a quienes no tenían nada. Me llevo el cariño de la gente y la tranquilidad de haber hecho todo con mucho amor", expresó.

Sin embargo, reconoció que una de las imágenes que más la marcará es la de las familias que seguirán necesitando ayuda. Susana afirmó que la gran mayoría de personas que se acercaban al comedor "no quieren vivir asi" si no que buscan día a día recuperar "la dignidad y volver a trabajar" pero que muchas veces, estas oportunidades no llegan y "es lo que más duele".

La realidad económica terminó por golpear también a quienes ayudaban en el comedor ubicado sobre calle Defensa. "Hoy cerramos una etapa que fue muy importante para nosotros, después de seis años ha llegado el momento de despedirnos y cerrar las puertas de nuestro comedor. La decisión no ha sido fácil, pero la realidad es que no puedo seguir adelante por la falta de insumos", expresó en el comunicado difundido en las últimas horas.

"Nos duele el alma por los abuelos, los niños, las familias y la gente en situación de calle que estábamos asistiendo, trabajamos durante seis años a pulmón, con el único propósito de ayudar a los que más lo necesitan, pero hoy la situación se nos escapa de las manos", sostuvo Susana.

En el mensaje también dedicó unas palabras a las voluntarias que la acompañaron durante todos estos años, agradeciendo el compromiso de quienes cocinaban, limpiaban y organizaban cada jornada solidaria, y recordó que el comedor no solo fue un lugar para repartir alimentos, sino también un espacio donde se compartieron historias, abrazos y momentos de contención.

Finalmente, dejó un mensaje cargado de preocupación por la situación social que atraviesa el país. "Espero que quienes gobiernan piensen un poco en los que menos tienen y que haya trabajo para que cada persona pueda llevar el alimento a su casa. Sé que no todos tenemos las mismas oportunidades, pero desde mi lugar mi corazón nunca dejará de amar y ayudar al prójimo, porque eso llena mi alma y mi vida", concluyó.

El cierre del comedor Jireh deja un vacío en Barrio Nuevo, donde durante años decenas de familias encontraron un plato de comida y una mano tendida en los momentos más difíciles.

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