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23/06/2026

La argentinidad al palo: ¿por qué seguimos saliendo a festejar a la calle?

Banderas, abrazos entre desconocidos, familias enteras y una Avenida Roca y Tucumán llena para celebrar un partido. Para el psicólogo Federico Parodi, detrás de las caravanas y las canciones hay algo más profundo: la necesidad de encontrarse, compartir una emoción y recuperar por un momento una alegría colectiva.
Niños, amigos y familias transformaron la avenida en un espacio de encuentro atravesado por el festejo y el sentimiento argentino. Foto Tania Domenicucci-ANR
Niños, amigos y familias transformaron la avenida en un espacio de encuentro atravesado por el festejo y el sentimiento argentino. Foto Tania Domenicucci-ANR

Como pasó la primera fecha luego de la victoria de Argentina contra Argelia, el triunfo de la Selección volvió a sacar a cientos de personas a las calles roquenses. La escena se repitió sobre Avenida Roca y Tucumán: familias enteras caminando con banderas, grupos de amigos tocando bocina, niños sobre los hombros de sus padres y una celebración que por unas horas dejó de lado edades, rutinas y diferencias. Pero detrás del festejo deportivo aparece una pregunta que va más allá del fútbol: ¿qué hace que todavía necesitemos salir a encontrarnos con otros para celebrar?

Para el psicólogo Federico Parodi, que dialogó con ANR, el fenómeno tiene una explicación que nace en algo profundamente humano: la emoción compartida. Según explicó, el festejo no se agota en el resultado ni en el partido, sino que tiene que ver con una necesidad de transformar una alegría individual en una experiencia colectiva. “Evidentemente es un encuentro que se da a partir de la emoción, la alegría y el deseo de compartir esa alegría con otros, muchas veces cuando se comparte la alegría se hace más intensa”, sostuvo.

Según afirmó Parodi, el fútbol conserva una capacidad que hoy no aparece con tanta facilidad en otros ámbitos de la vida social: generar puntos de encuentro entre personas muy distintas entre sí. Para el psicólogo, durante estos eventos aparece una especie de suspensión momentánea de diferencias políticas, económicas o personales que permite reconocerse dentro de algo común. “El fútbol nos une como argentinos, a pesar de todo nos une como país y como nación”, sostuvo. 

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La calle volvió a ser punto de encuentro para celebrar, abrazarse y recordar que también hay lugar para la alegría compartida. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

En ese sentido, explicó que hay un momento particular que ocurre cuando termina el partido y la gente decide salir de su casa: lo que hasta ese instante era una experiencia íntima —mirar el encuentro en familia, con amigos o incluso solo— deja de pertenecer únicamente a cada persona y pasa a convertirse en algo común. Parodi plantea que ese movimiento, de pasar de la pantalla a la calle, tiene hoy un valor especial. En una época atravesada por el consumo digital, el encierro cotidiano y una forma de relacionarnos cada vez más mediada por dispositivos, que todavía existan celebraciones espontáneas en el espacio público habla de algo que sigue vivo.

“Está bueno esto de salir afuera, que todavía suceda. Evidentemente vivimos en la era de las pantallas y hay una tendencia a estar hacia adentro y vivir el mundo desde ahí, pero aun así sigue siendo un fenómeno muy arraigado esto de salir y compartir con otros en la calle”, señaló. Para el profesional, cuando una emoción atraviesa esa frontera entre lo privado y lo público cambia completamente de significado. La calle deja de ser solamente un lugar de circulación para convertirse en un escenario donde una comunidad expresa algo que siente en común.

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Vecinos recorrieron el centro con banderas y cantos tras el triunfo argentino. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

“La calle aparece como un espacio público, como escenario de la vida pública, y entonces en ese pasaje esa alegría cobra otro estatuto”, explicó.Esa observación, según indicó, adquiere todavía más peso si se mira el contexto actual. Parodi remarcó que gran parte de las expresiones colectivas que suelen verse hoy en el espacio público están vinculadas al malestar, el reclamo o la insatisfacción social, cómo por ejemplo, en el mismo lugar que ayer cientos de roquenses celebraron con alegría la victoria Argentina, cada miercoles de cada semana los jubilados y distintos sectores  buscan visibilizar demandas y reclamos reuniendose en la esquina de la ciudad.

Por eso Federico explicó que los festejos del Mundial aparecen como una especie de excepción emocional más allá de lo deportivo. “Últimamente vemos muchas expresiones en el terreno público pero en general son de protesta y de insatisfacción. Lo que tiene esto del Mundial es que sucede exactamente lo contrario: se aborda el espacio público desde la alegría”, analizó. Y dentro de esa celebración aparece otro elemento que para él resulta central: la identidad colectiva.

Parodi considera que hay algo del sentimiento nacional que vuelve a activarse cada vez que juega la Selección. La bandera, los colores y el equipo funcionan como símbolos que permiten identificarse con algo común en medio de un contexto donde muchas veces predominan las divisiones. “Algo pasa con la cuestión nacional porque la Selección representa una nación y todos formamos parte de eso”, sostuvo.

La reflexión llega además en una semana atravesada por el Día de la Bandera y en un momento donde gran parte de las conversaciones públicas suelen estar dominadas por preocupaciones económicas, conflictos o tensiones políticas. En ese marco, el psicólogo afirmó que conectar la idea de Argentina con una celebración tiene un valor simbólico que excede ampliamente lo deportivo. “Conectar la Argentina y la argentinidad con una celebración, una victoria, algo positivo, un buen trabajo en equipo, es algo que muchas veces uno no observa pero desearía que pase en otros ámbitos, especialmente en espacios de conducción”, reflexionó.

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Una familia, una bandera y una día donde el fútbol volvió a ser excusa para encontrarse. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

Respecto al momento de celebración que por algunos instantes alivia los demás problemas de las personas, Parodi afirmó que, aunque el fútbol no resuelve problemas estructurales ni reemplaza discusiones profundas, "ofrece otra cosa". Para él, estos momentos funcionan como pausas emocionales, instancias que permiten recordar que la experiencia cotidiana no está hecha solamente de obligaciones, tensiones o noticias negativas.

“No creo que solucione ningún problema profundo, no es una solución a nada, pero sí funciona como un alivio momentáneo a los problemas cotidianos, a recordar que la vida no son solo problemas y que también tiene alegría y momentos de disfrute”, concluyó.

Quizás por eso, una vez más, Roca salió a la calle. No solamente para celebrar un triunfo, sino también para encontrarse, reconocerse y recordar —aunque sea por unas horas— que todavía hay emociones que siguen necesitando del otro para sentirse completas.

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