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13/06/2026

El orgullo de superarse día a día: la actriz y docente que va por su próximo gran sueño

Martina tiene síndrome de Down  y se consagró el año pasado como licenciada en Arte Dramático por el IUPA. Su vida derriba cualquier estereotipo limitante: trabaja, dicta clases, maneja su propia economía y planifica mudarse sola.
Martina tiene el sueño de llevar su arte y pisar con fuerza, algún día, los escenarios de Broadway. Fotos Tania Domenicucci
Martina tiene el sueño de llevar su arte y pisar con fuerza, algún día, los escenarios de Broadway. Fotos Tania Domenicucci

El arte dramático no fue una elección tardía para Martina Komacek; fue un lenguaje que adoptó casi desde que tiene memoria. A los 5 años, mientras asimilaba el mundo a través de la infancia, ella ya expresaba una inclinación profunda por las tablas. Comenzó en talleres de comedia musical con Claudia La Valle y, tras recorrer escuelas con orientación artística como Umbrales en Cipolletti y centros como la Fábrica de Artistas en Neuquén, demostró que su pasión no tenía techos.

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Su madre, Sandra Nogués, recuerda con nitidez esos años de juego y representación constante: "Ella siempre manifestó que le gustaba actuar. Le gustaba ser actriz... vivía actuando o imitando las series que miraban los jóvenes de su edad... representaba cuentos".

Tener síndrome de Down jamás fue un freno en su desarrollo. Con el acompañamiento de su entorno pero, por sobre todo, con una fuerza de voluntad arrolladora, Martina fue sorteando cada obstáculo que la sociedad le puso enfrente, impulsada por un deseo irrefrenable de superación y crecimiento personal.

Hacia el año 2018, Martina plantó bandera frente a su familia: ya no quería asistir a talleres informales; su meta era ser una profesional de las artes del espectáculo. Con esa firmeza, se inscribió en la Licenciatura en Arte Dramático del Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA). El camino demandó un esfuerzo monumental: implicó viajar constantemente entre Neuquén y General Roca, adaptando una rutina que a veces resultaba extenuante pero que culminó con éxito en octubre de 2025, cuando defendió su tesis y se consagró como licenciada.

Hoy, la realidad de Martina es la de una mujer completamente independiente, activa y con una capacidad de trabajo admirable. Desde hace 15 años se desempeña en la Subsecretaría de Deporte de la Provincia de Neuquén. Lejos de estancarse, multiplicó sus proyectos: este año fue convocada por el IUPA como docente para sus talleres de extensión y, además, descubrió una profunda vocación dando clases en el centro terapéutico Naceres para personas con discapacidad. Para gestionar todo esto, se inscribió formalmente como monotributista, manejándose de manera autónoma en el mundo laboral.

"Ella se va a trabajar, cumple sus 7 horas de trabajo como cualquier persona, después sale de ahí, se va a trabajar al otro lugar. Hay días que vuelve, sale a las 9 y vuelve a las 10 de la noche... Ha logrado conformar grupos donde puede participar de la actividad social con amigos... naturalmente", relató su madre, evidenciando el ritmo de vida independiente que lleva adelante.

Martina junto a su compañero Agustín Melo dictan un taller de teatro en el IUPA. Foto Tania Domenicucci

 

Proyectos a futuro: la libertad de elegir el propio camino

La superación de Martina no se detiene en las aulas ni en el empleo formal; se proyecta hacia su propia libertad personal. Con sus propios sueldos e ingresos garantizados, se encuentra abocada a su próximo gran proyecto de vida: alquilar un espacio propio e irse a vivir sola.

Aunque para cualquier familia puede resultar un paso complejo, ella lo tiene decidido y se lo hace saber a sus padres entre risas: "Su próxima meta es irse a vivir sola... dice 'no los banco más, quiero estar sola'". Sabe manejarse en sus tiempos y organizarse, y aunque la búsqueda en el contexto actual es un desafío, su determinación es inamovible.

Sandra, quien además de ser su mamá es profesional de la educación, reflexiona con profundo orgullo sobre el significado de ver a su hija convertida en una mujer con plenos proyectos de vida: "Yo principalmente siento orgullo, porque el esfuerzo fuerte ha sido de ella, de ir sorteando barreras que todavía la sociedad tiene. La autonomía es la meta final. Van a discapacitatse más si el entorno no ayuda. Nosotros estamos convencidos de que Martina puede".

Un legado de inspiración para la comunidad

Detrás del éxito de Martina hay una red familiar que funcionó como un puntal indispensable —sus padres y sus dos hermanas—, además de personas de confianza que la han acompañado en sus traslados y cuidados desde el inicio de su carrera. Sin embargo, el motor principal de cada logro ha sido su propia determinación por no ser definida por una condición, sino por sus capacidades, sus títulos y sus proyectos.

Martina continúa ensayando, trabajando en la administración pública, dictando talleres y planificando su mudanza. Su vida es un ejemplo de que la verdadera inclusión no es una declaración de intenciones, sino el resultado de abrir puertas para que personas con su empuje demuestren de lo que son capaces. Mientras tanto, con los pies firmes en la región y la mirada en el futuro, sigue alimentando con total convicción su anhelo más grande: el sueño de llevar su arte y pisar con fuerza, algún día, los escenarios de Broadway.

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