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ANÉCDOTAS

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24/05/2026

Mario Pergolini recordó la gira con Gustavo Cerati que terminó en un viaje inolvidable

Mario Pergolini contó los secretos de su viaje con Gustavo Cerati a Machu Pichu: “La gira fue…”

En la vasta escena del mundo musical, los recuerdos son el tesoro más preciado que la experiencia puede ofrecer. Uno de estos preciados recuerdos fue compartido recientemente por el reconocido conductor Mario Pergolini, quien rememoró una aventura extraordinaria en compañía del legendario músico Gustavo Cerati. Este recuerdo evoca no sólo la esencia de una gira inolvidable, sino también momentos de pura espontaneidad y risas compartidas entre amigos.

A lo largo de su carrera, Mario Pergolini ha sido testigo y partícipe de eventos significativos, pero pocos tan memorables como su incursión en el Camino del Inca junto a Gustavo Cerati. Durante una vibrante gira de Soda Stereo, el famoso grupo argentino decidió aprovechar una pausa rara entre conciertos para embarcarse en una expedición que los llevaría al corazón de Perú: Machu Picchu. "A Machu Picchu yo fui con Cerati. Subí 24 horas el Camino del Inca, lo hicimos juntos", recordó con nostalgia Pergolini protagonistas en su programa Otro día perdido, con gran emoción y una sonrisa que dejaba entrever la nostalgia escondida tras sus palabras.

Lo que a menudo es retratado como una banda de rock recorriendo las áreas entre el ruido y la fama, aquella jornada convirtió a Pergolini y Cerati en humildes peregrinos de un paisaje ancestral. Mientras millones imaginan a sus ídolos rodeados de multitudes y aclamaciones, aquella experiencia destacó por su auténtica simplicidad. A 2400 metros sobre el nivel del mar, el cansancio compartido se tornaba en una celebración íntima y espiritual. Aquel día se perdía la solemnidad del mundo del espectáculo, para dar paso a la conexión tangible con la energía indígena y su celebrada tradición del Inti Raymi.

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Al compartir su relato, Pergolini no pudo sino reírse al recordar una ironía que la experiencia le reservó. Sin dejar de repasar la amigable exigencia de aquel trayecto, el respeto por el Camino del Inca y sus etapas variable se tornaron en un cómico giro cuando al finalizar llegaron a los pies del santuario sólo para enterarse que también se podía llegar de manera mucho más sencilla y famosa: en tren. "¿Para qué hicimos esta estupidez?", preguntó en el estudio, rodeado de una marea de risas que ayudaban a concluir su anécdota.

La naturalidad con la que el sr. Pergolini desgranó los detalles donde la eminente figura de Cerati simplemente disfrutaba del viaje, hace patente que pese a la importancia de sus carreras, la aventura no se había desarrollado bajo el peso de corporales rituales o preocupaciones por la altura, nada distaba del afán del simple peregrino, incluso si años después esa altura los absorbiera en risas. En sus palabras la experiencia emergió vibrante por ser humana, posibilitando avistar la magia de lo cotidiano compartido, no aferrada a la rutina del éxito y las luces.

En mundo atacado por el frenesí cotidiano y el peso de hazañas idealizadas, relatos como éste, teñidos de afecto y realidad, nos invitan nuevamente a valorar los detalles simples que escapan en cada intersticio que dejamos caer. Así lo hace Mario Pergolini, regalándonos una mirada sincera y lúdica a la fenomenal jornada aunada por Cerati y él, que hasta más básicos detalles reviven la imagen posible de crecer en medio de rock y piedra ancestral.

Estos momentos, inmortalizados en una tarde de caminatas y risas, muestran que a veces, la famosa cima se encuentra realmente en los genuinos encuentros del camino. Un simple día libre tomado entre ceremonias ancestrales y el desafiante viajo concluyeron en la más humana de las experiencias que fortuitamente sellaron con anécdotas dichas con cariño, humor y, sobre todo, significado.

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