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VENTA

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26/04/2026

Así es la casa de la familia de Mauricio Macri que nadie quiere comprar

Las fotos de la casa de la familia de Mauricio Macri que nadie quiere comprar

En un recóndito rincón de la Ciudad de Buenos Aires, se encuentra una propiedad cuya venta ha desafiado incluso a los expertos más perspicaces del mercado inmobiliario. La mansión familiar de Mauricio Macri, ubicada en el prestigioso Barrio Parque, parece mantenerse en un limbo, donde el valor histórico y arquitectónico no logran conquistar al comprador moderno.

Este palacete, que ha sido testigo de intrigas empresariales y políticas, una vez perteneció al patriarca Franco Macri. Se erige, no solo como un mero edificio, sino como un símbolo cargado de identidad y una relevante pieza del pasado arquitectónico argentino. Con un diseño visionario de Antonio Ubaldo Vilar, prominente exponente del racionalismo argentino, la construcción de 1940 destaca por sus líneas limpias y volúmenes geométricos sorprendentes.

La majestuosidad del lugar es innegable: abarca 1.280 metros cuadrados sobre una planta baja y tres pisos, perceptiblemente dividido entre su ámbito social, privado y de servicio. Con 18 habitaciones, siete suites y una docena de baños, la mansión excede las expectativas comunes de un hogar. Sin embargo, su estructura monumental parece más adecuada para galas de otra era, más que un escenario de vida cotidiana en el siglo XXI.

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Por dentro, las cuatro cocinas y la distribución de escaleras y ascensores remarcan un estilo de vida más asociado a grandes eventos que a los usos actuales. La instalación de gimnasios personales y grupos electrógenos ofrecen un vislumbre de combate contra el paso del tiempo, tratando de amoldar la edificación a las actuales comodidades urbanas.

Una terraza imperiosa con parrilla corona la estructura, prometiendo vistas únicas en un entorno donde cada metros cuadrado tiene un valor incalculable. No obstante, el tema de adaptación y la elevación de sus características mantienen en distancia al interesado promedio. Las expectativas económicas de su venta alguna vez rondaron los 15 millones de dólares, ahora ajustadas, pero siempre tensionadas por su conservación patrimonial y sus exclusivas características.

Más que el simple tamaño o su ubicación de elite, la verdadera complejidad de vender esta casa radica en su esencia. Un comprador debe poseer no solo los recursos, sino la disposición de asumir una narrativa casi viva, de persistir entre estas paredes y en estos salones, donde la historia parece resonar por encima de sus candidaturas en el mercado actual. Así, mientras el mundo a su alrededor gira rápidamente hacia simplicidades modernas, esta magnánima residencia enfrenta la quietud del tiempo y el precio de su leyenda.

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