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16/01/2026

Jaime, el utilero que sostiene al Deportivo Roca desde hace una década

Su trabajo empieza mucho antes de que ruede la pelota y continúa cuando el estadio ya quedó vacío. "Lo más lindo es venir temprano, sentarse un rato y mirar la cancha", asegura.
Llegó al club cuando el Deportivo Roca estaba en el Federal A. Foto: Tania Domenicucci - ANR
Llegó al club cuando el Deportivo Roca estaba en el Federal A. Foto: Tania Domenicucci - ANR

En cada partido, mucho antes de que la pelota empiece a rodar, hay un trabajo que no se ve desde la tribuna ni se muestra ante las cámaras. Es el de quienes llegan temprano, ordenan, preparan y hacen posible que todo funcione. En el Club Deportivo Roca, uno de esos nombres que resuena es el de Jaime, el utilero y canchero que desde hace más de diez años forma parte de la institución y que recientemente fue reconocido por la Comisión Directiva durante la presentación del Mundialito 2026.

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“Todos me conocen por Jaime y estoy hace más de diez años”, cuenta, casi como una presentación obligada para quienes aún no lo conocen. Entró al club cuando el Deportivo Roca disputaba el Federal A (allá por el 2014)  y, con el paso del tiempo, fue quedándose con cada comisión directiva que siguió. Hoy maneja la indumentaria de todas las categorías: primera, tercera, bloque menor, bloque mayor y fútbol femenino. También se encarga de las compras y del mantenimiento del complejo "Pablo Verani" donde además del fútbol, trabaja codo a codo con el resto de las disciplinas.

Cuando llegó, no sabía nada del oficio. “Entré sin saber, me pusieron y de a poco fui aprendiendo. Todo fue nuevo para mí”, recuerda. Rápidamente se adaptó a una rutina que se repite semana tras semana durante todo el año. Los lunes, después de los partidos del fin de semana, realiza el lavado de entre 12 y 13 juegos completos de camisetas. Los miércoles del orden, el perfume, la preparación para lo que vendrá.

Jaime dentro del vestuario del Depo, el lugar de encuentro con los jugadores. Foto: Tania Domenicucci
Jaime dentro del vestuario del Depo, el lugar de encuentro con los jugadores. Foto: Tania Domenicucci

 

Aceptó la propuesta de ser parte del club justo cuando el equipo jugaba una categoría importante, ahora el Naranja está a punto de alcanzar nuevamente la gloria. “Si Dios quiere, vamos a poder volver”, dice con seguridad y fé. 

La familiaridad y el sentido de pertenencia

El vínculo con los jugadores fue creciendo con los años y trascendió lo estrictamente deportivo. “He tenido familias de jugadores en mi casa. Mi señora siempre está conmigo, acompañándome, y hemos tenido chicos del cluba comiendo con nosotros”, cuenta. Roxi, su compañera, es parte clave de esa red cotidiana que sostiene el trabajo pero además es una pieza importante del club, siempre presente en la cancha, en el complejo y en los momentos importantes de la institución. 

Todos los días llega temprano al club, donde dedica gran parte de su vida. Foto: Tania Domenicucci
Todos los días llega temprano al club, donde dedica gran parte de su vida. Foto: Tania Domenicucci

Jaime insiste en algo que repite a cada paso: nada se hace solo. “Hay mucha gente que colabora y que no se ve. Gente que nunca dejó que faltara un sándwich, el hielo, las cosas básicas”, enumera. En ese reconocimiento, mencionó a referentes importantes del Deportivo Roca como la firma Tronelli, el empresario Carlos Pablo y el actual presidente, Jorge Escaris .

En ese ida y vuelta con los jugadores en la cotideanidad, Jaime le transmite a los más jóvenes, el agradecimiento: “Siempre les digo que aprendan a agradecer. Si en la vida no sabés agradecer, no creo que llegues muy lejos”.

El valor de la igualdad dentro del vestuario

Esa idea de pertenencia y de valoración, se refleja en gestos concretos. “Yo trato de que cuando jueguen los chicos, el vestuario esté armado como si fuera primera. Que cuando entren sientan lo mismo. Acá tiene que ser todo igual para todos”, explica. Para muchos chicos, entrar a ese vestuario, sacarse una foto o ver su camiseta colgada tiene un valor especial. Para Jaime, la regla es clara: “Para mí son todos iguales. Ellos tienen que venir al club a divertirse”. De esta manera, desde las categorías mas chicas hasta la mas grande como también en el fútbol femenino, la mística de la profesión se hace presente sin diferenciación. 

En jornadas de Liga Confluencia, su rutina empieza temprano.Dos horas antes me voy. Preparo el vestuario, los chicos llegan después en el colectivo y yo ya tengo todo listo”, relata. Cuando termina el partido, vuelve a cargar la ropa en su propia camioneta, cuenta prendas, pantalones y deja los sándwiches preparados para el regreso.

Es un trabajo que hace desde hace años, casi sin que nadie lo note. Esta tarea, lo hace protagonista importante de lo que sucede dentro de un vestuario, el aliento, la arenga, la alegría y a veces, también, las tristezas. 

Con el tiempo, sumó nuevas responsabilidades. Hoy también se encarga de las compras del club y articula con las distintas áreas dentro del estadio como del compejo.Abro el club temprano, después estoy presente en el complejo. En el Mundialito se va a ver cómo quedaron las canchas, hacía mucho que no se les hacía nada”, señala.

Madrugar, mirar la cancha y empezar el día

La jornada empieza temprano. Muy temprano. “Me levanto a las cinco y media, tomo unos mates y salgo. Lo más lindo es venir temprano, sentarse un rato y mirar la cancha”, dice. Para Jaime, ese momento justifica todo. Pero aclara que nada sería posible sin el acompañamiento familiar. “Si no está la familia, no creo que se aguante tanto”.

El trabajo, asegura, se construye de a poco. “La gente por ahí piensa que las cosas se hacen de un día para el otro, pero es un laburo de todos los días. Siempre hay algo nuevo para hacer”, explica. 

Jaime en una de las tribunas del Maiolino. Foto: Tania Domenicucci
Jaime en una de las tribunas del Maiolino. Foto: Tania Domenicucci

Cuando repasa estos diez años, hay recuerdos que pesan más que lo deportivo. “Tuvimos chicos que a veces no tenían para comer en su casa y se les dio mercadería. Eso es lo más importante para mi”, afirma. Ayudar a que una familia esté mejor, acompañar silenciosamente, es lo que más lo marcó. “Después lo futbolístico pasa, pero eso queda”.

A 10 años de su llegada, la esperanza latente de llegar al Federal A

De cara a lo que se juega en el plano deportivo, Jaime lo vive con mucha confianza.  “Los veo entrenar, las ganas que le ponen. Hay sacrificios que mucha gente no ve, dice. Cuenta que muchos chicos van y vuelven en bicicleta para entrenar, incluso cuando el esfuerzo es grande. “Saben que están a pocos partidos de volver a un nivel nacional y lo dejan todo”.

Su mirada es optimista. “Yo les tengo fe. Salen a jugar con todas las ganas, porque si el domingo no ponés el doble, todo el sacrificio de la semana no sirve”, reflexiona. Y cierra con la convicción de quien conoce el trabajo desde adentro: “Yo creo que este año se va a dar”.

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