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RESCATE

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26/10/2025

Ricardo Darín salvó a su hijo de un incendio y contó cómo fue el dramático momento

Ricardo Darín reveló cómo fue el día que salvó a su hijo de un incendio: “Estaba desmayado”

En el silencio de una noche cualquiera, cuando el mundo descansaba y el suave ritmo de la vida cotidiana dictaba su último compás, el reconocido actor Ricardo Darín se enfrentó a una de las pruebas más aterradoras de su existencia: rescatar a su hijo, El Chino Darín, de un incendio que había pasado desapercibido para el resto de la familia.

Ricardo Darín, conocido por su habilidad para mantener la compostura en cualquier situación, compartió en una conversación íntima con Julio Leiva una experiencia que dejó una marca imborrable en su vida. Una noche que había comenzado dentro de la normalidad fue trastocada por un peligro silencioso que acechaba en su propia casa.

La aterradora escena se desplegó mientras Darín cumplía con una costumbre aparentemente simple: apagar las luces de las habitaciones y asegurarse de que todo estuviera en orden antes de acostarse. Al deambular por la casa, un indefinido aroma a quemado le alertó de que algo no estaba bien.

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Con cada paso, la urgencia aumentaba. Hubo un instante "fugaz como un fantasmal susurro" en que la intuición se transformó en certeza al llegar a la habitación del Chino. Una tenebrosa afluencia de humo ya se había apoderado del aire, y lenguas de fuego serpenteaban peligrosamente sobre la instalación eléctrica.

Afortunadamente, la previsión de Darín logró evitar una tragedia inminente. Con la rapidez que la situación exigía, el actor controló el incendio antes de que se propagara y se transformara en una catástrofe incontrolable. Sin embargo, descubrir a su hijo desmayado, insensible a la apremiante realidad que le rodeaba, estremeció a Darín hasta el fondo de su ser.

En una confidencial y serena retrospección, Darín rememora aquella noche con una gratitud inequívoca que trasciende el paso del tiempo. Una lección indeleble se destila de aquellos difíciles instantes: la persistente fragilidad de nuestras vidas y cómo unos hábitos tan meticulosos son, paradójicamente, los guardianes de nuestro bienestar diario.

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