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RUBEN PABLOS, VETERANO DEL CONFLICTO BÉLICO EN LAS ISLAS

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30/03/2022

 “Aprendí lo que es la guerra cuando empezaron a caer las bombas”

 “Aprendí lo que es la guerra cuando empezaron a caer las bombas”
 “Aprendí lo que es la guerra cuando empezaron a caer las bombas”

Rubén Pablos es actualmente el director de Veteranos de Guerra de la provincia; se mueve por su geografía tratando de explicar lo que considera una causa nacional y de contener a sus pares. A aquellos que como él pasaron por las batalles del Atlántico Sur en 1982. Pero claro, no siempre le tocó ejercer un cargo oficial. Cuando llegó a Bariloche, en 1988, tenía 26 años y muchas ganas de empezar de nuevo. El gran Buenos Aires se le hacía insoportable y necesitaba un contacto cercano con la naturaleza. El sur era una buena idea.

Atrás quería dejar una guerra, nada menos. Era un adolescente de Quilmes que había empezado a estudiar ingeniería, y que de pronto tuvo que incorporarse a las Fuerzas Armadas. El Servicio Militar Obligatorio se definía por la pura suerte: un sorteo de las últimas tres cifras del DNI determinaba si el joven se salvaba (el famoso número bajo), o en que fuerza tenía que incorporarse. A Pablos le tocó el Regimiento de Infantería de La Plata, que en esos años estaba en la zona céntrica, sobre la calle 53.

Al Regimiento le tocó la tarea de reforzar Monte Longdom, a unos 8 kilómetros de la capital de las Islas, Puerto Argentino. Así que el 13 de abril partieron hacia Malvinas y les tocó protagonizar la batalla hasta el final, el 14 de junio.

¿Dónde estaba Rubén Pablos el 2 de abril? “Estaba de franco, en mi casa; y mirando televisión me enteré de que se había recuperado Malvinas. Recuerdo que pensé: qué bárbaro, estos tipos están haciendo historia. Y un rato más tarde me avisan que tenía que reincorporarme urgente”, contó. Viajar a La Plata, la efervescencia del momento, el desconocimiento y cierta despreocupación juvenil. “¿Quién conocía la guerra en la Argentina de 1982? Nadie. Teníamos 19 años y para nosotros al principio era algo así como una aventura. Como ir a un campamento pero con armas”, contó. “Cuando cayó la primera bomba, cambió todo”, expresó.

Años después, los chicos de la escuela primaria le preguntan si habían tenido miedo. Y la respuesta es simple: “siempre tuvimos miedo. El primer día nos tiritaban los dientes y pensamos que era el frío. Pero era el miedo. Los ruidos, los estruendos, las vibraciones, los olores… Fueron vivencias que fuimos sobrellevando”, contó.

Y una enseñanza que le dejó aquella situación límite fue que más allá del miedo, “lo importante es qué hacés con él. Si te dejás llevar, perdés. Entonces el objetivo es encontrar las estrategias necesarias para superar la situación. Siempre vamos a tener instancias donde uno tiene miedo. En las que nos tenemos que enfrentar y tomar una decisión. Allá era más difícil, porque lo que se perdía era la vida. Tu vida”.

En Monte Longdom se combatió hasta el 12 de junio, cuando la ofensiva inglesa los obligó a retirarse hacia Puerto Argentino. Y finalmente, el 14 el gobernador de las Islas, general Mario Menéndez, se rindió ante el británico Jeremy Moore. Los primeros contingentes de soldados prisioneros regresaron durante los días siguientes. A Pablos lo tuvieron prisionero un mes más.

Al regresar al continente, aquel adolescente que había pasado por la experiencia bélica intentó continuar con su vida previa. Volvió a Quilmes, reiteró su ingreso a la universidad, pero empezó a notar que ya no era el mismo. “La guerra me hizo perder capacidad de retener lo que leía. Traté de seguir la carrera pero no pude y al final abandoné”, contó.

Allí fue cuando se dio cuenta de que no quería saber nada con las grandes ciudades, que necesitaba un contacto con la naturaleza. Y solito con su alma se tomó un micro hacia Bariloche, donde empezó a contactarse con lo que tanto amaba: fue guardia forestal, bombero forestal voluntario, se dedicó a estudiar el ciclo de reproducción de los árboles nativos, desarrolló un vivero y hasta impulsó diversas experiencias con los chicos de las escuelas primarias para reforestar espacios arrasados por los incendios.

En Bariloche conoció a quien hoy es su compañera y conforman una familia con sus tres hijos. Al mismo tiempo, se fue convirtiendo en un referente del grupo de Veteranos radicados en la región cordillerana. En esas actividades estaba cuando en 2012 el entonces gobernador, Alberto Weretilneck, lo convoca para hacerse cargo de la dirección.

“Llega el dos de abril y te pasa de todo por la cabeza. Desde los compañeros que no pudieron volver; los que volvieron y no están… en los últimos años murieron cinco veteranos por Covid y cinco más por otras enfermedades. Pero acá estamos. Tratando de que la causa Malvinas no se olvide nunca”, puntualizó.

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