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LOS DÍAS PREVIOS AL 2 DE ABRIL

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30/03/2022

La movilización del 30 de marzo de 1982: bronca acumulada y represión sin límites

La CGT - Brasil había convocado a una gran movilización en diferentes ciudades. El malestar social ya era indisimulable
La movilización del 30 de marzo de 1982: bronca acumulada y represión sin límites
La movilización del 30 de marzo de 1982: bronca acumulada y represión sin límites

 

 

En 1982, el poder del régimen cívico militar estaba en su etapa declinante. A pesar de la feroz represión y del poder casi absoluto que detentó, era incapaz de resolver todos y cada uno de los supuestos problemas que habían justificado el golpe de 1976. En 1981 la inflación había alcanzado el 155 % anual y se produjo una caída de la economía del 6 %.

La dictadura sumaba su tercer turno. El primero había sido el de Jorge Videla y José Martínez de Hoz, quienes llevaron adelante un rígido plan económico que no resolvió la inflación (promedio del 120 % anual), y expulsó a millones de trabajadores. En 1980 había pasado brevemente Roberto Viola, que intentó sostener un programa de corte desarrollista y con una mínima apertura hacia otros sectores. Experiencia que terminó a fines de ese año, cuando se produjo un “golpe dentro del golpe” y el jefe del Ejército, Leopoldo Fortunato Galtieri, asumió como presidente. Muchos historiadores aseguran que para sumar al titular de la Armada (Isaac Anaya), se había comprometido a “recuperar Malvinas”.

La causa Malvinas era decididamente popular en la Argentina de principios de los ’80. Se las sentía parte de la Nación y, al menos el 10 de junio – día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas, Islas y Sector Antártico -, se hacían los actos correspondientes. Todos los años se intentaba alguna declaración de apoyo a la causa argentina en las Naciones Unidas.

Así que a Galtieri no le pareció un precio exagerado cruzar esos 500 kilómetros que separan las islas de Río Gallegos con tal de ocupar el poder. Pero… no había planes. La Armada no tenía una hipótesis de guerra con el Reino Unido, a pesar de las calenturientas ensoñaciones de su jefe. Menos aún tenía el equipamiento necesario, pero tiempo al tiempo. Durante 1981 se tuvieron que analizar todas las variables de inteligencia, reconocimiento y planificación para llegar a Puerto Argentino.

Galtieri quería “recuperar” Malvinas porque creyó que tenía luz verde desde Washington. El militar, que se había formado en la Escuela de las Américas del Ejército norteamericano, se había convencido de que su apoyo a los “contras” de Nicaragua y a paramilitares centroamericanos lo colocaban en un lugar privilegiado frente a Washington. Eran los años de Ronald Reagan en la presidente, de Alexander Haig en la estratégica secretaría de Estado. Años de tensión en la guerra fría y de medidas económicas liberales que marcaron el comienzo de una nueva era a nivel internacional.

La Junta Militar de esa etapa (Galtieri en Ejército; Anaya en Armada; Basilio Lami Dozo en la Fuerza Aérea), nunca entendió ese contexto. En enero de 1982, la “Operación Rosario” ya estaba decidida y en marcha.

El malestar social

Pero el plan económico que llevaba adelante Galtieri estaba produciendo un gran malestar social en todo el país. Inflación, cierre de industrias, quiebre de las economías regionales. Los sindicatos estaban divididos: por un lado, los llamados “colaboracionistas”, que incluso tenían a uno de los suyos en el ministerio de Trabajo (Hugo Barrionuevo); y el sector más combativo de “los 25” y la posterior CGT-Brasil, que impulsaba Saúl Ubaldini.

Este grupo convocó a un paro nacional con movilización en distintas ciudades, para el 30 de marzo de 1982, con la antigua consigna anarquista de “Paz, Pan y Trabajo”. Hubo presiones y amenazas de todo tipo por canales formales (desde el mismo ministerio de Trabajo se advirtió que iba a haber represión), a los informales (algún recordatorio del ministerio de Interior sobre procesos judiciales).

Aquel 30 de marzo, la “Plaza de Mayo” y muchas otras plazas de la Argentina se llenaron de trabajadores que fueron a reclamar contra la política económica. Y el régimen reaccionó como había prometido: represión, gases lacrimógenos, corridas y detenciones. En Mendoza hubo un muerto: el trabajador textil Benedicto Ortiz recibió un disparo en el pecho en lo que se calificó como un “fusilamiento”.

En Mendoza, Rosario, Mar del Plata y San Miguel de Tucumán habían ocurrido hechos similares. En Córdoba, el Tercer Cuerpo del Ejército patrulló las calles con columnas de hasta siete vehículos militares por temor a la movilización de los trabajadores.

Al final de la jornada, se contabilizaban unos 2.500 heridos y 4.000 detenidos.

A pesar de eso, la decisión de cruzar el mar Argentino y recuperar el territorio de Malvinas estaba tomado. En Comodoro Rivadavia, Río Gallegos y fundamentalmente la base naval de Puerto Rosales, estaban en alerta máxima y cero comunicación con el exterior. Estaban a dos días de desencadenar una guerra.

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