El primer lavadero de autos de Roca cumple 28 años: la historia de una familia que apostó por una idea inédita en la ciudad
Antonio Vasiluk y Elisa Guette llegaron al Alto Valle desde Buenos Aires en busca de trabajo y, tras años de esfuerzo, abrieron en 1998 el primer lavadero autoservicio de General Roca. Hoy, su hijo Damián continúa al frente de un negocio que ya forma parte de la historia comercial de la ciudad.
Cuando General Roca todavía tenía extensos sectores de calles de tierra, muchos de los barrios actuales apenas comenzaban a poblarse y lavar el auto significaba sacar el balde y la manguera en la vereda de la casa, una familia decidió apostar por un emprendimiento que por entonces parecía una rareza en la zona. Hace 28 años, en una esquina que era apenas un terreno baldío, abrió sus puertas el Lavadero Magic, el primer lavadero de autos autoservicio de la ciudad, un negocio que todavía hoy continúa funcionando y que se convirtió en un verdadero testigo del crecimiento de Roca.
La historia de los Vasiluk en el Alto Valle comenzó mucho antes de abrir las puertas del lavadero ubicado en la esquina de Mendoza y Artigas. Antonio Vasiluk y Elisa Guette llegaron desde Darregueira, en la provincia de Buenos Aires, en 1975. La familia venía de un pequeño pueblo y de una vida ligada al campo, pero la búsqueda de nuevas oportunidades laborales los empujó a armar las valijas y probar suerte en la región. "Nos dijeron que acá había trabajo y nos vinimos", recordó en diálogo con ANR Damián Vasiluk, quien nació en 1974 y prácticamente creció junto al desarrollo de la ciudad y los distintos emprendimientos familiares.
Antes de convertirse en pioneros de un rubro que con el paso de los años se multiplicó en la ciudad, los Vasiluk atravesaron distintos trabajos y oficios. Antonio trabajó durante años en Pepsi y también en una estación de servicio de General Roca. Más tarde la familia abrió un comercio de barrio que se mantuvo durante unos 15 años, hasta que la llegada de las grandes cadenas de supermercados y el cambio en los hábitos de consumo comenzaron a golpear con fuerza al pequeño negocio familiar. Fue entonces cuando surgió una idea que terminaría cambiando el rumbo de la familia.
La propuesta llegó de la mano de un cuñado de Damián, que había visto por internet un sistema de lavado autoservicio que todavía no existía en la región y que apenas funcionaba en algunas grandes ciudades del país. La iniciativa entusiasmó a la familia, que decidió cerrar el comercio y apostar por un emprendimiento completamente nuevo. Compraron el terreno, que en ese momento era un baldío, trajeron las máquinas desde Mar del Plata y comenzaron a levantar el que sería el primer lavadero autoservicio de General Roca.
El desembarco de "Magic" en la ciudad estuvo rodeado de curiosidad. Según recordó Damián, cuando abrieron el lugar muchos vecinos no entendían de qué se trataba el nuevo local y algunos incluso se detenían frente a las aspiradoras pensando que eran surtidores de combustible. "La gente no sabía qué era un lavadero autoservicio, no entendían cómo tenían que pagar y lavarse el auto ellos mismos", recordó Damián entre risas, al repasar aquellos primeros días de funcionamiento.
Durante más de diez años el emprendimiento no tuvo competencia, por sus boxes pasaban miles de vehículos y los taxistas se fueron convirtiendo rápidamente en habitués del lugar, se armaban rondas de mates y muchas familias incorporaron el lavado del auto como una salida distinta de fin de semana. Incluso, según recuerda Damián, el sistema permitió que muchas mujeres se animaran a lavar sus propios vehículos sin depender de otra persona, algo que por aquellos años tampoco era tan habitual.
Consultado sobre como es mantener un comercio abierto durante casi tres décadas en Argentina, damián afirmá que no fue para nada sencillo. La familia atravesó crisis económicas, cambios de gobierno y una pandemia que estuvo cerca de obligarlos a bajar las persianas. "Fue durísimo", admitió Damián al recordar aquellos meses de incertidumbre. Sin embargo, el hecho de ser propietarios del terreno y el compromiso de los trabajadores permitieron sostener el emprendimiento en uno de sus momentos más críticos. Hoy el lavadero funciona con un equipo reducido y con un ritmo diferente al de sus primeros años, cuando permanecía abierto las 24 horas y contaba con tres turnos de trabajo.
El paso del tiempo también modificó los hábitos de los clientes y dejó al descubierto el impacto de las crisis económicas. Según relató el comerciante, antes un cliente utilizaba cuatro o cinco fichas para realizar un lavado completo, mientras que hoy el promedio es de dos o tres. "Cuando hay crisis la gente usa una ficha menos, o viene solamente a aspirar el auto y se va", resumió sobre el último tiempo.
A sus 51 años, Damián reconoció que el cansancio comienza a aparecer y que más de una vez pensó en dar un paso al costado. Sin embargo, afirmó que seguirá ligado al negocio que construyeron sus padres y al que considera su segunda casa. Allí pasó más de la mitad de su vida, aprendió un oficio, formó amistades y recibió una enseñanza que, asegura, todavía guía cada una de sus decisiones: trabajar, cuidar a la gente y valorar el esfuerzo realizado para mantener en pie lo que costó tantos años construir.
Para él, el mayor legado que le dejaron sus padres no tiene que ver únicamente con un negocio que logró mantenerse durante casi tres décadas, sino con una forma de entender el trabajo y el trato con la gente. "Mis viejos no tenían título y yo tampoco, pero me enseñaron a trabajar, a cuidar a la gente y a valorar lo que tenemos porque costó mucho conseguirlo", afirmó. Esa filosofía, asegura, es la que todavía guía el día a día del lavadero y también la relación que construyó con cientos de clientes que pasaron por el lugar durante estos 28 años.
Desde la esquina de Mendoza y Artigasm donde funciona el lavadero hace más de 28 años, Damián también fue testigo privilegiado de la transformación de General Roca. Cuando abrió sus puertas hace casi tres decadas, gran parte de la zona estaba rodeada de chacras y extensos sectores de tierra. "Acá atrás había dos cuadras nomás y después era todo campo", recordó al repasar el crecimiento que tuvieron barrios como San Cayetano, que con el paso de los años terminaron integrándose al resto de la ciudad. A pesar de los cambios y del crecimiento urbano, explicó que sigue considerando al Alto Valle un lugar privilegiado para vivir. "Tenemos el mar, la cordillera y el río cerca, vivimos en un paraíso", afirmó.
A pesar del paso del tiempo, de las crisis económicas y de las ofertas que alguna vez recibió por el terreno, Damián asegura que el futuro del lavadero seguirá estando en esa esquina que ya es parte de su vida. "Toda una familia vivió de esto y seguiremos así", afirmó. Y aunque reconoce que algún día llegará el momento de bajar las persianas, tiene una certeza: mientras el negocio pueda sostenerse por sí solo, el primer lavadero de autos de General Roca seguirá abierto "hasta que las velas no ardan" según relató entre risas Damián.