Prevención del suicidio: cuáles son las señales de alerta y por qué es clave fortalecer los vínculos
Por Agustín Aroca
Cada 10 de septiembre se conmemora el día mundial para la prevención del suicidio, una fecha destinada a visibilizar una problemática de salud pública y promover herramientas para su prevención. En Roca, desde las 18 se realizará una jornada de concientización organizada por el Centro de Atención y Acompañamiento Ruca Piuke, en la esquina de avenida Roca y Tucumán.
En diálogo con ANR, el licenciado Mariano Marillán, especialista en psicología vincular con familias, niños y adolescentes e integrante de la Red Argentina de Suicidología, analizó los factores sociales, familiares y emocionales que pueden atravesar a una persona que llega a una situación de sufrimiento extremo.
Para Marillán, el escenario actual en materia de suicidio requiere prestar especial atención a jóvenes y adultos jóvenes, aunque remarcó que el fenómeno no puede analizarse únicamente a partir de estadísticas ni de una determinada franja etaria.
El especialista puso especial atención en la ideación suicida, es decir, el momento en el que una persona comienza a considerar la posibilidad de quitarse la vida.
“Yo he empezado a definir al suicidio no como un sustantivo de muerte, sino como un sustantivo de imposibilidad”, explicó Marillán. Desde esa perspectiva, señaló que muchas personas que atraviesan una situación de este tipo sienten que no encuentran una alternativa frente al sufrimiento que están viviendo.
“Nadie se quiere morir, mucha gente está pensando que no quiere vivir más de la forma en que está viviendo”, sostuvo el integrante de la Red Argentina de Suicidología.
Marillán explicó que la presencia de ideas suicidas no significa necesariamente que una persona vaya a realizar un intento, pero sí constituye una situación que requiere atención, acompañamiento y, cuando corresponde, intervención profesional.
El especialista sostuvo además que no existe una única explicación para comprender estas situaciones. Factores económicos, sociales, culturales, familiares y afectivos pueden confluir de distintas maneras, dependiendo de cada persona y de su historia. “Ahí juega la economía, lo social, lo cultural, lo familiar, lo afectivo, entre todas las variables que vos quieras”, señaló Marillán.
Desde su mirada, uno de los aspectos que merece atención es el debilitamiento de espacios que históricamente funcionaron como lugares de pertenencia: la familia, la escuela, los compañeros de trabajo, los clubes y otros vínculos comunitarios.
“Hoy cada uno cuida sus centavos, su casa, su familia y no puede mirar al otro”, sostuvo Marillán, quien consideró que esa pérdida de lo común también puede repercutir en la forma en que las personas atraviesan sus dificultades y en la posibilidad de que alguien de su entorno advierta que están sufriendo.
El especialista también habló de lo que definió como una “desigualdad emocional”. Explicó que, además de las desigualdades económicas o sociales, existen diferencias en las posibilidades que cada persona encuentra para construir proyectos, sostener expectativas y encontrar un lugar de pertenencia.
En los adultos mayores, Marillán mencionó situaciones vinculadas con enfermedades, envejecimiento o la sensación de haber dejado de ocupar un lugar socialmente valorado. Entre los jóvenes, en cambio, señaló frustraciones relacionadas con expectativas como terminar los estudios, conseguir trabajo, independizarse o formar una familia.
Las redes sociales y la exposición a “vidas perfectas”
En ese escenario, Marillán también mencionó el impacto que pueden tener las redes sociales y las pantallas, aunque aclaró que no deben interpretarse como una causa por sí mismas.
El especialista explicó que la exposición permanente a imágenes asociadas con éxito, felicidad, consumo o bienestar puede profundizar sentimientos de frustración en una persona que atraviesa dificultades. “El otro pudo llegar a tal lugar y yo todavía no pude, el otro pudo acceder a tales lugares o a tal estado en la vida que yo hoy no puedo”, ejemplificó Marillán.
“Cuando se confronta la realidad con la digitalidad, el dolor también es muy exacerbado”, afirmó el especialista, al referirse a la distancia que puede existir entre la vida cotidiana de una persona y los modelos idealizados que observa en las pantallas.
Marillán remarcó, sin embargo, que el suicidio es un fenómeno complejo y no puede explicarse a partir de una sola condición, experiencia o circunstancia.
El integrante de la Red Argentina de Suicidología también cuestionó que el suicidio sea interpretado exclusivamente como consecuencia de una patología. Señaló que existen padecimientos y condiciones de salud mental que requieren atención profesional, pero consideró necesario incorporar además una mirada sobre los vínculos, el contexto y los recursos disponibles para afrontar una situación de sufrimiento.
Otro de los ejes planteados por Marillán durante la entrevista fue la necesidad de fortalecer los vínculos. El especialista hizo una diferenciación respecto de la habitual expresión “redes de contención” y propuso pensar también en referentes afectivos.
Ese referente no necesariamente tiene que ser un familiar, una pareja o un amigo. Marillán explicó que puede ser un vecino, un compañero de trabajo, un conocido o cualquier persona con quien exista un vínculo cotidiano y de confianza.
Lo importante, de acuerdo con el especialista, es que esa persona pueda escuchar, acompañar y ayudar a buscar asistencia cuando sea necesario.
“Tenemos que empezar a reconstruir, pero mientras vamos reconstruyendo ese tejido, esas redes, empecemos a agarrarnos de la mano de los referentes afectivos”, planteó Marillán.
Consultado sobre qué ocurre cuando una persona ya comenzó a atravesar una situación de ideación suicida, el especialista señaló que el objetivo no debe pensarse como “volver atrás”, sino como trabajar para ampliar las alternativas frente a aquello que la persona está viviendo.
Para avanzar en ese camino, Marillán explicó que es necesario conocer qué recursos afectivos, sociales y culturales tiene disponibles esa persona y quiénes pueden acompañarla.
Cuando una persona no logra expresar claramente qué le sucede, el especialista recomendó facilitar el acceso a un espacio profesional donde pueda identificar y poner en palabras aquello que está atravesando.
Respecto de las dificultades para acceder a atención en salud mental, Marillán sostuvo que la respuesta no puede reducirse al costo de una consulta particular. “Hay un Estado que tiene que garantizar el derecho a la salud y tiene que garantizar el bienestar de su comunidad”, afirmó.
En ese sentido, el especialista remarcó la importancia de contar con políticas públicas que permitan acceder a atención y acompañamiento profesional.
Qué señales pueden requerir atención
Marillán recomendó observar cambios significativos o persistentes en la conducta habitual de una persona, especialmente cuando aparecen varios al mismo tiempo o están acompañados por expresiones de sufrimiento.
Entre las señales que mencionó se encuentran modificaciones importantes en el estado de ánimo, el sueño o la alimentación; el aislamiento; el abandono de actividades habituales o la pérdida marcada del interés por aquello que antes formaba parte de la vida cotidiana.
El especialista también señaló que desprenderse inesperadamente de pertenencias importantes puede constituir una señal a tener en cuenta en determinados contextos. “Estos son cambios de humor, cambios muy significativos y uno tiene que estar atento porque dice: bueno, a ver, algo está pasando que no sabemos bien”, explicó Marillán.
Otro punto central aparece cuando una persona comienza a verbalizar que está cansada de vivir, que no encuentra salida o que piensa en morir. Ante esas expresiones, el integrante de la Red Argentina de Suicidología recomendó no minimizar lo que dice ni asumir que se trata simplemente de una frase pasajera.
“Che, ¿me estás diciendo en serio esto? ¿Vos estás pensando en esto?”, ejemplificó Marillán al explicar una forma posible de abordar directamente a alguien que expresa ese tipo de pensamientos.
El especialista remarcó que preguntar de manera directa y respetuosa si una persona está pensando en suicidarse no provoca ni instala la idea suicida. Por el contrario, puede permitir conocer qué está atravesando y abrir una oportunidad para pedir ayuda.
Marillán también desaconsejó responder con comparaciones, minimizar el dolor o recurrir únicamente a experiencias personales. “No está bueno recomendar ni aconsejar, lo único que nosotros podemos hacer es orientar a llegar cuanto antes a un espacio terapéutico”, sostuvo.
Para el especialista, hablar responsablemente sobre suicidio también forma parte de la prevención. “Revalorizar la vida es hablar del suicidio”, afirmó Marillán.
Finalmente, el integrante de la Red Argentina de Suicidología remarcó que prevenir requiere información, diálogo, acompañamiento, vínculos y acceso a espacios profesionales, pero también recuperar la capacidad de advertir el sufrimiento de quienes forman parte del entorno cotidiano.
“Yo veo una salida a futuro siempre y cuando empecemos a tener conciencia en el otro, empecemos a mirar al otro, de que el otro no es un loco, de que el otro está sufriendo”, concluyó Marillán.
Dónde pedir ayuda
Si vos o alguien que conocés atraviesa una crisis o tiene ideas de suicidio, podés pedir ayuda en el hospital o centro de salud más cercano.
También están disponibles el 0800-345-1435, línea gratuita de prevención del suicidio, y el 0800-999-0091, línea gratuita de orientación y atención ante urgencias de salud mental, disponible las 24 horas.
Ante una situación de riesgo inmediato, llamar al 911.
La Red Argentina de Suicidología también brinda orientación a través de WhatsApp al 2920 244099 y por correo electrónico a redargentinadesuiciologiarn@gmail.com.