2026-09-03

OPINIÓN

Una mirada sobre Roca a sus 147 años: “Esta ciudad perdió protagonismo”

El empresario roquense Carlos Pablo comparte una reflexión sobre el presente de la ciudad, sus desafíos y las decisiones que considera necesarias para recuperar protagonismo.

A propósito del 147° aniversario de Roca, el empresario Carlos Pablo escribió una reflexión sobre el presente y el futuro de la ciudad. A continuación, su columna de opinión.

Por Carlos Pablo - empresario de Roca

El 1° de septiembre General Roca cumple 147 años. Y como en toda casa que cumple años, conviene mirar alrededor con honestidad antes de brindar.

Esta ciudad perdió protagonismo. No es una impresión: es un hecho que cualquier roquense puede apreciar. La fruticultura, que fue el corazón económico de todo el Alto Valle, viene golpeada por una economía que le cambió las reglas una y otra vez. Cada chacra que se levanta no es solo una hectárea menos: es una familia menos y un pueblo con menos raíces.

Duele decirlo un día de aniversario. Pero un aniversario no sólo tiene que servir para festejar, sino mucho más en estos tiempos, sobre todo para pensar y mejorar.

Ahora bien, conviene hacerse la pregunta incómoda: ¿Neuquén nos ganó por suerte? No. Neuquén decidió. En abril de 2025 sancionó la ley 3502, "Invierta en Neuquén", que ofrece a quien se radique exenciones de ingresos brutos, sellos e inmobiliario por hasta diez años, financiamiento preferencial, subsidios a los servicios básicos y acceso a tierra fiscal. Se podrá discutir la escala de ese esquema o su costo fiscal, pero no su lógica: el que invierte va donde lo esperan con reglas claras y beneficios.

Roca y Río Negro pueden y deben hacer lo propio. Y es necesario, urgente e indispensable para el crecimiento.

La instalación de comercios e industrias no es ni puede ser un tema más de la agenda local; es el tema. Sin actividad privada nueva no hay empleo genuino, y sin empleo genuino no hay ciudad que crezca por más aniversarios que cumpla. Eso exige del Municipio un obrar proactivo, centrado en:

Primero, los trámites. Habilitar un comercio o radicar una industria no puede llevar meses de mostrador. Ventanilla única, plazos ciertos y silencio positivo cuando el Estado no contesta a tiempo. La burocracia que hoy demora una habilitación es, en los hechos, un impuesto invisible que paga el que quiere producir acá.

Segundo, la carga tributaria. Hay que aliviarla para el que se radica, invierte y toma gente: exenciones temporarias por radicación, por incorporación de empleo formal, por reinversión de utilidades. Y hay que decirlo sin complejos: una tasa que no se cobra sobre una empresa que nunca vino no recauda absolutamente nada. La que sí se instala, en cambio, paga después —todos los meses, durante años— y además emplea, compra a proveedores locales y hace girar el comercio.

Tercero, las reglas. Nadie invierte donde no puede prever. Estabilidad tributaria por un plazo determinado y suelo industrial con servicios completos valen tanto como cualquier descuento.

A eso hay que sumarle lo que Roca viene reclamando hace demasiado tiempo. El aeropuerto Arturo Umberto Illia tiene pista, tiene capacidad y no recibe vuelos comerciales desde hace años. Ponerlo en funcionamiento no es una obra de vanidad: es conectividad para la ciudad y para toda la región, y ningún inversor mira seriamente un lugar al que no puede llegar. Y está la Ruta 22, columna vertebral del Valle, por donde sale nuestra fruta y viajan todos los días miles de vecinos: ampliarla y terminarla no es un pedido local, es la condición para que el Alto Valle vuelva a crecer.

Nada de esto se resuelve desde una sola oficina. Y acá aparece el obstáculo más caro de todos: la falta o el escaso diálogo entre el Gobierno Provincial y el Municipio. Cuando la política se entretiene midiendo fuerzas, el que paga la cuenta no es ningún dirigente. Es el roquense común, que queda de rehén de una interna que no eligió. Ninguna de las decisiones que esta ciudad necesita se puede tomar sin que ambas administraciones se sienten en la misma mesa.

Conviene recordar, además, que a Roca no le falta base para reconstruirse. Tiene un hospital que es referencia regional, universidad, diario y televisión propios, chacras, bodegas, comercio y una comunidad que cuando se organiza resuelve. No es poco: es capital. Lo que falta no son recursos, sino la decisión de ponerlos a trabajar juntos.

El 1° de septiembre de 1879 acá no había más que un fuerte, viento y una promesa. Lo que vino después no lo hizo la historia oficial: lo hicieron las manos que abrieron los canales, los inmigrantes que llegaron sin idioma y se quedaron con oficio, los chacareros que plantaron sabiendo que la primera cosecha la iban a ver sus hijos. Ninguno de ellos tenía garantías, y sin embargo abrieron el agua.

Roca nunca creció esperando que le tocara el turno. Creció cuando se puso de acuerdo. A 147 años, la tarea es exactamente la misma: volver a abrirle paso a esta ciudad.

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