2026-09-01

ANIVERSARIO 147

Mucho más que fútbol: los clubes de barrio que sostienen, acompañan y contienen a las infancias de la ciudad

Nacieron en distintos momentos y bajo realidades muy diferentes, pero tienen algo en común: surgieron de la organización vecinal y hoy reúnen a cientos de chicos y chicas en distintos barrios de Roca.

Por Daiana Larrat

En Argentina hay alrededor de 12 mil clubes de barrio que, en gran parte, subsisten gracias al esfuerzo colectivo de quienes forman parte de esos espacios. Durante décadas fueron creciendo junto a los barrios y se convirtieron en lugares de encuentro, contención e identidad, especialmente para niños, niñas y adolescentes. Roca no es la excepción: detrás de sus clubes hay historias atravesadas por distintas realidades, necesidades y formas de organización vecinal.

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Para dimensionar el lugar que ocupan los clubes de barrio alcanza con mirar algunas de las historias más conocidas del fútbol argentino. Diego Maradona dio sus primeros pasos en Estrella Roja, en Villa Fiorito; Lionel Messi empezó a jugar a los cuatro años en Abanderado Grandoli, en Rosario; y Ángel Di María creció futbolísticamente en El Torito. Detrás de algunas de las mayores figuras del fútbol argentino hubo primero una cancha de barrio.

Messi con apenas 4 años en el Club Abanderado Grandoli de Rosario.  

En Roca, aunque la mayoría de los chicos que pasan por estos espacios nunca llegue al fútbol profesional, el lugar que ocupan los clubes es igual de importante y va mucho más allá de formar jugadores. Muchos de ellos son parte de la historia roquense, permanecieron durante años y hoy dan muestra del paso de generaciones por sus espacios. Otros nacieron en medio de conflictos sociales, donde jugar a la pelota se volvió una trinchera, y algunos fueron construidos para dar un respiro en momentos donde el contexto parece apretar.

Podemos dar cuenta de ello si recorremos barrios como Alta Barda, Barrio Nuevo, Tiro Federal, Fisque Menuco, Mosconi, Chacra Monte y más. En cada uno de ellos, encontraremos familias, niños, niñas y adolescentes disputando una pelota en medio de una cancha que seguramente improvisaron en algún terreno baldío o en un playón. 

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Tienen historias diferentes, pero comparten una característica: no surgieron necesariamente con grandes estructuras ni recursos. En muchos casos comenzaron con vecinos que decidieron organizarse ante la falta de actividades. Con los años, esos grupos fueron creciendo, consiguieron espacios, sumaron disciplinas y se transformaron en instituciones que hoy acompañan a una gran cantidad niños, niñas y adolescentes.

Cuando hacemos mención de la historia de Roca y del paso de los años, es fundamental adentrarnos en el surgimiento de los clubes de barrio que forjaron identidad y sentido de pertenencia. Uno de ellos es el Club Tiro Federal, que desde hace más de 50 años construye lazos en el norte de la ciudad con un trabajo unificado y coordinado.

En el ingreso al club, la viva imagen de su fundador

 

Fue fundado en 1974 por Domingo “Gody” Andinao, cuando el espacio donde actualmente funciona el club todavía era una chacra. En sus primeros años, las actividades se desarrollaban del otro lado del zanjón, hasta que el crecimiento de la institución y las condiciones del lugar llevaron a buscar un nuevo espacio. La identidad del club también fue cambiando con el tiempo. En sus comienzos estaba integrado principalmente por jóvenes y adultos, pero la llegada de nuevas generaciones modificó el perfil de la institución.

“A medida que fueron pasando los años, fue aumentando la demanda de chicos más chicos”, contó Paola Matilla, integrante de la comisión directiva. Sin embargo, el auge del club fue en la década del 90, donde al mismo tiempo los clubes comunitarios y barriales sufrían una profunda crisis social y económica. En ese contexto fue que nació una tradición que se mantiene hasta la actualidad, la merienda después del entrenamiento.  

El club rapidamente comenzó a marcar presencia en los eventos deportivos importantes de la ciudad. Foto: CA Tiro Federal

 

“Surgió en realidad hace muchos años atrás, cuando dábamos la merienda en el espacio donde el club funcionaba anteriormente. Se cortaba la calle en los años 90/2000 y era porque había hambre. Entonces los chicos salían de la escuela y te pedían algo calentito", recordó Paola. 

En 2003, el club obtuvo la personería jurídica y logró constituirse formalmente como asociación. Nueve años más tarde, en 2012, las tierras fueron expropiadas por el Municipio de Roca y el club consiguió el predio donde funciona actualmente. Allí concurren alrededor de 100 chicos y chicas a las distintas categorías infantiles y juveniles, incluido el fútbol femenino. Y como sucedía hace más de 25 años, la merienda sigue siendo un momento de encuentro, charla y risas entre grandes y chicos.

Desde 2013 tienen su sede sobre calle Evita y Maipú. Foto: CA Tiro Federal

Pero el acompañamiento no termina cuando termina el entrenamiento. Desde  Tiro Federal también construyeron redes con otras instituciones para abordar situaciones que exceden lo deportivo. Desde hace años integran el Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de Río Negro (Coniar), tienen vínculos con la Senaf y conexión con las universidades. "Eso te ayuda a abordar ciertas problemáticas que aparecen en los entrenamientos. Uno trata de acompañar y de brindar contención", sostuvo Matilla. 

Este trabajo se sostiene con una comisión de 15 personas y con adultos que, después de cumplir con sus propias obligaciones, llegan al club para hacerse cargo de las distintas categorías. “Es tiempo que dedican, salen de su laburo, vienen a hacerse cargo de las categorías, los días sábados, los días domingos, sacan tiempo de su familia para estar con los chicos”, describió.
 

El club que le ganó a las topadoras

El Club Fiske Menuco tiene una historia atravesada por la organización vecinal. Comenzó a gestarse entre 2013 y 2014, cuando un grupo de vecinos empezó a brindar talleres de fútbol y vóley ante las necesidades que observaban en el barrio. Pero dos años después atravesaron uno de los momentos más difíciles de su historia.

En 2015, según recordó su referente David Morales, una topadora de la gestión de Martín Soria, intentó avanzar sobre las canchitas donde el grupo desarrollaba sus primeras actividades. La situación generó un conflicto que terminó siendo también un punto de inflexión para el proyecto y un puntapié para lo que vino tiempo después. 

“Fue un proceso muy difícil, muy duro, pero eso nos habilitó y nos permitió llevar adelante un proceso de institucionalización de nuestro grupo de trabajo y, aparte de ahí, bueno, nace el Club Fiske Menuco”, relató Morales.

David Morales, referente del club. Foto: Tania Domenicucci


 Con el tiempo consiguieron un predio y fueron construyéndose con trabajo vecinal y aportes de distintos sectores de la comunidad. En 2017 iniciaron las gestiones para poder obtener el espacio y en 2019 lograron concretar el sueño. Junto a las familias y vecinos del barrio, levantaron las canchas y acondicionaron el lugar. 

Actualmente unas 150 personas participan de sus actividades, entre niños, jóvenes y adultos que se acercan no solamente del barrio sino que de otros puntos de la ciudad. El fútbol convive allí con otras propuestas como arquería, tejo y Newcom en arena. 

Actualmente, el club tiene  categorías de fútbol que incian desde los 4 años. Foto: Tania Domenicucci

 

La idea, explica Morales, no es poner el foco exclusivamente en competir.“Siempre con la idea de promover el deporte desde el ámbito recreativo y no competitivo”, señaló.

A la hora de hablar sobre los obstáculos o complicaciones con las que se enfrentan día a día, Morales da cuenta de diferentes frentes que atraviesan a todos los clubes.  

Los fines de semanas se dan encuentros con otros clubes de barrios con quienes comparten experiencias. Foto: Tania Domenicucci


"Son cuestiones externas, macrosociales que nos afectan, que tienen que ver con la falta de infraestructura, la urbanización desordenada que está teniendo nuestra ciudad y la especulación inmobiliaria,  en la cual obviamente que los primeros en verse afectados son proyectos comunitarios donde claramente el dinero no es lo importante, sino que lo importante es el deporte, la salud, el encuentro y, por lo tanto, no tiene lugar el dinero más que las necesidades  que podemos llegar a satisfacer", sentenció Morales.

Luego, surgió en la charla una de las problemáticas que más se ha asentado en la región y en todos los ámbitos de la sociedad: el narcotráfico. Morales indicó que se trata de la violencia propia de un sistema neoliberal que castiga cada vez más a los barrios. Ante este panorama, está convencido que lazos que se construyen en el club son la respuesta ante esta cruda realidad.

“Tenemos que enfrentarnos con la mejor receta que es el amor, el encuentro, la confluencia de hermanos y hermanas que nos podamos ayudar y acompañar en este proceso difícil, desafiante, donde claramente las políticas públicas están ausentes. Acá somos los vecinos y vecinas que estamos sosteniendo estos espacios con convicción”, reflexionó. 

El club que busca transformar realidades

Quinta 25 Fútbol Club tiene apenas unos años de recorrido. Nació a partir de una escena que Leo Ortiz veía todos los días en el barrio y que coincide con otras experiencias: muchos chicos en las calles del barrio  sin una actividad cercana donde pudieran reunirse

Junto con la iglesia a la que pertenece decidió comenzar a trabajar para brindarle una alternativa a los chicos no podían trasladarse hasta otros clubes de la ciudad. 

Los primeros entrenamientos fueron en el playón. La respuesta fue inmediata: llegaron a reunirse entre 70 y 80 chicos y chicas, una cantidad que rápidamente superó la capacidad del lugar. Por eso fueron en búsqueda de un lugar más grande, fue así que decidieron trasladarse al terreno que se encuentra en el ingreso al barrio, sobre calle Maipú al 3700. En aquel lugar, levantaron los arcos y los cimientos del club. 

Los entrenamientos terminan al mismo tiempo que el sol empieza a ocultarse. Foto: ANRoca


Actualmente trabajan con chicos desde los seis o siete años y también con categorías libres, incluyendo fútbol femenino. El crecimiento del club se dió principalmente por el esfuerzo y la autogestión. “Todo esto es ad honorem, no recibimos nada. Es todo a pulmón. Las pecheras que usan los nenes fueron confeccionadas por la pastora de la iglesia, hemos tenido muy poca ayuda”, comentó Ortíz. 

Esa falta de asistencia está a simple vista, la cancha donde más de 20 chicos asisten a entrenar está lindera al basural que se generó en el zanjón que divide a Quinta 25 de Barrio Nuevo. Los días en que el viento apenas levanta una brisa, las bolsas de plásticos suelen interponerse en las jugadas y en las corridas de los más pequeños. Sin mencionar que en verano, las altas temperaturas son el elemento principal para que comiencen a emanar fuertes olores. 

La cancha en la que juegan niños y niñas del barrio. Foto: ANRoca


“Este año queremos ver si podemos plantar algunos arbolitos pero bueno, solos no podemos. Si no te ayuda el gobierno municipal, provincial o nacional, es muy difícil avanzar. Acá nos ha costado muchísimo porque nos prometieron luces, nos prometieron agua y arbolitos. Ya vamos para cinco años y nada”, agregó. 

A pocos metros de donde juegan, hay un edificio que pertenecía a  la pista de ciclismo “ex Villanova”  y es parte del predio que consiguieron, el cual buscan utilizar como espacio para brindar un refrigerio a los chicos ya que Ortíz menciona que se ha encontrado con niños que llegan con hambre . Sin embargo, le han cortado la luz y el agua, lo que les imposibilita concretar ese objetivo. También se habían colocado luces para poder realizar las actividades durante el invierno pero fueron robadas y vandalizadas, lo que acorta más el tiempo de entrenamiento. 

A eso se suma una dificultad que atraviesa directamente a las familias: participar de los torneos. Ortíz contó que el club ha participado del Mundialito y otras competencias, pero que los costos muchas veces terminan siendo una barrera.

Inscripciones, movilidad e indumentaria se convierten en gastos difíciles de afrontar para familias que, en muchos casos, deben priorizar necesidades básicas.

“Te encontrás con nenes que vienen en alpargata a entrenar, con nenas, por ejemplo, que tienen jean porque no tienen un busito”, relató.

Leo mencionó que ha hecho diversos cursos de entrenador, ha estado en la Liga Confluencia y fue parte de Argentinos del Norte, lo que le permitió sumar conocimientos  que le permitan “tener algo que aportar a los chicos”. Ante los hechos, esto queda en segundo plano,  porque, en Quinta 25, la realidad que aparece en la cancha muchas veces excede cualquier cuestión deportiva.

Leo junto a los niños y niñas al finalizar el entrenamiento. Foto: ANRoca

Y quizás allí, se visibiliza con mayor claridad qué significa para Ortiz sostener el club. No se trata solamente de formar jugadores ni de conseguir resultados, sino de mantener abierto un espacio en un barrio donde, como él mismo contó, muchos chicos no tienen demasiadas oportunidades.

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