2026-04-09

Vigorexia: cuáles son las señales que alertan sobre una adicción al ejercicio

Mantenerse activo ayuda, aunque el exceso tiene sus riesgos. Cuando la rutina se vuelve una obligación que genera culpa al faltar, la relación con el deporte ha dejado de ser saludable.

El ejercicio físico es una piedra angular para una vida saludable. Médicos y entidades como la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo recomiendan enfáticamente. Sin embargo, cuando la pasión por el fitness se transforma en un mandato imperativo, empiezan a surgir banderas rojas, según explica la reconocida entrenadora india Deepti Sharma.

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Mover el cuerpo es vital para prevenir enfermedades no transmisibles como el sedentarismo y la obesidad. La OMS recomienda que los adultos sanos acumulen entre 150 a 300 minutos de ejercicios moderados por semana o el equivalente en ejercicios de alta intensidad. Integrar ejercitaciones de fuerza dos veces por semana es igual de crucial. Pero ¿qué pasa cuando el ritmo se convierte en un implacable motor que dicta cada aspecto de la vida? Sharma aclara que llega un punto en que la armonía saludable se desdibuja, trasformándose en una dependencia malsana al ejercicio.

“Como ocurre con muchas adicciones, con la vigorexia el cambio es gradual: una sesión extra aquí, un día de descanso omitido allá, hasta que, finalmente, incluso el descanso empieza a sentirse como un fracaso”, sostuvo el doctor Vipul Lunawat. La frase resume bien por qué este problema puede pasar inadvertido durante bastante tiempo.

En el plano físico, el exceso de entrenamiento sin recuperación suficiente puede favorecer lesiones repetidas, fatiga persistente, bajo rendimiento, alteraciones del sueño y peor recuperación. También pueden presentarse alteraciones hormonales: en mujeres, ciclos menstruales irregulares y menor densidad ósea; en varones, descenso de testosterona.

A eso se suma el impacto emocional. “Puede aumentar la ansiedad, el estrés y los cambios de humor, ya que la persona puede sentir una presión constante por ejercitarse y miedo a perder progreso”, señaló el doctor Sharadhi C, psiquiatra indio del Hospital Aster CMI de Bengaluru. También advirtió que con el tiempo el entrenamiento puede dejar de ser disfrutable y transformarse en una imposición. De repente, el 'nunca te saltes un día' deja de ser un simple lema para convertirse en una fuente de ansiedad y desgastes, explica el doctor Vipul Lunawat.

Entrenar a diario no implica necesariamente un problema. La diferencia está en el modo. Una rutina saludable admite flexibilidad, escucha corporal y variaciones de intensidad. No todos los días tienen que ser de máxima exigencia: también cuenta caminar, hacer movilidad, yoga, elongación o una sesión liviana. La propia OMS remarca que toda actividad suma y que la regularidad debe sostenerse de manera segura y acorde a cada persona.

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