Tras 15 años levantando cajas, la Justicia reconoció que su hernia de disco fue causada por el trabajo
El Superior Tribunal de Justicia de Río Negro confirmó un fallo que había reconocido a una hernia de disco como una enfermedad profesional causada por más de 15 años de esfuerzo físico en un galpón de empaque de frutas. El trabajador, que se desempeñaba como estibador en Roca, había sido diagnosticado tras sufrir intensos dolores lumbares. La aseguradora de riesgos del trabajo (ART) había negado el reclamo, pero la Justicia le dio la razón al empleado.
El caso comenzó con una demanda laboral luego de que una resonancia magnética confirmara el diagnóstico. Aunque en un principio tanto la Comisión Médica como la ART consideraron que la dolencia no tenía relación con el trabajo, el tribunal de primera instancia falló a favor del trabajador, señalando que existía una conexión directa entre la patología y las tareas que realizaba.
Durante más de una década, el hombre cargó cientos de cajas de entre 18 y 20 kilos por jornada, sin controles médicos periódicos ni estudios ergonómicos por parte del empleador. Esa rutina sostenida en el tiempo fue clave para que el fallo lo reconociera como un caso de enfermedad profesional.
La aseguradora apeló la sentencia argumentando que el juez se había apartado de la pericia médica oficial, y cuestionando tanto el diagnóstico como el porcentaje de incapacidad establecido en un 24,6%. Sin embargo, el máximo tribunal de la provincia rechazó el recurso, señalando que no se habían demostrado errores ni contradicciones en la decisión anterior.
Además, el fallo recordó que desde 2014, por decreto, las hernias de disco lumbares están contempladas como enfermedades laborales cuando existen tareas que implican movimientos repetitivos, esfuerzos físicos o posturas forzadas, como las que realizaba el trabajador.
La Justicia también tuvo en cuenta que al momento de ingresar al trabajo, el hombre no presentaba antecedentes médicos y había sido declarado apto. Una pericia en seguridad e higiene laboral, junto al testimonio de un compañero, sirvieron como prueba de las condiciones exigentes y repetitivas a las que estaba expuesto.