2025-07-27

Biblioteca Popular Quintun: un espacio que escucha, acompaña y crece junto al barrio

Ubicada en JJ Gómez, la Biblioteca Popular Quintun se sostiene desde hace años como un espacio de cultura, aprendizaje y contención. Allí, un equipo de bibliotecarios comprometidos acompaña el crecimiento del barrio con las puertas siempre abiertas.

En el corazón del barrio JJ. Gómez, de General Roca, la Biblioteca Popular Quintun funciona desde hace varias décadas como un espacio de lectura, encuentro y contención. Nació como respuesta a una necesidad concreta del barrio, cuando acceder a libros o al centro de la ciudad era complicado. Actualmente, el equipo de trabajo del lugar está conformado por Isabel Nahuelñir, presidenta de la comisión directiva; Marta Matilde; Maribel Araya junto a Pablo Cornejo, quienes sostienen la atención diaria. El equipo, mantienen viva una biblioteca que no se limita a conservar libros, sino que apuesta a sostener una comunidad.

La biblioteca se encuentra ubicada en en Mitre 5340. (Fotos Tania Domenicucci-ANR)

En una entrevista de Agencia de Noticias Roca con Pablo, parte fundamental del lugar, comentó que el proyecto surgió del impulso de docentes, familias y estudiantes allá por 1987. “El colectivo pasaba dos veces por día, no había fotocopiadoras, y si vivías lejos, estabas lejos de todo”, recuerda. Una de las figuras centrales fue Marta Marilef, bibliotecaria que formó parte de la fundación. “Fue fundamental en la construcción de este espacio”, comenta.

El lugar cuenta con espacios adpatados para todas las edades para poder acompañar cada proceso de aprendizaje. (Fotos Tania Domenicucci-ANR)

 El nombre de la biblioteca, Quintun, significa "lugar de búsqueda" en lengua mapuche, este mismo habla de su identidad, y a más de tres décadas de su fundación, sigue creciendo día a día de la mano de su comunidad.“Acá se puede escuchar música, hablar, jugar, estudiar, leer. La biblioteca silenciosa ya no existe más”, explica. 

Pablo se desempeña en el turno mañana, de 8 a 14 horas. (Fotos Tania Domenicucci-ANR)

Con esa definición, Pablo da cuenta del espíritu que se respira en el espacio. El público que más se acerca son familias, niños, adolescentes de los colegios priamarios y secundiarios aledaños. Así también amas de casa que se acercan por recetarios, libros de autoayuda, entre otros. La biblioteca se mantiene activa y cuenta con una gran cantidad de socios: “Alrededor de 4.000”, estima Pablo. 

El lugar tiene más de veinticinco mil libros catalogados, gracias  el subsidio de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP). (Fotos Tania Domenicucci-ANR)

 

“Aunque no todos están activos y hay quienes dejaron de pagar, siguen viniendo y nos parece bien que lo hagan. No vamos a andar fijándonos si pagaste o no. Si sos una biblioteca popular, no podés negar el acceso.” Hoy la cuota es de 200 pesos mensuales, un valor simbólico. “Si no tenés para pagarla, igual te llevás el libro”, aclara. Entre los ejemplares, se encuentran libro de teatro, novelas, juveniles, educación, historia, autoayuda y muchos más.

 La variedad invita a todas las edades a leer.(Fotos Tania Domenicucci-ANR)

 

El vínculo con los vecinos es fuerte. “Hay una sensación de pertenencia. El barrio nos cuida.” Si bien asegura que la inseguridad está presente, no suelen haber mayores inconvenientes. Los usos que hacen del lugar son diversos: las personas vienen a estudiar, a consultar tareas, a buscar cuentos para sus hijos, a pasar el rato, a imprimir algo, a cargar el celular o simplemente a charlar. “Lo importante es que la biblioteca esté abierta. Y que cuando alguien entre, lo recibas bien. Y cuando se vaya, se lleve algo más. Aunque sea una conversación.”

El espacio no solo brinda servicios bibliotecarios: cuenta con conexión a internet gratuita, impresiones a bajo costo y una escuela primaria para adultos en convenio con el Ministerio de Educación. También fue sede de talleres de ajedrez, guitarra, plástica, costura, entre otros, aunque muchos se vieron interrumpidos por cuestiones económicas. “En algún momento tuvimos hasta nueve talleres. Ahora apenas dos. Estamos volviendo a hacer rifas, a juntar papel. La motosierra nacional nos obliga a ser creativos”, indica y explica que han tenido que recurrir a rifas para costear gastos extras.

 

La biblioteca cuenta con espacios adaptados para los talleres que ofrece. 

Pablo explica que el subsidio de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) sigue siendo clave para poder comprar libros y actualmente la Biblioteca Popular Quintun es también un espacio de acceso a la tecnología. Cuenta con un espacio digital con computadoras, para que quienes necesiten puedan hacer uso de estas herramientas. “Internet es parte de nuestra realidad. No se puede negar”, explica.

Toda persona que necesite puede hacer uso de los equipos. (Fotos Tania Domenicucci-ANR)

Por eso, dice Pablo, no hay una tensión entre los libros y lo digital, sino una convivencia. “Acá no usamos la letra ‘o’. No es libros o internet. Es internet y libros", sostiene. De hecho, Pablo cuenta que muchas veces le consultan tareas escolares por mensaje, y también están tratando de implementar medios digitales para cobrar impresiones o donaciones,“Si no mutamos, desaparecemos”, argumenta.

Una profesión que implica compromiso y escucha diaria

Pablo llegó a trabajar a la biblioteca luego de formarse como bibliotecario. Pero hoy su trabajo va mucho más allá del préstamo de libros. “A veces viene gente que simplemente quiere que la escuchen”, cuenta. “Hay un rol social que tiene que ver con contener, con acompañar. La biblioteca es un espacio de contención”. Actualmente, el trabajo bibliotecario fue cambiando con los años. “Antes solo se catalogaba, se ordenaba, se guardaba, se prestaba. Ahora se hace de todo. La gente te cuenta lo que le pasa. Y a veces, con eso alcanza”, señala.

Más allá del trabajo administrativo, del catálogo, de los libros, Pablo destaca algo que no figura en ningún reglamento, pero es el motor del lugar: la calidez y el incentivo a que vuelvan. “Acá no pedimos papeles para llevar un libro. Si te interesa, te lo llevás. Y los libros vuelven. Y si no, también está bien. Lo importante es que este lugar esté abierto. Que te reciba bien cuando llegás y que te despida mejor cuando te vas.

De esta manera, la biblioteca pasa a ser más que solo un lugar para buscar libros: también es un espacio donde encontrar compañía, respuestas o simplemente alguien que escuche. En un contexto cada vez más difícil para los espacios culturales, Pablo Cornejo recuerda que a veces no hace falta mucho: una charla puede ser tan valiosa como un libro. Por eso, mientras recomienda leer “Las venas abiertas de América Latina”, reafirma el espíritu de la Biblioteca Quintun: estar, recibir y acompañar. En ese gesto cotidiano, sencillo pero profundo, se construye y se cuida una comunidad.

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