Federico Brizuela, el nuevo jefe de Bomberos de Roca, y una vocación forjada desde la adolescencia
A los 17 años, Federico Brizuela salía corriendo de su casa cada vez que sonaba la sirena. Mientras se cambiaba de ropa, su mamá o sus hermanas ya le habían dejado la bicicleta lista en la vereda. Hoy, casi 25 años después de aquellas primeras intervenciones, será oficialmente designado como jefe del Cuerpo Activo de Bomberos Voluntarios de General Roca, durante el acto por el Día Nacional del Bombero Voluntario, que se celebrará este domingo 2 de junio en el Cuartel Central.
Brizuela ingresó a la institución en el año 2000 y realizó su juramento en 2001, con una vocación que parecía tener más de impulso adolescente que de proyecto de vida. Pero el tiempo, el sacrificio y el "amor a la adrenalina", hicieron lo suyo. Su paso por distintas áreas operativas y de gestión lo consolidaron como una figura clave dentro del cuerpo. No es la primera vez que estará al frente: ya tuvo ese rol en el período 2020/2021. Ahora, la Comisión Directiva vuelve a confiar en su liderazgo para una nueva etapa.
"En esa época, lo que era costumbre, no solamente en Roca sino en todos lados, era que el bombero ya siendo aspirante participara de las intervenciones. Hoy eso está totalmente prohibido por seguridad, pero antes, si uno hacía unos buenos primeros meses, ya empezaba a salir. Imaginate, con 17 años, yendo a incendios de viviendas o accidentes vehiculares… era bastante brusco", recuerda Brizuela, con la mezcla justa de nostalgia y humor.
El nuevo Jefe de Bomberos recuerda sus primeros pasos dentro de la institución. Foto: (Tania Domenicucci - ANRoca)
El contexto era otro. No existían las academias actuales ni la preparación teórica que hoy reciben los aspirantes. Lo que se aprendía, se aprendía en el camino, y sobre todo, al lado de quienes ya tenían experiencia. “Había muchos bomberos con canas, por decirlo así. Entonces uno se sentía muy acompaño. Tenías al lado gente con mucha experiencia”, explica.
Su primera intervención fue en un incendio de pastizales, en la zona del ex Maruchito. Lo recuerda como si hubiera sido ayer. “Tocaba la sirena e ibas corriendo hasta el cuartel. Nunca me voy a olvidar. Es una anécdota que siempre le cuento a mi hija”, dice, entre risas.
La vida le devolvió esa pasión en forma de profesión. Hoy, Federico integra el Cuerpo de Bomberos de la Policía de Río Negro en el Aeropuerto, y se especializa en investigación de incendios. “Siempre digo que mi trabajo lo tengo gracias a la profesión que me dio Bomberos. Entré con ocho años de experiencia como voluntario”, cuenta con orgullo.
En el cuartel, asegura, la diversidad de saberes es una de las riquezas más grandes. “Acá tenés carpinteros, mecánicos, profesores, ingenieros… hasta médicos tuvimos. Y todos esos conocimientos se aportan al grupo”, destaca.
Pero más allá del uniforme, el rol de bombero se entrelaza con lo más íntimo: la vida cotidiana, los vínculos, el tiempo con los afectos. “Las horas que dejás acá son las que sacás a tus actividades. Y tus actividades pueden ser amigos, familiares, hijos, parejas”, dice, con total honestidad.
En su caso, hubo acompañamiento desde el principio: sus hermanas también se sumaron a la institución, y hoy su esposa lo apoya en cada paso. “Mis hijos crecieron con eso. Muchos hemos tenido la suerte de que nuestra familia se adapte a todo este movimiento. A veces son varios los nenes que están acá, capaz que están haciendo actividades y ellos están mirando dibujitos todos juntos, son como primos”, agrega, dibujando una postal tan cotidiana como profunda.
Junto a Silvina, una de las primeras mujeres en integrar el Cuerpo de Bomberos. Foto: (Tania Domenicucci - ANRoca)
Ser bombero, para Federico, es un compromiso que atraviesa la vida entera. “El primer amor es ese”, resume, al hablar de la adrenalina de las primeras salidas, pero también del sentido de comunidad y pertenencia que nunca se fue.
Este lunes, cuando vuelva a sonar la sirena en el Día Nacional del Bombero Voluntario, Federico Brizuela la escuchará desde un nuevo lugar, aunque con el mismo espíritu de siempre: el del chico de 17 años que salía en bicicleta a cumplir con su vocación.