Por qué al femicida de Agustina le corresponde prisión perpetua
El violento crimen de Agustina Fernández conmocionó a la región y durante casi seis larguísimos meses se estuvo en vilo sobre un asesino desconocido que parecía jugar con los esfuerzos de la pesquisa. Pero una paciente tarea de investigación y recopilación de datos permitió despejar la hojarasca: el jueves, una comisión policial detuvo a Pablo Parra; la última persona que la había visto con vida; el que la encontró convulsionando, tendida en un charco de sangre en el ingreso de su departamento. El viernes, se le formalizaron los cargos: homicidio agravado por femicidio y alevosía.
Según el Código Penal argentino, la única pena posible para un caso de esta gravedad es la de perpetua. Una de las circunstancias es la del femicidio (el asesinato “de una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género”, inciso 11 del artículo 80); pero también se le agrega la de “ensañamiento, alevosía, veneno u otro procedimiento insidioso”, contemplada en el inciso 2 del mismo artículo.
La figura del femicidio es relativamente nueva en la legislación argentina: fue aprobado hace una década, por la presión de las organizaciones feministas que reclamaban penas más duras para contener los ataques cada vez más violentos contra las mujeres. La fórmula que define al “femicidio” no debe entenderse como la muerte de cualquier mujer sino en circunstancias de violencia de género. Y según las Naciones Unidas, el término “violencia de género” hace referencia a cualquier acto con el que se busque dañar a una persona por su género.
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Para el fiscal Martín Pezzetta, no caben dudas de que se trató un femicidio. Mencionó los reiterados intentos de Pablo Parra por seducir a la joven, en una conducta que se transformó en “obsesión” y “acoso”, al punto de aparecerse con cualquier excusa en sitios donde se podía cruzar con ella.
Según la hipótesis de la investigación, Agustina decidió continuar con su vida en forma normal y comenzó una relación con un joven de su edad que trabajaba en una cervecería. Ese sábado 2 de julio, estuvieron juntos toda la tarde. Y Parra se desesperó. Un argumento de la acusación que la jueza de Garantías Agustina Bagniole hizo propio, fue que los tremendos golpes que recibió la estudiante en su destrozada cabeza tienen más que ver con una furia pasional que un intento de robo.
Queda claro que para la fiscalía, Parra asesinó a Agustina por despecho; por no corresponder a sus demandas amorosas y por unos celos enfermizos que lo llevaron más allá de lo razonable.
Pero también planteó la situación de la alevosía, que es cuando el autor de la agresión se asegura un marco de indefensión de su víctima. Primero, cuando se aseguró que la adolescente se quedara sola en su departamento. Después, ingresando por la parte de atrás de la propiedad, sorteando una reja, levantando una alambrada de púas y entrando por una ventana que había dejado previamente abierta. Cuando empezó el ataque, Agustina estaba de espaldas y se vio totalmente sorprendida. Intentó escapar por la puerta, pero Parra la cerró violentamente sobre su mano izquierda, fracturándole dos dedos.
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Ya con Agustina tendida en el piso, Parra siguió golpeándola con furia con un objeto romo: fracturas en el hueso frontal, en el malar y en la región orbital.
Siempre según esta hipótesis, luego de cometer el hecho, Parra regresó a buscar su vehículo, que había dejado estacionado cerca del complejo de viviendas; hizo una serie de acciones como para dejar registrado su paso por cada lugar; y finalmente regresó al departamento donde “encontró” el cuerpo agonizante.
Ya tenía una coartada que consideró perfecta: un intento de robo perpetrado por alguien que había entrado por la parte trasera del departamento. Todo estaba bien, salvo por un detalle: un pequeño retazo de un género azul, que había quedado enganchado en la cerca de púas. Allí se encontró ADN de Parra. No es la prueba más importante, pero sí la que empezó a poner en dudas el relato del hombre.
Será un jurado popular, integrado por seis mujeres y seis hombres elegidos al azar, quienes deberán determinar su responsabilidad en un juicio que se realizará no más allá de junio de 2023.