"Salir de lo asistencial y brindar herramientas": el impacto del programa CapacitarteRN que reúne a 800 vecinos en Roca
En un contexto económico complejo, la demanda de oportunidades laborales y de capacitación crece en los barrios de la ciudad. Frente a este escenario, el programa provincial CapacitarteRN se consolida como un puente entre la necesidad social y el desarrollo de nuevas habilidades.
Julián Pawly, delegado de Desarrollo Humano de la zona Alto Valle Centro con sede en General Roca, define esta política pública como un cambio de paradigma fundamental para su área. En esta dependencia, cuentan con un equipo técnico de seis trabajadores sociales y atienden por demanda espontánea o a través de otros medios y áreas sociales. Colaboran con municipalidades, especialmente en emergencias como incendios, donde coordinan la asistencia y cruzan información para dar respuesta.
Históricamente asociada a la urgencia y la vulnerabilidad —desde asistir tras un siniestro hasta gestionar un traslado o refaccionar el baño de una persona con discapacidad—, la delegación encontró en este programa una vía superadora. "Nos da la oportunidad a nosotros como delegación de desarrollo, salir netamente de lo asistencial y de estar presente como Estado, con una herramienta y un programa concreto para crear capacidades, habilidades y formar a los vecinos para mejorar sus condiciones de vida, desarrollo personal o económicas", reflexionó el funcionario.
CapacitarteRN es impulsado por el Gobierno de Río Negro a través del Ministerio de Desarrollo Humano. Actualmente, la iniciativa sostiene entre 58 y 60 talleres activos únicamente en Roca, movilizando a un universo cercano a las 800 personas. A nivel provincial, la red se expande a unos 600 espacios de formación.
"La idea es que tengan una formación de inclusión, puede ser para hacer un proyecto, para conseguir un trabajo, aprender a soldar, o complemento con un trabajo que tengo y a la tarde me dedico a soldar y hago canastos de basura a los vecinos", detalló Pawly sobre el espíritu del proyecto.
Un puente entre lo tradicional y lo digital
El funcionamiento del programa tiene un fuerte anclaje territorial. La Provincia no impone los cursos desde un escritorio, sino que articula directamente con asociaciones civiles, bibliotecas populares e instituciones intermedias. Son estas organizaciones de base las que evalúan las necesidades de su entorno, proponen los proyectos y postulan a los talleristas encargados de dictar las clases.
El abanico de oficios es sumamente variado. Entre las ramas tradicionales se destacan las capacitaciones en soldadura, albañilería, construcción en seco, confección de indumentaria, marroquinería, tapicería, carpintería y electricidad domiciliaria.
Sin embargo, los nuevos consumos culturales y las formas en que los vecinos y vecinas se conectan también ganaron terreno. "Tenemos la innovación de los jóvenes que salen con una creación de contenido, un streaming, herramientas de comunicación visual", explicó Pawly. El funcionario destacó que estas herramientas digitales sirven para que emprendedores de distintas edades aprendan a mostrar y comercializar sus propios productos en las redes sociales.
En cuanto al sostenimiento de los espacios, los talleristas reciben un reconocimiento económico por brindar seis horas de clases semanales. Asimismo, el programa contempla partidas para la compra de materiales e insumos, buscando garantizar que ningún vecino abandone la cursada por no poder costear los elementos de práctica.
El salto hacia el emprendimiento propio
La capacitación técnica es solo el primer paso. El ecosistema de Desarrollo Humano vincula la formación con otras líneas de acción, como los programas de Microemprendimiento y Desarrollo Local. Estas herramientas están diseñadas para inyectar financiamiento directo a quienes buscan dar un salto productivo.
Pawly ilustró la operatoria explicando que apuntan a acompañar a quien ya tiene un oficio o un emprendimiento en marcha y necesita escalar su producción. "Yo vengo mañana acá (...) tengo una amoladora vieja y una soldadora. Ahora, si tengo esta otra soldadora, esta herramienta mejorada, puedo crecer", ejemplificó. "Un vecino que tenga ganas de dejar la soldadura como hobbie y hacer un tallercito de trabajo con alguna herramienta más profesional, puede estar acompañado por nuestra delegación."
Ante proyectos viables, el Estado aporta fondos económicos —que pueden rondar el $1.200.000— destinados exclusivamente a la compra de maquinaria e insumos a través de canales formales. La operatoria es transparente y no genera endeudamiento para el beneficiario. "Lo rindo con una factura (...) no es un crédito, no debe nada a la provincia", subrayó el delegado.
La intención es financiar el crecimiento real y no aventuras improvisadas. "A qué apuntamos (...) a alguien que amplíe. No que mañana se me ocurrió 'voy a ser mecánico, dame todas las herramientas' aunque nunca arregló un auto", aclaró Pawly, remarcando que el apoyo es para quienes conocen un oficio, se capacitaron y pueden proyectar dónde vender lo que producen o a quienes llegar con un servicio.
Cierre de ciclo y certificados en camino
La mayoría de los cursos de CapacitarteRN comenzaron entre junio y julio, con una duración estipulada de cuatro a cinco meses. Por estos días, los grupos se encuentran promediando la cursada.
Para el mes de octubre está previsto el cierre formal del ciclo 2026. Según adelantó Julián Pawly, se organizarán exposiciones donde los alumnos podrán exhibir y vender los trabajos realizados durante el año. Como corolario de ese compromiso, cada participante recibirá un certificado oficial firmado por la Provincia, validando los saberes adquiridos y abriendo, tal vez, la puerta a un nuevo futuro laboral.