2026-06-25

Él escapó de una dictadura y ella buscaba una vida distinta: hace 37 años eligieron construirla juntos en Roca

Ambos artesanos, él llegó hace más de 40 años desde Chile durante la dictadura sufrida en su pais natal y ella dejó Rosario buscando otro lugar para empezar un nuevo estilo de vida: entre ferias y talleres encontraron una manera propia de construir una familia.

Por Agustín Aroca

En una casa de Villa Obrera, entre bancos de trabajo, herramientas, esculturas, piezas de madera y objetos que cuentan historias propias, Nicolás Ardiles y Nanci Carlino, vecinos que llegaron hace más de 40 años a Roca, construyeron mucho más que un taller artesanal.  Hace casi 37 años construyeron una forma de vida, compartiendo el mismo oficio, el mismo espacio y una manera particular de entender el tiempo, el trabajo, la familia y los vínculos.

Lee también: La historia de Víctor Hugo y una vida dedicada al fútbol barrial: más de 20 años formando chicos

Lo que empezó como un encuentro entre ferias terminó convirtiéndose en un proyecto común que atravesó mudanzas, viajes, hijos, cambios económicos y una decisión que nunca pusieron en discusión: vivir haciendo artesanías. La historia de ambos empezó mucho antes de conocerse y en geografías distintas. Nicolás nació en Chile y llegó a Argentina durante los años de la Dictadura de Pinochet en el vecino país, en un contexto que lo empujó a buscar otro lugar para empezar de nuevo. Nanci, en cambio, dejó Rosario siendo muy joven, aunque por razones completamente distintas.

 

En diálogo con ANR, ella afirmó que necesitaba salir de una ciudad grande donde sentía que no encontraba espacio para ser quién era ni para construir la vida que imaginaba para sí misma. Desde muy chica asegura que supo que, iba a ser artesana. No recuerda haberlo pensado demasiado ni haber tenido un momento puntual de decisión: simplemente lo sabía. Empezó su camino en Rosario y más adelante eligió Neuquén para reencontrarse con ese oficio que ya sentía propio. “Sabía que iba a ser esto que soy. Siempre tuve claro que quería una vida distinta, una vida más libre, sin tantos prejuicios y más conectada con lo que me hacía bien”, recordó.

 "Soy 100% rosarina pero vine al sur eligiendo un estilo de vida diferente a la gran ciudad" expresó Nanci, quien es artesana "de toda la vida". Foto Tania Domenicucci-ANR

 

El encuentro entre ambos ocurrió justamente en una feria artesanal neuquina. Nicolás frecuentaba las ferias acompañanando a un amigo, y allí Nanci ya vendía sus producto. Años después volvieron a cruzarse y todo pasó "sin demasiada charla", según contó entre risas Nicolas. El punto que terminó de cambiarlo todo llegó cuando hicieron una temporada juntos en Las Grutas. Ahí, cuenta Nanci, él terminó enamorándose de ese modo de vivir.

Desde entonces, y hace más de 37 años, nunca dejaron de caminar juntos. La pareja recordó que durante muchos años las ferias fueron mucho más que un lugar de venta: fueron puntos de encuentro, espacios de intercambio y también escenarios donde se fue armando la familia que después construyeron. Tuvieron dos hijos y decidieron criarlos dentro de esa lógica de movimiento constante, trabajo compartido y contacto con otras personas, lo que para ellos fue también una forma de educar.

En imagen, los hijos de la pareja de artesanos. “Ellos lo vivieron con nosotros, viajes, distintas culturas; aprendieron valores como la solidaridad y la empatía”, resumió la pareja. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

Aunque comparten el mismo oficio y el mismo espacio de trabajo, nunca buscaron hacer exactamente lo mismo. Nicolás eligió trabajar principalmente con madera y desarrolló una identidad propia dentro de la artesanía. Nanci también construyó una estética y una búsqueda personal. Lo que sostienen hace décadas no es una idea de trabajo conjunto donde uno sigue al otro, sino una convivencia de universos distintos. “Somos uno cuando empujamos el proyecto, pero cada uno tiene su impronta. acá nadie copia a nadie, nos respetamos mucho en eso”, resume ella.

El taller ubicado en su casa en Villa Obrera ocupa un lugar central dentro de esa construcción compartida. Cuando hablan del espacio donde trabajan, ninguno lo describe como lugar laboral, si no que para ambos es"como un refugio". Para Nanci, el taller representa algo mucho más profundo que una fuente de ingresos, afirmando que es "su lugar en el mundo" y que por allí pasan sus decisiones, convicciones, el tiempo compartido y la posibilidad de ser quienes eligieron ser.

La última semana, y gracias al "empujoncito" de su compañera de vida, Nicolas mostró parte de su obra en la Biblioteca Lucia Epullán. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

Nicolás coincidió con lo dicho por "su compañera" y afirmó que lo que pasa dentro del taller también es "el tiempo", explicando que el trabajo artesanal les permitió organizar la vida de otra manera. Poder viajar cuando quisieran, decidir sus tiempos, compartir una charla larga con un amigo o parar para tomar unos mates sin estar pendientes del reloj.

“Nosotros siempre tuvimos obligaciones, hijos, cuentas como cualquiera. Pero elegimos una vida menos estructurada, tener tiempo para alguien que necesita hablar, poder viajar cuando aparece la oportunidad o simplemente sentarnos a compartir una comida sin mirar la hora” afirmó la pareja.

Esa idea de poner el tiempo y los vínculos en el centro también aparece cuando hablan del presente y del lugar que ocupa hoy la artesanía. Nicolás afirmó que sigue recorriendo ferias cada fin de semana. Trabaja en espacios de Plottier y Neuquén capital y observa cómo el contexto económico multiplicó la cantidad de ferias en la región.

“Arrancó como un hobby, pero con los años se transformó en mi forma de vida”, contó Nicolás. Su trabajo se divide entre piezas de uso cotidiano y objetos más decorativos. Entre sus creaciones con las que "se gana la vida" hay cucharas, cubiertos de madera, porta sobres de té y pequeñas cajas, además de una línea de trabajos más artísticos o experimentales que los considera "su cable a tierra"

Nicolas junto a su obra favorita "El Grito" inspirada en su autor favorito Oswaldo Guayasamín. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

Me considero artesano porque hago cosas para el uso diario, eso es lo que me da de comer”, explicó desde el taller en el que trabaja junto a su compañera, donde cada pieza nace de un proceso que puede llevar semanas o incluso meses. Lejos de la producción en serie, Ardiles trabaja sin apuro, asegurando que cada obra tiene su tiempo y que eso le permite disfrutar del proceso sin presiones. “Un trabajo puede llevarme dos o tres meses, entonces no podría vivir apurado con esto”, señaló.

La artesanía como refugio y cable a tierra

El espacio de trabajo ocupa un lugar central en su vida cotidiana. Allí pasa gran parte del día en silencio o acompañado por música, en un ambiente que describe como de tranquilidad absoluta. “Mi señora me dice que estoy hecho un viejo porque a veces a las cinco de la tarde ya estoy acá, callado, en mi mundo”, contó entre risas.

El taller está equipado para su rutina diaria y también funciona como un espacio compartido, donde su pareja realiza pequeñas producciones artesanales. A pesar de ese recorrido, aseguró que encontró en la madera una forma de expresión personal. “Me encanta porque puedo expresar mis ideas”, afirmó, destacando que la artesanía terminó convirtiéndose no solo en su sustento, sino también en una manera de canalizar su creatividad.

La última semana, Nicolas por primera vez realizó una muestra general de su trabajo artistico. "Siempre lo jodí para que mostrara lo que hace, que es hermoso" afirmó su esposa, clave en la decisión de mostrarle a todos los roquenses el trabajo que hace más allá de los trabajos meramente laborales.

"Es muy lindo, y se los deseo a todos, tener además de una compañera de vida, una compañera de viajes" expresó Nicolas sobre su esposa. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

Ardiles también destacó que el trabajo artesanal es, en su caso, un proyecto de vida compartido junto a su esposa, con quien lleva casi 40 años de convivencia. Ambos sostuvieron que su modo de trabajo  se construyó en conjunto y que atraviesa toda su historia personal. “Es un equipo acá, y tiene que estar el equipo”, resumió al referirse a la tarea que realizan día a día en el taller. Ambos comenzaron con distintos oficios dentro de la artesanía, pero con el tiempo terminaron consolidando una forma de vida en común, marcada por la producción manual y el vínculo con lo tradicional.

Te puede interesar