2026-06-04

Luis, el vendedor que se volvió parte del hospital: “Acá no solo vendo, también escucho y acompaño”

A cinco años de comenzar a vender sus productos en el hospital, Luis repasó los inicios de su actividad, cómo llegó a la reconocida esquina del nosocomio y como se vive diariamente observando múltiples situaciones de salud.

Luis volvió a General Roca hace cinco años, como él mismo describe, "con una mano atrás y otra adelante". Empezó vendiendo tortas fritas desde un pequeño recipiente y hoy es una cara conocida para pacientes, familiares, médicos y trabajadores del Hospital Francisco López Lima. Entre largas jornadas de trabajo, recetas propias y conversaciones con quienes atraviesan momentos difíciles, construyó un lugar que ya forma parte de la rutina cotidiana del hospital.

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Todos los días, antes de que amanezca, Luis ya está en movimiento. A las cuatro de la mañana comienza una rutina que, según contó en diálogo con ANR, recién termina cerca de la medianoche. Desde hace cinco años ocupa la misma esquina frente al Hospital Francisco López Lima, donde vende tortas fritas, panes, pizzas y otras elaboraciones que prepara junto a su esposa.

Aunque hoy muchos lo conocen como "el tortero del hospital", asegura que la gastronomía no fue su primera vocación. “Mi pasión siempre fue la carpintería”, explicó. Nacido en General Roca, se fue de la ciudad cuando era muy joven y durante años trabajó en distintas actividades, incluso en la industria petrolera. Sin embargo, al regresar a la región hace cinco años por amor, descubrió que no encontraba oportunidades laborales en el oficio que más le gustaba.

Fue entonces cuando apareció una alternativa inesperada. A través de un curso de panadería impulsado por el Municipio y dictado por Vanesa Arseño, comenzó a capacitarse y descubrió una salida laboral que terminaría cambiándole el rumbo. “Cocinar no es algo que me guste especialmente, pero si lo hago, lo hago bien”, resumió sobre el trabajo que realiza de lunes a viernes.

Además, aconsejó a los roquenses aprovechar las oportunidades de capacitación que se generan en la ciudad, ya que uno de esos cursos terminó convirtiéndose en la base de su trabajo actual.

De un tupper con tortas fritas a un carro propio

Según relató, su llegada a la esquina del hospital fue casi casual. Durante años recorría a pie distintos sectores de la ciudad, desde Barrio Nuevo hacia el centro, hasta que comenzó a pasar con frecuencia por ese punto. Al notar que no había otros vendedores instalados allí, consultó si era posible trabajar en el lugar y poco a poco ese rincón se convirtió en su espacio habitual.

Los comienzos no fueron sencillos. Llegó al hospital con apenas un recipiente y algunas tortas fritas.

Los primeros días vendía muy poco. La gente no me conocía y muchas veces les regalaba para que probaran”, recordó.

Luis junto a uno de los vecinos que diariamente se acercan a su puesto frente al Hospital de Roca, donde trabaja desde hace cinco años. Foto Tania Domenicucci-ANR

Según contó, llegó a regalar el equivalente a varias bolsas de harina en productos para que los vecinos conocieran su trabajo. La apuesta dio resultado: el boca a boca empezó a funcionar y los clientes comenzaron a regresar. Con el tiempo, aquel pequeño recipiente quedó atrás. Hoy construyó su propio carro junto a su hermano y fue ampliando la oferta de productos con el acompañamiento de Elsa, su esposa, quien se encarga de las elaboraciones dulces.

Todos los días cocinan juntos desde temprano y luego de terminar las preparaciones de los distintos productos, Luis camina desde su casa hasta el hospital empujando el carrito que, según adelantó, pronto reemplazará por otro construido íntegramente por él mismo.

Mucho más que un vendedor

Con los años, Luis se convirtió en una referencia para quienes transitan diariamente por el hospital. Además de vender, responde consultas, orienta a quienes llegan por primera vez y suele indicar cómo llegar a distintos sectores del edificio.

Me preguntan dónde está el vacunatorio, dónde queda una oficina o cómo llegar a algún sector. Si lo sé, los ayudo”, contó. Pero su tarea cotidiana también lo pone en contacto con historias complejas, propias de un hospital que recibe personas de todo el Alto Valle. “Acá tenés que ser vendedor, psicólogo, consejero y muchas cosas más”, aseguró. Desde su puesto fue testigo de alegrías, preocupaciones, enojos y también despedidas.

Luis en lo que ya considera su esquina, explicó que antes de llegar al Francisco López Lima recorría a pie distintos barrios de la ciudad. Foto Tania Domenicucci-ANR

 

Acá llegás y acá te vas”, resumió. A lo largo de estos años hubo situaciones que lo marcaron profundamente. Consultado sobre las más recordadas, afirmó que una de ellas ocurrió cuando falleció una persona dentro del hospital. Luis observó que entre los familiares había un joven que permanecía inmóvil mientras todos pasaban a su alrededor.

Lo vi parado, solo. Me acerqué, le di un abrazo y le dije que lo acompañaba en el sentimiento. Se largó a llorar sin parar, parecía que estaba esperando eso”, recordó.

Cuando faltó, descubrió cuánto lo esperaban

Hace poco tiempo tuvo problemas de salud que lo obligaron a ausentarse durante más de cuatro días. Según contó, llegó un momento en que el dolor le impedía caminar con normalidad y tuvo que parar. “Traía el carro lleno siempre y esos días ni vacío podía moverlo”, relató. Cuando regresó a su puesto descubrió algo que no esperaba. Médicos, trabajadores del hospital y clientes habituales comenzaron a preguntarle qué le había pasado.

Ahí te das cuenta de que no sos invisible”, dijo. Muchos incluso le comentaron, en tono de broma, que los había dejado sin desayuno y que estaban esperando su regreso. para Luis, ese reconocimiento tiene un valor especial: “Me hace sentir que soy importante para las personas”, aseguró.

Detrás del emprendimiento hay un trabajo familiar junto a Elsa. Mientras él se encarga de las elaboraciones saladas, su esposa prepara los productos dulces. Ambos viven exclusivamente de esa actividad y ven en ella la posibilidad de construir un futuro. “Si por el sueño de otra persona te rompés el lomo trabajando, ¿por qué no hacerlo por el propio?”, planteó, afirmando que su objetivo es poder acceder a una vivienda propia en los próximos años, aunque reconoce que muchas veces el día a día se vuelve difícil.

Luis asegura que el Hospital Francisco López Lima cambió su vida. Allí encontró una oportunidad laboral estable y construyó una relación cotidiana con pacientes, familiares y trabajadores que lo saludan cada mañana. Según explicó, de lunes a viernes, sin importar el frío, la lluvia o el calor, llega antes de las 7.15 a su puesto frente al hospital, donde permanece hasta el mediodía atendiendo a quienes pasan por el lugar.

Para mí el hospital es una bendición. Gracias a este lugar vivimos de lo que hacemos y pudimos salir adelante”, concluyó.

 

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