Cuando la violencia se mete en la cancha: "Jugar a la pelota no puede transformarse en una batalla"
Por Agustín Aroca
En las últimas semanas, distintos episodios de violencia registrados en torneos de fútbol amateur de la ciudad encendieron la preocupación entre organizadores, jugadores y vecinos. Las peleas dentro y fuera de la cancha, que en algunos casos terminaron con agresiones físicas, reabrieron el debate sobre qué está pasando en estos espacios que históricamente estuvieron vinculados al deporte recreativo y al encuentro social.
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En diálogo con ANR, el licenciado en Psicología Federico Parodi (M.P.R.N. 1930) aportó una mirada profesional sobre un fenómeno que se repite en distintos torneos amateurs de la ciudad y remarcó que se trata de una problemática que excede al fútbol en sí mismo. En ese sentido, señaló que el comportamiento grupal propio del fútbol puede influir en las reacciones. “En la masa del equipo se diluye un poco la responsabilidad y a veces se hacen cosas que, si uno está solo, no las haría”, explicó.
“El fútbol en absoluto tiene algo de malo. A lo sumo funciona como un espacio social en el cual se escenifica algo que está aconteciendo con la gente”, planteó el psicólogo. En esa línea, sostuvo que la violencia aparece cuando fracasan otras formas de resolver conflictos. “Si llegamos a esa instancia es porque antes hubo un fracaso en la vida de la palabra, en la resolución diplomática de algún conflicto”, afirmó.
El especialista también puso el foco en una característica particular de estos torneos: la mayoría de los participantes son varones adultos. “Estamos hablando de personas de 30, 40, 50 o 60 años. Eso también nos lleva a preguntarnos por qué los varones están tan enojados”, planteó.
En ese marco, Parodi advirtió que la violencia no debe interpretarse como un signo de fortaleza. “Al contrario de lo que a veces se piensa, la violencia nace desde la impotencia, desde el no poder con algo. Hay un exceso que rompe un dique de contención que es la cultura”, explicó el psicólogo, y propuso volver a pensar al fútbol como un juego.
Entre los factores que pueden influir, mencionó la baja tolerancia a la frustración y la dificultad para aceptar límites, algo que en el fútbol suele personificarse en la figura del árbitro. “Hoy se exacerba el individualismo y lo que yo quiero, como si tuviera que imponerse en la realidad. Cuando aparece un límite del otro, puede resultar intolerable para algunas personas”, señaló.
Además, contextualizó el fenómeno dentro de la situación social actual. “Hay mucha crisis económica y laboral. Lo laboral para el hombre tiene un lugar en su identificación importantísimo. Si hay problemas por ese lado, puede generar mucha frustración y eso luego se escenifica en una cancha”, indicó.
En cuanto a posibles salidas, Parodi destacó la importancia de visibilizar el tema y generar espacios de reflexión. “No está bueno normalizar que jugar a la pelota se transforme en una batalla. Evidentemente esto nos habla de algo que nos está pasando como sociedad”, expresó.
En esa línea, propuso retomar el sentido original del deporte amateur. “Tiene que ver con la salud, con divertirse, con el esparcimiento, con el respeto al otro, al árbitro y a la gente que va a ver que es un juego”, señaló. Finalmente, dejó una reflexión vinculada a la tolerancia al error y la frustración: “Podemos perder y no se va a caer el mundo. Podemos errar un penal y no es tan terrible. Tanto el jugador como el árbitro pueden equivocarse y quizás no haya que pegarle por eso”.