SEGÚN UNA CONSULTORA
La inflación en alimentos y bebidas se aceleró durante el inicio de febrero
Durante los primeros días de febrero, se ha constatado una aceleración significativa en los precios de los alimentos y bebidas, según el análisis recientemente publicado por la consultora privada LCG. Esta tendencia fue registrada mientras el Gobierno ha decidido posponer la publicación de su nuevo método para calcular la inflación, en un contexto marcado también por la salida de Marco Lavagna del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
De acuerdo con el informe de LCG, en los primeros días de febrero, los precios de los alimentos y bebidas experimentaron un aumento del 2,5%. Este incremento se produce en un ambiente de incertidumbre económica, donde se busca determinar las verdaderas causas detrás del fenómeno inflacionario. El segmento de las bebidas e infusiones para consumo doméstico sorprendió con una subida de 7,3%, marcando el incremento más notorio del inicio del mes.
Asimismo, el sector de la panadería, cereales y pastas no quedó exento de las subidas, con un aumento del 6% en solo una semana. Sin embargo, no todos los productos alimenticios corrieron la misma suerte. Se registró una leve baja en los aceites, que descendieron un 0,1%, y en las frutas, que vieron una disminución del 0,9%.
Si esta tendencia inflacionaria persiste a lo largo de febrero, es probable que afecte fuertemente el índice de precios mensual. Además, los recientes ajustes en las tarifas de servicios públicos, motivados por una política de reducción de subsidios, prometen agregar más presión al cotidiano costoso del consumidor. Las tarifas de energía, como la electricidad y el gas, se incrementarán, reflejándose en el tanque del gasto doméstico.
El cambio en la metodología para medir la inflación ha sido temporalmente suspendido, y el Ministro de Economía, Luis Caputo, señaló que se continuará utilizando el método actual basado en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo), ajustando así estratégicamente el proceso. Este gesto tiene como fin salvaguardar la integridad de los datos estadísticos a lo largo del proceso de desinflación, asegurando que los índices reflejen verdaderamente el panorama post-pandemia de la economía, sin suscitar confusiones ni sospechas de manipulación por falta de actualización.