2026-01-31

Calor, alcohol y cerebro: por qué el verano es una "zona de riesgo"

Desde el servicio de Salud Mental del Hospital Francisco López Lima advierten sobre el peligroso combo de altas temperaturas e ingesta alcohólica. La psiquiatra Eugenia Pulice explica la química detrás de la "falsa seguridad" al volante y por qué el calor potencia la agresividad.

Con las olas de calor que azotan al Alto Valle, las guardias médicas suelen recibir un aumento de casos vinculados a intoxicaciones, descompensaciones y accidentes de tránsito.

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Para comprender qué pasa en nuestro cuerpo, la Dra. Eugenia Pulice, médica psiquiatra del Hospital de General Roca, desglosa los efectos neurológicos del alcohol y cómo el clima extremo actúa como un multiplicador de riesgos.

El mito de la estimulación: ¿Qué pasa en el cerebro?

Lo primero que aclara la especialista es una confusión común: el alcohol no es un estimulante, sino un depresor del sistema nervioso central. "Lo primero que deprime es el freno", explica Pulice.

A nivel químico, el alcohol aumenta el efecto del GABA (un neurotransmisor inhibidor), lo que frena el cerebro, bajando la ansiedad y el autocontrol. Simultáneamente, disminuye el glutamato (excitador), lo que provoca un pensamiento más lento, fallas en la memoria y menor capacidad de análisis.

Sin embargo, la sensación es de euforia. Esto se debe a que aumenta la dopamina en el sistema de recompensa, generando un "me siento re bien". Pero la realidad biológica es que la corteza prefrontalencargada del juicio, las normas sociales y la evaluación de consecuencias— se "apaga". El resultado es la desinhibición y la impulsividad: hacemos cosas que sobrios no haríamos.

El "cóctel" peligroso: alcohol + ola de calor

En días de temperaturas extremas, el cuerpo ya está luchando para regularse. La Dra. Pulice advierte que el calor produce vasodilatación, y el alcohol también.

"El calor genera sudoración y deshidratación, lo que disminuye el volumen circulante de sangre. Por ende, el alcohol se concentra más", detalla la psiquiatra. Esto baja la presión arterial rápidamente, aumentando el riesgo de mareos, desmayos y una menor oxigenación cerebral, lo que lleva a mayor confusión.

Con calor, la intoxicación puede sentirse antes, ser más intensa y conlleva mayor riesgo de golpes o caídas.

¿Por qué aumenta la violencia en verano?

Existe una base médica para explicar por qué las discusiones pueden subir de tono más rápido en estas fechas. Se trata de una suma de factores: deshidratación + alcohol + irritabilidad.

"La deshidratación altera los electrolitos (sodio, potasio), puede haber hipoglucemia y fatiga cerebral. La corteza prefrontal, que debería regular las emociones, está inhibida por el alcohol", señala Pulice.

A esto se suma que el calor ya de por sí aumenta el malestar físico y la irritabilidad. El alcohol reduce el control de los impulsos, lo que resulta en una menor tolerancia a la frustración y reacciones más explosivas. "No es una excusa, pero es un cóctel biológico que baja el umbral de agresividad", concluye.

La trampa mortal al volante: la "ilusión de control"

Uno de los puntos más críticos es la conducción. ¿Por qué alguien que bebió insiste en que puede manejar? La respuesta está en la falsa seguridad.

El alcohol altera la percepción del riesgo, la visión periférica y los tiempos de reacción. Sin embargo, como la autocrítica (corteza prefrontal) está apagada y la dopamina está alta, el conductor siente una confianza artificial.

"Uno cree que controla la situación, pero el cerebro está frenado. Se siente euforia y confianza: 'estoy perfecto para manejar', 'tengo los reflejos re bien'. Pero la realidad es que la coordinación motora fina y la atención están deterioradas", advierte la especialista.

La Dra. Pulice hace hincapié en un aspecto poco hablado: el día después. El hígado metaboliza aproximadamente una unidad de alcohol por hora, pero el deterioro cognitivo dura más que la presencia de alcohol en sangre.

Al día siguiente, aunque la persona ya no tenga alcohol en sangre, persiste la fatiga cerebral, la deshidratación y la mala regulación emocional. "Legalmente quizás no estás ebrio, pero tampoco estás en tus cabales al 100%", explica, indicando que los reflejos y la capacidad de discernir siguen afectados por la "resaca".


Recomendaciones para una diversión segura

Desde el área de Salud Mental del hospital no buscan prohibir el disfrute, sino proteger el cerebro cuando está más vulnerable. Las recomendaciones de la Dra. Pulice son:

Hidratación: Alternar cada bebida alcohólica con agua para evitar la deshidratación extrema.

Alimentación: Comer antes y durante la ingesta.

Decisión anticipada: Acordar quién es el conductor designado antes de empezar a tomar. "Las decisiones importantes no se toman en estado de ebriedad", recuerda la médica.

Normalizar el 'No': Validar el decir "hoy no tomo" sin tener que dar explicaciones.


Finalmente, el mensaje de fondo trasciende la multa de tránsito o el control de alcoholemia. Desde el Hospital local insisten en que estas recomendaciones no buscan anular el disfrute social del verano, sino generar conciencia sobre la biología de nuestro propio cuerpo.

En un contexto climático que ya pone al organismo al límite, entender que el cerebro se encuentra en un estado de mayor vulnerabilidad permite tomar decisiones reales de autocuidado. Como remarca la especialista, "no se trata de una excusa, sino de química": cuando el alcohol entra, el juicio sale, y protegerse empieza mucho antes de servir la primera copa.

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