2026-01-19

Con tan solo 23 años, continúa el legado frutícola que empezó con sus bisabuelos

A su corta edad, Joaquín Gómez decidió seguir el legado de sus bisabuelos quienes durante décadas trabajaron la tierra productiva del Alto Valle.

Joaquín Gómez tiene 23 años y hoy está al frente de la chacra 233, ubicada en el ejido de General Roca. A tan corta edad decidió tomar las riendas del negocio y convertirse en la cuarta generación de productores frutícolas en su familia. 

“Mis bisabuelos llegaron en barco desde España, empezaron a recorrer el valle y lo que más les gusto fue Río Negro, la ciudad de General Roca. Pudieron comprar estas tierras y después siguieron mis abuelos. Primero empezaron con uvas y verduras” detalló en diálogo con ANRoca.

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Cerca del 1950 fue el turno de sus abuelos, quienes hicieron la reconversión de la chacra para empezar a dedicarse a la producción íntegra de frutales. “Mi abuelo falleció cuando mi papá tenía 18 años y ahí mi viejo siendo muy jovencito se tuvo que hacer cargo”. 

(Foto Tania Domenicucci)

Su padre Gustavo Gómez conoció a su madre, Ivana Mesina, quien era oriunda de San Juan e hija de comerciantes. “Mis abuelos maternos tenían un mercadito y le compraban la fruta a mis otros abuelos. Ahí se terminaron conociendo”. 

De su infancia recuerda salir de la escuela e irse directo a la chacra, los paseos en tractor y la necesidad de estar cerca de su padre intentando acompañarlo en todos los trabajos que pudiera hacer. 

A la par fue creciendo la chacra. Su padre pasó de tener seis hectáreas a cincuenta, esto luego de que la chacra dividida entre los hermanos se volviera a unificar para quedar en manos de Gustavo, que fue el único que quiso seguir dedicándose a la fruticultura. 

(Foto Tania Domenicucci)

Otro salto importante vendría con los años, en una breve alianza con Moño Azul, cuando lograron recibir las certificaciones necesarias para ingresar al mercado externo. “Es un salto grande, te tiene que acompañar la gente y las ganas que le metes, porque en la chacra no hay horarios”, explicó Joaquín. En verano, las jornadas arrancan a las seis de la mañana y terminan pasadas las siete de la tarde. En otras épocas del año, el riego obliga a trabajar de noche o de madrugada, y las heladas implican largas guardias para cuidar la flor y no perder la producción.

Como una suerte de destino, la historia se volvió a repetir y con 22 años Joaquín decidió hacerse cargo de la chacra. Previamente, estudió en Córdoba para ser Ingeniero Mecánico en la Universidad Tecnológica Nacional, pero a los pocos meses empezó a sentir el peso de la distancia. 

“Era plena temporada, yo estaba estudiando, pero todos los días lo llamaba a mi papá para saber cómo iba la fruta, cómo estaba la gente, cómo estaba el mercado”, explicó 

(Foto Tania Domenicucci)

Al año siguiente después de un viaje a la región y de nuevamente volver a Córdoba estuvo una semana más y fue imposible quedarse. “Volví, empecé a estar más con la gente, a subirme de nuevo al tractor a manejar, porque si uno no trabaja la chacra, realmente no sabe en qué se está metiendo”, relató. 

En 2025 estuvo al frente de su primera temporada de cosecha. “Mi viejo sufrió una afección al corazón y ahí quedé al mando de todas las chacras. Él está al 100%, pero tiene 53 años y decidió empezar a desligarse de a poco”, contó y aseguró que su padre confía en él y está tranquilo de dejar el legado en manos de alguien de la familia.

Hoy sus obligaciones son producir fruta de calidad, tener buena venta en la cosecha y aprender a tratar con el personal. “No los tratamos como máquinas, sino como humanos, buscamos que ellos estén cómodos con su sueldo porque es un trabajo que no se paga bien. Nos ponemos en el lugar del otro y les pagamos más para que sigan trabajando con nosotros”

Joaquín comenta que actualmente en la fruticultura la lucha es contra el clima, las grandes empresas que avanzan sobre el pequeño o mediano productor y las inmobiliarias que están al acecho de las tierras productivas para convertirlas en barrios cerrados.

“Somos pocos los productores en el valle, si te digo 10 es mucho y después hay muchas empresas. Sumado a que el barrio te empieza a apretar y ya no sabes qué hacer. Yo no quiero vender estas tierras, las voy a seguir trabajando hasta el último tiempo que pueda o hasta que me las tengan que sacar de las manos”, concluyó. 

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