Altas temperaturas en la ciudad: ¿Por qué nos bañamos donde está prohibido?
A pesar de los avisos desde el Municipio y Defensa Civil a la comunidad sobre la prohibición de bañarse en los canales de riego, el Canal Grande y el Canalito, además de otros cursos de agua de la ciudad, son utlizados por los vecinos para refrescarse.
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Consultamos a la comunidad de ANRoca si se bañan en los canales de riego, con tres opciones: si, no, está prohibido. Terminada la encuesta, la opción "No" tenía un 63% de votos, y en segundo lugar, la opción "Si" un 21%, un 5% más que la opción de "Está prohibido", que se llevó sólo un 16% de los votos.
¿Por qué los vecinos siguen eligiendo estos lugares a pesar de la prohibición?
En muchos casos, la cercanía en comparación a balnearios y lugares habilitados para bañarse es la razón principal de esta elección. Salimos de recorrida a preguntarle a los vecinos: “Es lo que nos queda más cerca, no tenemos movilidad como para llegar a otros lados”, nos comenta una vecina en el Canal Grande.
La zona de Canal grande y Belgrano representa un peligro por la cercania de las cascadas. Esto no impide que chicos y grandes se aventuren a zambullirse en estas aguas.
El Canalito es otro de los lugares elegidos por los vecinos. “Es un lindo lugar, hay sombra, es mucho más cerca, pero sabemos que es peligrosa el agua, hay que tener cuidado”, nos comentó una familia sobre calle San Juan e Yrigoyen, uno de los puntos más concurridos de la zona.
Además de la cercanía, muchas familias expresaron el malestar respecto a los precios para concurrir a las piletas privadas y al balneario municipal, comentando que, para aquellas familias que son numerosas, un plan así se lleva un presupuesto importante del mes.
El debate por el uso de los canales: entre el pedido de "mano dura" y las posibilidades de acceso a espacios recreativos
En respuesta a la consulta de ANR sobre qué se debe hacer sobre este tema, qué debe cambiar para que la gente no use los canales de riego como balneario, las opiniones son variadas, y reparten responsabilidades en varias direcciones.
Muchos coincidieron en que la prohibición nunca se podrá cumplir, y se debe pensar en la forma de reacondicionar estos lugares. “Se debe cubrir las rampas y reemplazar las escaleras por un sistema visible que te permita sostenerte si ya te tiraste”, nos comenta un vecino sobre cómo solucionar esta problematica. Muchos, además, estuvieron de acuerdo en que el municipio debería poner a disposición de la comunidad guardavidas en los puntos donde los más chicos deciden bañarse.
Un sector significativo de la comunidad exige medidas coercitivas inmediatas, reclamando "vigilancia", "presencia policial" y la aplicación de "multas altas" y "en el momento y lugar" para quienes infrinjan la normativa. A este pedido de control se suman propuestas de infraestructura restrictiva, como "tapar los canales con cemento", colocar "barandas" o "poner rejas encima" para impedir físicamente el ingreso al agua.
Sin embargo, otra corriente de opiniones pone el foco en la desigualdad social y las dificultades de acceso a lugares seguros. Varios vecinos señalaron que "el río está lejos" y que muchas familias no cuentan con los medios para trasladarse hasta Apycar o la costa del río Negro. En este sentido, las propuestas giran en torno a "generar balnearios públicos y céntricos", "abrir las piletas de natación para todo público" o garantizar "movilidad gratis para irse al río", entendiendo que la prohibición sin alternativas no resuelve la necesidad de refrescarse.
Finalmente, no faltó la mirada escéptica sobre la conducta ciudadana y la educación. Para un grupo de vecinos, el problema es cultural y difícil de erradicar a corto plazo: "Hagan lo que hagan, la gente va a encontrar la forma de usarlos igual", sentenció uno de los participantes, mientras que otro agregó que es una cuestión de educación que "no va a cambiar en poco tiempo".
Hasta el momento, aún con alguna cartelería que indica que los sitios no están habilitados para bañarse, muchos vecinos cargan las reposeras, toallones... y algo para picar, luego de una zambullida en los canales.