2025-09-10

Día Mundial para la Prevención del Suicidio: la Iglesia Católica en Argentina llamó a "la esperanza y la cercanía"

En un mensaje difundido este 10 de septiembre, la Comisión Episcopal de la Pastoral de la Salud advirtió que cada 40 segundos una persona se quita la vida en el mundo y más de 3.300 mueren por año en Argentina. Reclamó compromiso comunitario y recordó que “nadie está solo” frente al dolor.

En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la Comisión Episcopal de la Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) difundió un mensaje en el que reclamó una respuesta “comprometida, solidaria y esperanzada” frente a una problemática que cada año provoca más de 3.300 muertes en el país.

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En el texto, difundido este 10 de septiembre bajo el lema del Año Jubilar de la Esperanza (Spes non confundit), los obispos remarcaron que el suicidio “continúa siendo una herida profunda” y recordaron que, en el mundo, cada 40 segundos una persona se quita la vida. En la Argentina, los datos oficiales marcan más de nueve muertes por día, lo que “interpela dramáticamente”.

El comunicado subraya que “no se puede transitar en soledad”, y que la esperanza se fortalece en la comunidad: “con la presencia del Señor resucitado y con la ayuda solícita y recíproca”. En esa línea, la Comisión llamó a las comunidades parroquiales y diocesanas a promover lugares donde el silencio se rompa con la escucha, la cercanía y la solidaridad con quienes atraviesan el dolor.

“Como agentes de pastoral y comunidad creyente, estamos llamados no sólo a recordar que la vida es un don de Dios, sino también a cuidarla y promoverla con mayor fuerza que nunca”, señala el mensaje episcopal, recordando las palabras del Evangelio: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).

La Comisión Episcopal también convocó a una oración especial por las víctimas y sus familias, y a que en cada comunidad se abran espacios de acompañamiento para que nadie se sienta juzgado por su dolor ni quede librado a la soledad.

Finalmente, los obispos remarcaron: “Que este tiempo jubilar fortalezca en nosotros el don de la esperanza, que responda a la sed más profunda del corazón humano: ¡la certeza de que nadie está solo!”.

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